El primer regalo de navidad de 2018

Hoy, primer domingo de adviento, traigo un regalo para mis lectores. Espero que les guste tanto, por lo menos, como yo me he divertido haciéndolo.

2 de Diciembre.- Cuando mi hermano y yo éramos pequeños, nuestra película favorita era Indiana Jones y el Templo Maldito.

La vimos una sola vez en el cine (Cine Castilla, que luego fue salón de bodas y luego…No sé), sesión inolvidable que permanece aún entera en mi memoria, en la que mi padre, como era su costumbre, a pesar de la trepidante acción de la película, se quedó frito a los diez minutos, y mi hermano y yo nos agarramos a la butaca que teníamos delante durante los noveintaitantos minutos de la película, sin parpadear, incapaces de quitarle ojo a las peripecias de nuestro héroe.

Han pasado treinta años por lo menos y aún nos sabemos algunas partes del diálogo de la película.Una fascinación que, por cierto, ha pasado a mi sobrina Ainara. Este verano tuve la prueba definitiva.

Le dije de improviso:

-!Kali Maaaa!

Y ella, inmediatamente, contestó:

-!Shaktiteeee!

(Esos momentos en que a un tío se le cae la baba con su sobrina de once años).

Tiempo después, no sé todavía cómo, no sé si nos regalaron o lo compramos nosotros, una versión en cómic de la película. Una parecida a esta:

Con un radiocasette Sanyo y ese tebeo, y unas cuantas cintas de casette que ya se deben de haber perdido para siempre, empezó mi carrera de actor. Grabamos ese cómic, mi hermano y yo, muchas veces. A veces, grabábamos sobre grabado. Hacíamos los efectos especiales, las voces de todos los personajes, desde Indiana Jones, a Willie Scott (la famosa cantante) a Tapón, al malvado Lao Che, hasta los personajes más episódicos y el narrador, por supuesto.

La otra noche, estuvimos mi hermano y yo hablando por teléfono y él, que es un hombre curioso pero lamentablemente demasiado ocupado, me estuvo diciendo que no tiene tiempo de leer, y que últimamente, si no es por los audiolibros, que escucha en los trayectos de ida y vuelta al trabajo, solo lee mi libro, Entre Virtudes y Ánimas (animo a mis lectores que me lo/se lo compren, que se lo van a pasar muy bien).

Por otro lado, hoy es en Austria el primer domingo de adviento y, para los que vivimos aquí comienza, en muchos casos, la temporada de convertirse en „galletero“, ocupación monótona la de producir Vanillekipferl en serie como si no fuera a haber mañana.

Así pues, rememorando aquellos viejos placeres de la infancia y estos nuevos de la galletería, he decidido obsequiar a mis lectores (y obsequiarme a mí también) con un audiolibro, para que entretengan sus ocios.

Se trata de la versión Paco Bernal de un dramón de los que ya no quedan: El Clavo, de Pedro Antonio de Alarcón.

Un relato emocionante y encantadoramente pasado de moda, con más trampas que una película de chinos el cual, confío, hará las delicias de mis lectores mientras hagan galletas, viajen en su coche, esperen en la consulta del callista o afronten cualquier otra ocupación que les permita escuchar y entretenerse.

En una noche tempestuosa, el narrador encuentra en una diligencia a una hermosa mujer rodeada de misterio. No sabe que este encuentro será el detonante de una historia de pasiones desatadas.

Una hora y tres cuartos de amores desgraciados, muertos que regresan de la tumba para pregonar su trágico destino, relámpagos, noches tempestuosas y otras muchas cosas.

Yo me he divertido mucho grabándolo, y también, mientras lo grababa (control de calidad) escuchando lo que iba teniendo ya terminado en el tren y en el metro. Así que, sin más, aquí lo dejo.

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