Desventuras del sargento Krupke

¿Delincuentes peligrosos o jóvenes alejados de sus familias y sus raíces? Herr Waldhäusl ha dado una respuesta y parece que se le ha ido un pelín la manilla.

1 de Diciembre.- En West Side Story hay un número muy famoso (bueno, por lo menos muy famoso para los que hemos visto West Side Story) que es este:

En él, los puertorriqueños, que están un poquito hasta el gorro de que un policía llamado Krupke (por cierto, un apellido alemán) no les deje vivir, hacen una caricatura de los estereotipos a propósito de las causas de la delincuencia.

Leyendo las noticias que estos días han rondado por los medios austriacos, uno no podía por menos que acordarse de los jets y de los sharks (hace mucho que vi la película y ya no me acuerdo quiénes eran los puertorriqueños, así que los pongo los dos).

Voy a intentar explicar la cosa de la manera más neutra posible.

Resulta que en Baja Austria había un grupo de 250 solicitantes de asilo menores de edad que habían llegado a Europa sin ir acompañados de ningún adulto.

Estos chicos vienen de varios lugares de esos en donde uno no quisiera estar, o sea, de diversas localidades de Siria y de Irak. De estos 250 solicitantes de asilo adolescentes, parece ser que unos veinticinco fueron encontrados sospechosos (auffällig) o hallados culpables de diversos delitos menores, en la mayoría de los casos altercados, probablemente perfectamente explicables por la edad, las hormonas, las peripecias que estos muchachos han tenido que pasar hasta llegar a Baja Austria, o por la reclusión, o por las condiciones en que estaban alojados, que de todo habría. En fin: un caso claro para el oficial Krupke.

En nuestro caso, el oficial en cuestión es un miembro del Gobierno regional de Baja Austria, llamado Gottfried Waldhäusl. Herr Waldhäusl tiene las competencias suficientes como para decidir sobre las condiciones en las que estos muchachos (repito, todo lo más acusados de desórdenes menores y algunos ni eso) estaban alojados. Y parece que se le ha ido un poquito la mano.

Herr Waldhäusl decidió internar a esta veintena larga de chavales menores de edad en un edificio aislado en la localidad de Drasenhofen. El edificio, de aspecto industrial, estaba cercado de alambres de espino, guardados por perros policía y los chicos solo podían salir del edificio para pasear durante una hora al día y bajo la supervisión de un vigilante de seguridad.

Los organismos que velan por las condiciones de alojamientos para menores (sean austriacos pata negra o de otro país), o sea, las oficinas de protección a la infancia y la juventud de Baja Austria, actuaron de oficio y, a pesar de las dificultades que les pusieron al principio (no les dejaron entrar en el edificio) pronto denunciaron la situación.

Se pidió explicaciones a Waldhäusl, el cual las dio, aduciendo la supuesta peligrosidad de los internos y la alarma social que, presuntamente, hubiera creado en Drasenhofen ver a semejantes elementos (siempre según Waldhäusl) sueltos por la calle.

El caso es que la presunta peligrosidad de los chicos solo la veía una persona: Waldhäusl.

Cómo sería la cosa que el mismo alcalde de Drasenhofen (del ÖVP, por cierto, nada sospechoso por tanto de ser especialmente permisivo con el tema de que se trata) dijo el otro día en el informativo de máxima audiencia que tener encerrados a chavales de quince años rodeados de cercas con alambres de espino le parecía „una vergüenza“ (eine Schande, dijo literalmente).

Dado el revuelo y la escandalizada indignación del Gobierno y de la población de Baja Austria, primero y del resto del país después, la presidenta del Land, Johanna Mikl-Leitner, ordenó que los chicos fueran realojados, cosa que ha sucedido hoy, en locales de Caritas y de la Diakonie.

Los trabajadores sociales que les han atendido han dicho que por más que se han esforzado no han conseguido verles a los muchachos la peligrosidad por ningún sitio, de lo cual se deduce que quizá el sargento Krupke estaría un poquito obcecado en sus prejuicios.

Waldhäusl tendrá que dar explicaciones ante la asamblea del Gobierno de Baja Austria, que se reunirá el martes para tratar el caso y examinar su actuación. Algunos sectores del Partido Popular austriaco, por lo que parece, no están nada de acuerdo con que el Gobierno esté asumiendo, más y más, la línea dura (o inhumana, como en este caso) de los compañeros ultraderechistas de coalición. Aunque, la verdad sea dicha, este descontento se manifiesta muy, pero muy por lo bajinis. Un poquito demasiado por lo bajinis, la verdad.

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Un comentario a Desventuras del sargento Krupke

  1. Anselmo dice:

    Si este es un problema serio que no puede resolverse ni con buenísmo ni con severidad represiva.

    En Cataluña, donde se ha terminado por dejar a un grupo de estos jóvenes, delincuentes e infectados de sarna, viviendo en un edificio abandonado del que salían para cometer agresiones. Ha brillado por su ausencia ni siquiera esa atención tan cuestionable que refieres en tu artículo. La solución propuesta por el presidente de la Generalidad consistía en que los propios ciudadanos los albergaran en su casa.

    Huelga decir que nadie se ha ofrecido voluntario, empezando por el propio presidente. Con lo que no sé el paradero de esos jóvenes y si, por lo menos, se les ha curado de la sarna que portaban.

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