Vilipendios

Yo soy un hombre muy pacífico, pero por experiencia digo que el alemán, para algunas cosas, es muy limitadito.

19 de Diciembre.- Una de las cosas más decepcionantes cuando uno empieza a aprender alemán es que los aborígenes tienen una gama de maneras de desahogarse a propósito de sus prójimos (o prójimas) muy reducida.

Es verdad, también es justo reconocerlo que, sobre todo dada la penuria cultural que nos asola, dado ese raquitismo en las lecturas que padece la mayoría de nuestros conciudadanos, la gente, en español, también termina insultando de manera muy poco imaginativa y las más de las veces bastante ordinaria (¿Cuántas combinaciones se pueden hacer con « coño » y « cojones », vamos a ver?) pero los españoles, de siempre, hemos tenido mucho arte en esto del insulto y es una pena que la cosa se esté perdiendo y achicando tanto. Deberíamos ser más respetuosos con nuestras tradiciones.

En cualquier caso, yo tengo la teoría de que, si los aborígenes hubieran renegado más y mejor (no estando el afectado delante, que es una manera de desahogarse sin peligro de que a uno le partan la cara y también sin peligro de enrarecer el ambiente) quizá se hubieran evitado males mayores en ciertos momentos de la Historia de EPR y aún en los actuales, por la vía de evitar que se acumulasen ciertos resentimientos que luego traen al Gobierno a los partidos que traen (y no me gusta señalar, que está feo).

Renegar, acordarse de los muertos más frescos de alguna gente, es una cosa que es muy parecida al sexo bien entendido. Y es que tú echas un coito y pones las cosas en perspectiva. Lo que parecía importante antes del acto, encuentra su urgencia justa, que en general suele quedarse en nada. Porque hay pocas cosas en la vida que merezcan enfadarse, las cosas como son.

Por eso todas las estructuras totalitarias (la Iglesia, el ejército, el dinero) le tienen tanta aversión al sexo. Cuando uno está insatisfecho, desarrolla una mala leche que, convenientemente dirigida por los que saben cómo hacerlo, se puede emplear, por ejemplo, en la demonización del extranjero (de nuevo sin señalar y por poner un ejemplito que todos tenemos a mano). Aunque dicho extranjero no te haya hecho nada.

Ahora bien : un hombre (o mujer)  bien comido y bien de todo, ve a una persona que no sea de su país y no ve en ella a un enemigo, sino a un compañero en la fortuna de existir. De lo que se deduce que si la gente con cierta visión del mundo tuviera una vida sexal más actva, pues a lo mejor no existirían ciertas tragedias históricas (claro, que también habría que encontrar a gente que se sacrificase por la causa, lo cual, en el caso de ciertos colegas de especie, parece bastante complicado, imagínese el lector lo que debía de ser hacerle un favor a Hitler o a Stalin o a Ceaucescu).

Yo estoy por el insulto, ya digo, pero estoy por el insulto español (e hispanoamericano) con gracia, el insulto imaginativo, el insulto como potencia enriquecedora del discurso. Y nosotros, a diferencia de los aborígenes, tenemos unos insultos que dan fe de que llevamos tres milenios de alta cultura. Insultos que hablan de Marcial, Alfonso X, de Averroes, de Pedro Abad, de Atahualpa Yupanqui, del Inca Garcilaso, insultos quevedianos, gongorinos, insultos cervantinos, celíacos (aunque Cela, la verdad, no tenía mucha gracia en general), insultos de Bolaño e insultos de García Márquez. Insultos que son sonoros y bellos, en donde la belleza de la palabra casi le quita hierro al denuesto.

A niveles más mundanos : por ejemplo, decir de alguien que es « gentuza » ya desahoga como esas batallas de amor que se libran a la hora de la siesta, en el verano, y que son las más sabrosas. Tres sílabas. Y ya. O decir de un tipo que es un baboso. Es uno de mis insultos favoritos. Porque además, es que es un insulto muy gráfico. Todos nos podemos imaginar a un tipo así. O mamarracho (sobre todo si uno arrastra las erres y marca bien la ché). Tú miras a alguien a los ojos, dejas una pausa y disparas un mamarracho (o « mamarracha ») y reduces a quien tengas enfrente a la nada. Eficaz, elegante. Sin equivalente en alemán ¿O sí ? Yo amplío con mucho gusto mi lista de insultos. Enseñémosle a la población aborigen cómo se insulta de verdad. Como Dios manda. Sin perder la elegancia.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

4 Responses to Vilipendios

  1. Anselmo dice:

    Siempre he tenido la impresión de que la profusión de insultos en una lengua son un indicio de su riqueza cultural. Y para este razonamiento me baso en el hecho de que el vascuence, lengua neolítica según creo, carecía de insultos, a excepción del vocablo «maketo» que designa a los no vascos y que es superlativamente despectivo.

    • Bad Vöslauer dice:

      Maketo en realidad también puede ser un vasco no vasco parlante, por asimilación de los requetés carlistas y en contraposición a los makis y combatientes autóctonos que lo hablaran. Aunque para esas características tienen reservado el epíteto coreano. Muy localmente viene del entorno del Puente Bizkaia puesto que a una zona se le denomina Costa Rica y a la otra ribera Corea por estar llena de coreanos venidos a trabajar en la industria siderúrgica. Fröhe Weihnachten!!

      • Anselmo dice:

        No dudo que el vocablo despectivo, «maketo» (que viene a significar «persona constituida por excrementos») tenga las acepciones que señalas, pero hay que tener en cuenta que se trata de una palabra antigua y posiblemente milenaria. Anterior, por tanto, a las Guerras Carlistas y a la Segunda Guerra Mundial.

  2. Anselmo dice:

    No dudo que el vocablo despectivo, «maketo» (que viene a significar «persona constituida por excrementos») tenga las acepciones que señalas, pero hay que tener en cuenta que se trata de una palabra antigua y posiblemente milenaria. Anterior, por tanto, a las Guerras Carlistas y a la Segunda Guerra Mundial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.