Apropiado para los salones

¿Es usted de los que se mete el dedo en la nariz cuando nadie le está viendo ? La especie está más extendida de lo que parece.

5 de Diciembre.- Una de esas palabras que son muy difíciles de traducir exactamente, porque implican una concepción de la vida que en el otro idioma quizá no existe, es «Salonsfähig ».

La palabra, en alemán, se utiliza para hablar de las cosas que dejan de ser tabú y, despojadas de sus aristas más groseras, pueden ser discutidas en sociedad sin peligro de que a uno le tachen de hotentote (por supuesto, con perdón de los hotentotes, los pobres).

Naturalmente, estas cosas que son aceptables en sociedad no son inmutables, sino que evolucionan con el tiempo. Para bien, y para mal. En Austria, uno de los logros -llamémosle así- del actual vicecanciller, a base de mucho machacar, ha sido el de convertir ideas cuya enunciación, hasta hace muy poco, le emparentaba a uno con esa gente con la que no convenía dejarse ver (esa que se mete el dedo en la nariz cuando los semáforos están en rojo) en « salonsfähig » o, por lo menos, en algo más « salonsfähig » que hace algún tiempo.

Por poner un ejemplo : siempre ha habido personas (generalmente bastante justitas de todo) que han hecho comentarios racistas o xenófobos (en España, contra las personas nacidas en Latinoamérica o en el norte de África, las cuales, muchas veces, hacían y hacen los trabajos más ingratos) pero antes, al pronunciar estos comentarios, una de dos, o los hacían delante de gente igual de justita que ellos, como diciéndoles : « e, prenda, ke hakí ay hotro khomo tú!Xoca ezos zinko !» o bien tenían que temer una reacción oyoyoy de personas más decentes y alfabetizadas.

Ocurre sin embargo que, como sucede con todo en la vida, este machacar para convertir las cosas en « salonsfähig » funciona mucho mejor, en la mayoría de los casos, en sentido contrario a la decencia. Se diría que la porquería mental ejerce una atracción y unos efectos comparables a los de la comida basura en la gastronomía. Y es que, aceptémoslo, todas las porquerías están muy ricas. Si las ensaladas supieran como sabe el tocino de veta o el chorizo de Cantimpalo no habría gordos en el mundo. Pues con esto igual.

Cualquier indocumentado que diga : « yo no soy racista, no estoy en contra de los extranjeros, solo de los que no se quieren integrar, que yo tengo un amigo que vio que a unos les daban pisos gratis y luego… » y todas esas cosas que a mis lectores ya se les están ocurriendo, tiene más posibilidades de que su cutrería de mensaje cale en los caletres ajenos que alguien que diga bien alto y bien claro esta verdad : « hay zonas de Europa envejecidas y despobladas (gran parte del interior de España, por ejemplo, o amplias zonas de Austria, como el Waldviertel) que deberían estar dándose de guantazos porque vinieran más inmigrantes ».

Conceptualmente, lo primero es un BigMac -exige el mismo esfuerzo para ser deglutido y tiene exactamente los mismos efectos adversos en el organismo, la felicidad transitoria de haber dicho una idiotez completamente prescindible y luego la vuelta al hambre de encontrar más tonterías pedestres que decir- y lo segundo es un sabroso, auténtico, sanísimo (aunque desgraciadamente aburridísimo) apio.

Así las cosas, y dada la naturaleza humana, da igual que un médico salga por la televisión cincuenta veces diciendo que las hamburguesas te taponan las arterias y que los apios son estupendos y tienen todo tipo de propiedades beneficiosas. El bípedo implume puede entender el mensaje, pero cuando le pongan delante de un apio y de una hamburguesa, insensiblemente, la elección estará clara.

La hamburguesa (la ideológica también) apela a mecanismos del comportamiento para los que no es necesaria la inteligencia. Es más : para los cuales la inteligencia más que una ayuda es un obstáculo. Darle un mordisco a un apio exige un esfuerzo de la voluntad. Y pensar, desgraciadamente, a mucha gente le da pereza. O peor : el bípedo implume habrá leido en internet cualquier idiotez publicada por « sincensura.com » y habrá quedado convencido de que los que quieren que coma apio pertenecen a un lobby que quiere desterrar del planeta las ricas hamburguesas.

El ejemplo anterior de los inmigrantes vale también para otras cosas (mis lectores, que son un rato listos, ya se habrán percatado de lo versátil que es la ignorancia). Podemos empezar a enumerar parientes del Big Mac : « Yo no soy homófobo, pero ya está bien de ver gays por la televisión ¿Para cuándo el día del orgullo hetero ? » o « eso de la violencia de las mujeres ¿Y cuántos hombres mueren asesinados ? » (en la escala que mide la estupidez de los mensajes este solo es superado por « yo no soy machista ni feminista, yo estoy por la igualdad » o este de « la mayoría de las denuncias por violencia machista son falsas »).

Como decía más arriba, hasta hace poco decir estas cosas facturaba al que las soltase a a ese grupo de los que se meten el dedo en la nariz cuando creen que nadie les está viendo. Hoy, estas personas describen su mala educación como « incorrección política » y el escándalo que provocan estas cosas, gracias a la repetición, cada vez va siendo menor, de manera que es de temer que las personas normales nos estemos quedando lamentablemente pasadas de moda.

Un poco como cuando no era salonsfähig que una señorita mencionase, en una reunión social, que los hombres llevan pantalones.

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Un comentario a Apropiado para los salones

  1. Anselmo dice:

    La inmigración puede ser buena y puede ser mala, todo depende de su oportunidad y medida.

    En Nueva España a finales del siglo XVII se fomentó el poblamiento de Tejas por colonos ingleses. Los descendientes de estos terminaron independizadose de Mejico.

    En Líbano, en los años cincuenta, se permitió el establecimiento de campos de refugiados palestinos. Los palestinos alteraron el equilibrio político y social del país, que terminó sufriendo una guerra civil.

    En Serbia, a lo largo del siglo XX, se permitió el establecimiento de inmigrantes albaneses en la región de Kosovo. Esto terminó llevando a una guerra de secesión en los años 90.

    De Francia, corren noticias de que existe un plan para restaurar el orden público en una treintena de barriadas en las que se ha prohibido el acceso de la policía. Ello requeriría la intervención del ejército francés y desencadenaria no poca violencia.

    Y no sigo para no aburrir.

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