1918, Europa: hora cero

Hoy hace un siglo del fin de la primera guerra mundial. Un gran trauma para Austria, que aún perdura en muchos aspectos.

11 de Noviembre.- Tal día como hoy, hace un siglo, se firmó el armisticio que dio fin a la primera guerra mundial.

Un poquito más de veinte años más tarde, empezó la segunda guerra mundial y, aunque las consecuencias fueron horribles, podría decirse que para Austria el trauma profundo fue en realidad el de 1918 porque el Imperio austro-húngaro, aliado con el reich alemán del káiser Guillermo, había sido el garante fundamental de la mentalidad que había sostenido el régimen mundial ultraconservador que había salido del congreso de Viena después de las guerras napoleónicas y que, con algunas interrupciones, se había mantenido durante todo el siglo XIX, convirtiendo Europa en un mausoleo dominado por el fundamentalismo religioso y el fundamentalismo nacionalista.

El mundo de noviembre de 1918 ya nada tenía que ver con el que Gavrilo Princip hizo saltar por los aires en Sarajevo, en una soleada mañana de 1914.

Y no solo en lo político.

Para empezar, todo el sistema de valores de antes de la guerra había tenido a los ciudadanos de los dos imperios metidos en un corsé hipócrita y pacato (en Viena, algo menos, pero solo entre la intelectualidad, que estaba haciendo un ensayo general del futuro) había entrado en cuestión.

Golpeada por la carnicería sin precedentes que la guerra mundial había producido, la gente, los ciudadanos como tú y como yo, empezaron a poner en cuestión la superestructura del conservadurismo.

Las ideas de Patria, de Religión, de Autoridad, dejaron de ser indiscutibles. Lo cual, por un lado, produjo una gran inseguridad (sobre todo en los sectores conservadores, que trataron de adaptarse en lo posible a los nuevos tiempos con desiguales resultados) pero también se tradujo en que los europeos empezamos a ser proclives a unos experimentos en el arte, en la literatura y en la moral, que sentaron las bases del mundo intelectual del siglo XXI.

Tristemente, el nacionalismo imperial, que había sido hasta entonces lo más parecido a una idea de cohesión europea que el continente había conocido, fue sustituido por un mosaico de nacionalismos chiquitillos (en la parte conservadora del espectro político) mientras que el socialismo que luchaba en la Unión Soviética por imponerse, llamaba a todos los proletarios del mundo a unirse a una internacional que, desgraciadamente, terminó siendo un fascismo rojo que se opuso al fascismo negro.

La República austriaca cuyo nacimiento se conmemora mañana fue, en ese sentido, el teatro desgarrado en el que terminaron enfrentándose estas dos funestas maneras de ver el mundo.

Aquel once de noviembre, sin embargo, también fue la hora cero para muchas ondas de la Historia que aún siguen desplegándose.

Las mujeres, que durante la guerra habían trabajado en las fábricas, conducido tranvías y descubierto que la prisión de virtud sexual a las que las sometían curas, padres, hermanos y maridos era un juego artificial en donde siempre ganaba la banca, o sea, los hombres, empezaron en aquella época a pedir poder participar en la política y en otras áreas de la sociedad (de hecho, la primera República austriaca le daría el voto a las mujeres muy poco después del final de la guerra); también empezaron en aquella época a verse cambios drásticos en el mundo del trabajo que fueron propiciados por la tecnología y por una idea del trabajador como un insumo más de la producción de bienes y servicios („Recursos humanos“, se sigue diciendo hoy).

La guerra trajo una enorme optimización de los procesos productivos y la división del trabajo, importada de América, condenó a muchísimas personas a realizar labores alienantes e ingratas y, sobre todo, a pensar en su trabajo como en algo dependiente de la evolución de la tecnología.

Al mismo tiempo que nacía la sociedad de consumo de productos industriales, también aumentaban las tensiones entre los poseedores de las máquinas y quienes las utilizaban. Impulsado por el enorme avance tecnológico que trajo la guerra mundial, se hizo más rápido y más pequeño y este acortamiento de las distancias puso los cimientos de la globalización en la que vivimos hoy.

Como habrá podido comprobar el lector, no hay que ser muy listo para darse cuenta de que, con otro ropaje, los problemas de 1918 siguen presentes en 2018. A ver si esta vez, demostramos que hemos aprendido y lo hacemos un poquito mejor.

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3 Responses to 1918, Europa: hora cero

  1. Gustavo Moreno Schribertschnik dice:

    Hola.mi abuelo fue combatiente en el ejercito austrohungaro, infanteria k.k 4ta compañia, fue herido en 1917, emigro a paraguay despues de la guerra, fallecio en 1977 aqui en asuncion.hoy lw rendi homenaje.saludos

    • Paco Bernal dice:

      Hola Gustavo! Qué historia tan interesante! Muchas gracias por compartirla! Le he escrito un mensaje en Facebook, contésteme por favor si ve este. Un cordial saludo desde Viena, Paco Bernal

  2. Anselmo dice:

    ¿ Quien fue el que dijo que,,, “la Historia nos enseña que la Historia no nos enseña absolutamente nada” ?

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