En memoria del soldado Schribertschnig

Internet es una cosa estupenda. Hoy, nos asomamos a un trocito humilde pero apasionante de la historia de Austria y del mundo.

14 de Noviembre.- Hace algún tiempo hice un viaje a Ucrania. Por razones que no vienen al caso y que quizá cuente alguna vez, visité un cementerio de una aldea que está entre Lviv y Kiev. El cielo de Ucrania, por alguna misteriosa razón, es mucho más grande y más invasor que el cielo del resto de Europa. Bajo la luz blanquísima del sol y con la cúpula azul como techo, las lápidas verticales, talladas en marmol negro, relumbraban al medio día como si fueran un espejismo de estelas egipcias. En cada lápida, grabado con láser, un rostro, tomado generalmente de una foto antigua. Y los rostros, que originalmente habían mirado el objetivo de una cámara, me miraban entonces a mí, como un ejército de sombras.

Como no sé ucranio, poco más que las fechas de nacimiento y de la muerte, así como los nombres (leo el alfabeto cirílico) podía descifrar, por lo cual me resultaba muy difícil saber nada de aquel grupo de personas que no daban más pistas sobre su biografía o carácter que sus imágenes ¿Habían sido felices o desgraciados ? ¿Afortunados en los amores o les habían puesto los cuernos ? ¿Habían sido intransigentes o tolerantes ? No se podía saber.

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Ayer, me enfrenté al mismo problema cuando tuve delante de los ojos esta fotografía.

Albert Alois Schribertschnig (fotografía cedida por su nieto)

Lo poco que se puede descubrir de este hombre de entre treinta o cuarenta es una cierta bondad y un mucho de melancolía, lo cual sería bastante explicable dada su existencia.

Se llamaba Albert Alois Schribertschnig y nació el 14 de Noviembre de 1892, en Graz. Schriberschnig no es un apellido exactamente común en Austria (ni tampoco fácil de pronunciar para un hispanoparlante). He estado buscando « Schriberschnigs » relacionados con Graz y me han salido varios, que probablemente estarán emparentados con este caballero.

En 1912, según los datos de que dispongo y que me ha suministrado amablemente su nieto, que reside en el Paraguay, Albert Alois estudió en la Technische Hochschule de Graz. ¿Cómo recibiría Alois la noticia del asesinato de Franz Ferdinand en Sarajevo ? ¿Supo capaz de calibrar el tsunami de horror que se iba a abatir sobre Europa o fue de los que se alistaron voluntarios ? Quizá el ardor de sus 23 años se inflamó con las soflamas patrióticas que inundaron calles, cuarteles y púlpitos, y luego, recordándolo, tuvo tiempo de arrepentirse.

El caso es que nuestro hombre sirvió como soldado de infantería del ejército imperal-real (K.u.K.) en el tercer regimiento, cuarta compañia, correspondiente a la caja de reclutas de Cisleitania, provincia que abarcaba aproximadamente la parte de habla alemana del imperio austro-húngaro, hoy desperdigada en numerosos países que sería largo enumerar aquí. Por la información que me ha mandado su nieto, debió de estar casi todo el tiempo en Viena y sus cercanías, pero hacia el final de la guerra, en 1917, un nueve de Agosto, cayó herido en combate como tantos otros jóvenes. Sobrevivió –afortunadamente- a la herida y a la gripe mal llamada española (vino de los EEUU con los soldados aliados) y, tras licenciarse, trabajó como funcionario en la ÖBB (ferrocarriles austriacos) hasta 1938.

Casi a los cincuenta, la situación en Europa, nuevamente los vientos de guerra, le hizo emigrar. Según su nieto su vida personal estuvo muy afectada por los traumas de la contienda. Cuando partió de Europa dejó una hija, Brigitte, al cuidado de un familiar. En 1939 arribó al puerto de Santos, en Sao Paulo, en Brasil y terminó estableciéndose en Paraguay hasta su muerte en 1977, a los 85. De esta, la etapa más larga de su vida, su nieto me ha mandado pocos detalles (nuestra comunicación se circunscribió a la primera guerra mundial). Solo sé que, en 1974, poco antes de morir, Albert Alois, quizá llevado por un último latigazo de nostalgia o, en cualquier caso, por la legítima necesidad de morir dejando sus asuntos ordenados, cruzó de nuevo el Atlántico y volvió a Austria.

En el Paraguay, el Sr. Schribertschnig tuvo otros cuatro hijos, Margarita, Miguel Angel, Alberto y Mario. Por la información que tengo, Margarita fue la madre de mi corresponsal.

Hoy, he escuchado al actor español Paco León una cosa que habla mucho de su inteligencia y de su conocimiento del funcionamiento del mundo. Decía que, detrás de cada acontecimiento histórico, siempre hay alguien haciendo las camas. Detrás de la inmensa tramoya de imperios, guerras y monarquías, que fue la primera contienda mundial, hubo muchas personas honradas, decentes y buenas como el Sr. Schribertschnig, que se jugaron la vida porque no tuvieron más remedio.

Quisiera terminar este post agradeciendo la colaboración al nieto del Sr. Schribertschnig, Renato Elio, el cual me ha facilitado las imágenes y los datos que aparecen en este texto. Sirvan para recuerdo de su abuelo.

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