Cosas (buenas) que podemos aprender de los austriacos

ElefanteEn estas épocas del año de comer sin hambre y beber sin sed, a veces, le da a uno por pensar en estas cosas.

18 de Diciembre.- En esta época del año de comer sin hambre y beber sin sed, uno a veces siente la tentación de, mientras le están hablando, desconectar y ponerse a hacer listas de cosas. El otro día, por ejemplo, mientras estaba manteniendo una conversación especialmente poco interesante, se me ocurrió esta ¿Qué cosas podríamos aprender los españoles, así, en conjunto, de los austriacos? (lo cual, también es una manera de preguntarme qué cosas he aprendido yo desde que vivo aquí) y he aquí las cosas que se me ocurrieron:

Primera: los españoles tenemos la humildad y la presunción mal colocadas. O sea, que somos bastante presuntuosos -aunque no nos damos cuenta- para cosas que no deberíamos y somos demasiado humildes para cosas que tampoco. Deberíamos ser humildes, por ejemplo, con los idiomas. Todos los españoles que chapurrean un poco el inglés, sobre todo si son de una generación, ponen en sus currículums que son prácticamente bilíngües -suele ser mentira- sin embargo, si tú le preguntas a un austriaco que si habla español, aunque lo hable perfectamente (y yo conozco a un número bastante respetable de austriacos que son capaces, por ejemplo, de utilizar correctamente adjetivos como „relevante“ o „patidifuso“) te contestarán invariablemente que hablan español „un poquito“. Derivada de la anterior:

Segunda: los españoles deberíamos aprender de los austriacos el autobombo para nuestras cosas. En Austria, a nada que cualquier pueblo tiene cuarto y mitad de ruina histórica o de tradición gastronómica, ya monta una feria anual o un evento, o cualquier cosa de estas, que se promociona por aquí y por allá. O sea, que se le da carrete. Los españoles venimos de uno de los países con una de las gastronomías más variadas del mundo, con un patrimonio riquísimo -quizá solo Italia se nos puede comparar-, con unas riquezas naturales que tiran de espaldas y sin embargo ha sido ahora con la crisis, con las vacas flacas, cuando hemos empezado, tímidamente a „vender“ en el exterior y para el consumo interior todas estas cosas. Yo creo que ya va siendo hora.

Tercera: los españoles deberíamos aprender a valorar el tiempo y a „regalarlo“ como hacen los austriacos. Cuando un aborígen quiere demostrarte su afecto, lo que hace es hacer algo él mismo y regalártelo. Lo de menos es el valor intrínseco de la cosa que te haya dado, lo de más, es el tiempo que ha tardado en hacerla. Creo que eso es una cosa que los españoles no apreciaríamos tanto como lo hacen ellos. O sea, el hecho de haberte parado, haberte quitado un rato de placer para dedicárselo a otra persona. A mí es un rasgo que me parece muy generoso y al que los españoles no prestamos suficiente atención.

Cuarta: los españoles deberíamos ser más respetuosos con los logros de los otros. Se dice que, en España, la envidia es el deporte nacional; pero yo creo que el carácter español va un poco más allá.

Los españoles somos gente que toleramos mal la excelencia ajena. Y no solo es que envidiemos a Pepe o a Juan la posición que ocupan en la vida pública sino que, además, tratamos de destruir a esa persona y de hacerle daño (a todos se nos ocurren ejemplos de esto). En España, el éxito siempre resulta algo sospechoso y termina convirtiéndose en un motivo para disparar al pianista (y pobre del pianista si no se pone a cubierto). Creo que es una cosa que en Austria, quizá por el respeto instintivo que le tienen esta gente a los escalafones, no se da tanto.

No sé. Quizá a los lectores de Viena Directo se les ocurran más cosas o, quizá, también se les ocurran ideas sobre qué cosas deberían aprender ellos de nosotros. Materia, en cualquier caso, para futuros posts. Hagan juego,señores.

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2 Responses to Cosas (buenas) que podemos aprender de los austriacos

  1. Tania Barberena dice:

    Pues mira, ya puestos a eso, uo he aprendido que mi tiempo es oro, que para que alguien me quiera ver, necesita primero hacer cita, que alguien quiere que le haga un favor, que haga cita, que las vacaciones son vacaciones, y que nono tengo que estar pegada al teléfono.
    Antes en mi amada tierra no me importaba perder mi descanso con tal de no perder el cliente o el trabajo o el amigo.

  2. Anselmo dice:

    Aconsejo encarecidamente la lectura de «El Español y los Siete Pecados Capitales»(Fernando Diaz-Plaja).

    Cada pueblo tiene defectos y virtudes que, al ser más frecuentes entre sus integrantes, lo distinguen.

    En el caso de los españoles, nuestro principal defecto es la soberbia. Pero es inevitable.

    El segundo defecto, la envidia, es consecuencia del primero. Pero hay que tener en cuenta que la soberbia viene del orgullo, que es una de las mayores virtudes ya que obliga al individuo a ser exigente consigo mismo, y una manifestación poco inspiradora de eso la podemos ver en el miedo al ridículo, o al rechazo que nos produce la idea de que en alguna ocasión se nos pueda ver algo bebidos.

    Regalar el tiempo, se me antoja como la mayor locura que se pueda cometer. Ya que el tiempo es la materia de que esta hecha la vida….. ¡ BIEN POR TANIA !

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