Momentos estelares

vendedor de arboles de navidadEstamos a menos de veinticuatro horas de uno de los momentos culminantes de la vida de todo austriaco. Ha sido una larga carrera para llegar hasta aquí.

Para mi amigo J.P.

23 de Diciembre.- Estamos a menos de veinticuatro horas de uno de los momentos culminantes de la vida de todo austriaco.

Llevamos desde mediados de noviembre preparándonos. „Navidización“ creciente. Primero, los spots navideños, los escaparates en los comercios, después, a primeros de diciembre, los mercadillos navideños, aumenta la ingesta de alcohol, los más previsores empiezan a hacer acopio de glúcidos y lípidos. A tres cuartos del país empiezan a salirle ciertas sustancias por las orejas. Galletas. ¿Cuántas has hecho este año? Empieza la competición ¿A quién le sale mejor las vanille Kipferl?

Sube el estrés.

Regalos ¿Qué le compraré? (¿Qué me comprarán?).

En la última semana, próximos al paroxismo, al delirio, todavía tenemos que soportar otra vuelta de tuerca: la música.

Renos acomplejados por tener la nariz como un pimiento morrón buscan remedio a su desgracia (!Haz terapia, Rudolf, y déjanos en paz de una puñetera vez!). Nos enteramos de que el tiempo, fuera, es asqueroso, la ventisca y las temperaturas bajo cero hacen que a ningún ser humano sensato se le ocurra poner el pie en la calle; pero que, como nuestra pareja nos produce subidón, nos da igual que nieve, porque nosotros tenemos un calentón de aquí te espero (I´ve got my love to keep me warm). Jorge Miguel (el pobre, que en paz descanse) nos cuenta que las navidades pasadas le regaló su corazón a una churri (ahora sabemos que era a un churri) pero que, el muy ingrato, al día siguiente se lo dio a otra persona; y que este año, para no tener que llorar más las penas de amor, en vez de darle su corazón a cualquier pelandrusco que se encontró en la calle (si es que se lo encontró en la calle) se lo regalará a alguien que de verdad sea especial. No nos dice, por cierto, cómo va a distinguir a esa persona especial de la que el año anterior le puso los cuernos con otro. Pero nosotros escuchamos la cuestión en bucle y no nos hacemos preguntas (total, la mitad del país, entre los ponches, los vinos y las cenas de empresa, no sabe dónde tiene la mano derecha, como para analizar la letra de Last Christmas).

En los últimos años, por cierto, se oye cada vez menos el material musical nacional, que da como bajón (me lo decía hoy mi amigo J. y tiene razón: los villancicos hispanos suelen ser todos muy jacarandosos, resuenen con alegría los cánticos de mi tierra, pero los de aquí parecen escritos por alguien que quisiera pegarse un tiro el día veinticinco de diciembre).

En lugar de los antiguos villancicos –Noche de Paz, invento austriaco, que este año, precisamente este, cumple doscientos– la gente se remite cada vez más a Last Christmas o a piezas americanas de los cincuenta del siglo pasado, o a recreaciones retro de esas mismas (cinco) canciones !Señor, el próximo año dame un euro cada vez que escuche la palabra Christmas entre el quince y el veinticinco de diciembre y no querré que me toque el gordo!).

En fin: por si esto fuera poco, entre ayer y hoy, todo el mundo se ha puesto a poner el arbolito de navidad, con las estrellas, las guirnaldas y las bolas de las bolas (con perdón). Los austriacos, por cierto, tienen todos unas opiniones muy definidas a propósito de los árboles de navidad. A mí, personalmente, me parecen todos iguales. Verdes. Aproximadamente cónicos. Pero tú le preguntas a un austriaco/a y dicho austriaco/a de pronto te hace comentarios como „es muy simétrico“ o „las ramas de la parte derecha tienen un ángulo de diez grados sobre la vertical distinto de las ramas de la parte izquierda“. Tú, pones cara como de estar intentando entender la tercera ley de la entropía y entonces ellos te miran y te preguntan ¿Es que no te das cuenta?

Y no. No te das cuenta.

Pero el día veintitrés, quizá para intentar sacarse de encima el estrés, llega la fantástica costumbre austriaca de ponerse a limpiar la vivienda como si no hubiera mañana. Naturalmente, la vivienda está limpísima ya de por sí, pero a los austriacos les da lo mismo. Se trata de la famosa limpieza de navidad.

Dejando la sátira aparte, tiene su lógica. Para los austriacos, la hospitalidad es una cosa muy importante y casi tanto estrés como la navidad, les produce la posibilidad (por muy remota que sea) de que la gente les visite). Para cada austriaco, cada visitante es una suegra mala que pasa el dedo por los muebles y dice ¿Qué pasa, que esto no has tenido tiempo de limpiarlo?

En fin: mañana no sé si tendré tiempo de escribir (el ajetreo de la limpieza navideña también ha llegado a mi hogar). Por eso, les deseo a mis lectores, un año más que pasen una navidad felicísima con los suyos.

Y hoy, también es domingo, así que, como es natural, dos capítulos nuevos del fantástico audiolibro “Los duendes de la camarilla” !A disfrutar!

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

4 Responses to Momentos estelares

  1. Anselmo dice:

    ¡ FELIZ NAVIDAD !

  2. victoria dice:

    Feliz Navidad, Paco. Que puedas sobrevivir razonablemente a ella …

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