El topo

Las ovejas se sentaron a intentar sacar algo en claro del lío aquel. Lo que no sabían era que el lobo las estaba espiando y tomando buena nota.

20 de Noviembre.- Quizá recuerden mis lectores que una de las primeras, abracadabrantes, decisiones del actual Ministro de Justicia, Sr. Kickl, fue la de autorizar una bronca redada en la sede de los servicios secretos austriacos.

Hasta el momento, Kickl ha destinado gran parte de sus energías a defender esta actuación que dejó a todo el mundo con la boca abierta y a uno de los servicios vitales del Estado austriaco en una posición muy comprometida. No solo de cara al « mercado interior » sino también de cara a la colaboración con otros servicios secretos, como el alemán, en asuntos tan delicados como la lucha contra el terrorismo islamista.

Las explicaciones de Kickl no han sido hasta ahora demasiado satisfactorias y es evidente que las que ha dado han sido muy de mala gana y sin entrar demasiado en detalles..

Con el objetivo de intentar ver claro en las confusas razones del poder ejecutivo para montar una película de Bruce Willis en pleno centro de Viena, el poder legislativo austriaco (o sea, el parlamento) organizó una comisión de investigación. Parte de las sesiones se celebran a puerta cerrada y, dado que se trata del servicio secreto, los nombres de los testigos son confidenciales. Los periodistas tienen acceso solamente a ruedas de prensa en las que los diferentes partidos dan sus conclusiones, cuidando, naturalmente, de no exponer innecesariamente a nadie.

Antes de seguir, quizá convenga explicar que una de las razones oficiosas (y en mi opinión creibles) que se dan para el espectacular registro del servicio secreto austriaco (que se encarga también, por ejemplo, de mantener vigilada a la extrema derecha y otros movimientos potencialmente violentos) es que el ministro Kickl (cuyo nombramiento, por cierto, fue una condición sine qua non de la ultraderecha para ratificar el acuerdo de coalición con el partido popular austriaco) es que quizá Kickl, desde su posición, intentaba neutralizar a aquellos miembros del servicio secreto que pudieran tener información a propósito de los vínculos del FPÖ con la extrema derecha. Vínculos que, por otra parte, no le sorprenderían a nadie, dadas las públicas simpatías de algunos de los miembros menos presentables del partido.

Las informaciones que se han expuesto durante estos últimos dos meses han sido, como el lector comprenderá, de alto voltaje y presumiblemente han incluido datos confidenciales a propósito de operaciones en curso. Lo que hasta ahora no podían sospechar ni los miembros de la comisión ni los testigos era que, mientras se desarrollaban las sesiones, había un topo que, presumiblemente, informaba a esa extrema derecha de los asuntos y datos que se ventilaban en la comisión. Se trataba de un agente de seguridad con notorios vínculos con la ultraderecha (vamos, de hecho es que el tipo ni se molestaba en ocultarlos en las numerosas cuentas de Facebook que tiene).

Y es que, al contrario de lo que podría indicar la lógica, no es la policía austriaca la que vela por la seguridad de los parlamentarios de EPR, sino una empresa que se llama G4S. Parece ser que, a petición del propio topo, esta empresa mandó al fulano este a vigilar a los parlamentarios y tomar, naturalmente, buena nota de quién salía, de quién entraba y de todos los pormenores que pudieran servirle para avisar a sus amigos « esquinjes » de que la poli iba detrás de ellos.

El Ministro del Interior ha reaccionado displicente ante el asunto, diciendo que él no tiene la culpa de que se haya colado un espía de los malos en el parlamento, ya que es el propio parlamento el que se encarga de contratar a las empresas de seguridad que en él trabajan. El ciudadano (este ciudadano) se pregunta, naturalmente, por qué la policía, pagada con el dinero de todos, mediante nuestros impuestos, no vela por la seguridad del parlamento austriaco.

El Ministro del Interior ha dicho también (es que es muy lisshhhto) que hubiera bastado una sencilla búsqueda en Google para llegar a la conclusión de que el topo digoooo el tipo, no era de fiar ya que el tipo, en sus cuentas de Facebook (tiene varias) es miembro de grupos de esos en donde se reúnen esta gente que celebra el 21 de Abril (para los neonazis de esta parte del planeta el 21 de Abril (*) es como el 20 de Noviembre (**) para los neonazis –y viejonazis- de España).

Ante semejante panorama, a uno no le queda más remedio que pensar en qué manos estamos y, naturalmente, espera que semejante boquete en la seguridad nacional sea tan solo una estrategia para despistar a los malos y que piensen que estamos todos en la parra. Es una estrategia ¿Verdad ?

Por Dios bendito, que sea solo una estrategia…

(*) Cumpleaños de cierto señor con bigotillo de cuyo nombre no quiero acordarme.

(**) Fecha de la muerte de cierto dictador español de cuyo nombre se acuerda demasiado todo el mundo.

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