Historias de la Casa (o viceversa)

A partir del día 10 Viena tiene un nuevo museo. Su historia ha sido larga (aunque, como suele decirse, más larga y dura es la del elefante).

4 de Noviembre.- Dentro de una semana se inaugura uno de los proyectos más antiguos de Esta Pequeña República, proyecto que, tras sucesivos retrasos, que se remontan a los años posteriores al fin de la segunda guerra mundial, ha llegado a culminarse.

Me estoy refiriendo a un nuevo museo cuyo objetivo es la historia contemporánea de Austria y cuyo nombre es Haus der Geschichte (o sea, la Casa de la Historia).

Cuando abra al público el día diez, en el Nuevo Hofburg, en la Heldenplatz, se inaugurará con una exposición dedicada a la Primera República austriaca, llamada, con mucho acierto, algo así como Salto a lo Desconocido.

En su concepción más actual, la Casa de la Historia nació como espejo del museo del mismo nombre situado en la ciudad alemana de Bonn, inaugurado en 1994 y de otro, situado en Bruselas, que se ocupa de la Historia contemporánea de Bélgica. De hecho, la Unión Europea, en su ingenuidad, recomendó a los Estados miembros que erigieran, cada uno en su territorio, museos que se ocuparan de la edad contemporánea con el objetivo, utópico quizá, de que las sociedades del siglo XXI no repitieran los errores de épocas pasadas.

Por suerte, en Austria no está la cosa de la Historia como en España, en donde acordarse del pasado, y sobre todo del pasado reciente, se ha convertido en una profesión de riesgo, pero así y todo, el camino hasta la Haus der Geschichte actual ha sido largo y torturoso (aunque, como dijo aquel, más larga y dura es la del elefante).

Como decía más arriba, el primero que propuso la creación de un museo „de la primera y la segunda república“ fue el presidente Karl Renner, en los años cincuenta del siglo pasado pero la cosa, como la sonrisa eternamente aplazada de Melania Trump, no llegó a cuajar.

Los primeros intentos en serio fueron a mediados de los noventa cuando el Palais Epstein, bonito edificio junto al Parlamento, se quedó vacío. La comunidad judía vio entonces una oportunidad de utilizar el palacio y lanzó la idea de una „Casa de la Tolerancia“ (por cierto, y aunque no tenga que ver, en el siglo de oro una „casa de tolerancia“ era un puticlub, con esto enriquezco la cultura general de mis lectores, mañana en el desayuno, en sus trabajos, lo podrán decir y quedar como Herr Gott). Desde el Ministerio del Interior austriaco vieron la apuesta, pero la elevaron, y se recuperó entonces la idea de un Museo de la República. Por hache o por bé, ninguno de los dos proyectos se llevó a cabo. En el año 2000, coincidiendo con el cambio de siglo y de milenio, el primer Gobierno del canciller Schüssel planeó un museo virtual, en el que se resumiese la Historia del País. Nada, tampoco. Otra oportunidad perdida.

La siguiente oportunidad pintiparada llegó en el año 2005, un año en el que se concentraron muchos aniversarios.

El del fin de la Segunda Gran Guerra (1945), el del fin de la ocupación y, por lo tanto, la independencia de la República (1955) y por último el décimo aniversario de la incorporación de Austria a la Unión, en 1995. Para conmemorar tan señalados acontecimientos se organizaron tres grandes exposiciones, en el Belvedere, en Schallaburg y en el Museo Judío, con el pensamiento de que los objetos presentes en ellas servirían de núcleo para un museo futuro. Rien de rien, Niente de niente, Nichts von Nichts. Al final, otra oportunidad perdida.

La cosa empezó a cristalizar en el año 2006 cuando el Gobierno derechista-ultraderechista encargó a una comisión de Historiadores el proyecto (la hoja de ruta) para un Museo de la Historia (contemporánea de Austria, se comprende). La comisión elaboró un proyecto que incluía tres posibles ubicacines. El edificio de la Academia de las Ciencias, la Kunstlerhaus en Karlsplatz (un espacio bastante infrautilizado incluso hoy en día) y el Arsenal.

Sin embargo, en 2006 hubo un inesperado vuelco electoral (la ultraderecha perdió pie y la coalición se deshizo) y con ella, el proyecto. Vaya por Dios.

Hace once años (2007) el entonces canciller socialista, Alfred Gusembauer, manifestó la intención de su gobierno de darle otra vuelta ( pero ya sin prisa, si eso) a la idea del Museo de la Historia.

En Marzo de 2014, quizá harto ya de dilaciones, el entonces presidente del Land de Baja Austria, el jupiterino Erwin Pröll, decidió construir su propio museo de Historia contemporánea. Para fortalecer „la identidad regional“, según dijo entonces. Ese mismo año, en Noviembre, el entonces Ministro de Cultura, Josef Ostermayer, anunció la creación (la „refinitiva“, esta vez) de la Casa de la Historia. En octubre de 2016 se anunció que la Casa de la Historia ocuparía la ubicación en donde se va a alojar, en el Hofburg nuevo, mientras se construye o no se construye un edificio apropiado de nueva planta (que al paso que va la burra será en el siglo que viene). El grandioso proyecto inicial se ha quedado, por cosas de la financiación, en un museito pequeño, pero bueno, algo es algo.

Sin embargo, quien piense que las historias con la Casa de la Historia se habían terminado, está muy equivocado. El nuevo Gobierno (que ya no es tan nuevo, por cierto) ha anunciado su intención de reformular el viejo proyecto, desligándolo de la Bibilioteca Ncional austriaca, de cuyo presupuesto depende ahora y ligándolo al parlamento. También va a cambiarle el nombre al asunto. De la Casa de la Historia, se ha propuesto que se llame „Casa de la República“. Veremos en qué queda la cuestión. Quizá, pensándolo bien, lo del „Salto a lo desconocido“ sea un presagio y la historia, a pesar de todo, no haya hecho más que empezar.

Hay dos entradas en juego, ¿Has participado ya? !Que no se te olvide?

Articulo publicado en Historias de la Historia, Política/Economía. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.