No hay quinto malo

Me pillan mis lectores un poquito estresado. Ya hemos repartido los regalos, pero vamos camino de la cena. Repasemos, repasemos.

24 de Diciembre.- Me pillan mis lectores un poquito estresado. A estas horas (las cinco y media) ya hemos repartido en casa los regalos que nos ha traido el niño Dios y nos disponemos a salir pitando para la cena. Entre col y col, como aquel que dice, vamos a hacer un repasito de lo que dio de sí Mayo del año 2018.

Fue Mayo de este año un mes dominado por los adioses. El primero fue el del que, durante varias décadas, fue alcalde de Viena, el biólog Michael Haupl. Ese hombre que, cuando le ponían un micrófono delante, siempre estaba uno pensando que iba a preguntarle al periodista que qué le ponía, si muslo o pechuga. Haupl se ha jubilado aunque no se ha ido del todo. De vez en cuando, en su calidad de vaca sagrada del socialismo austriaco, emite juicios lapidarios sobre esto o sobre aquello. Por cierto, el apellido del nuevo alcalde de Viena no se lo sabe nadie. Mala señal.

El segundo adios dejó un hueco innegable en la política austriaca. Mathias Strolz, el que desde su fundación había sido la cara más visible de los Neos (ese partido regeneracionista y liberal -en el buen sentido- del que podría decirse que son unos verdes de derechas) dijo que quería dejar la política para dedicarse a otras cosas. Le sustituyó una mujer, cuyo carácter parece ser una variación sobre el de Strolz. Ella no ha terminado de arrancar mediaticamente hablando, quizá porque Strolz, aunque para algunas cosas era un poco ese „cuñao“ que esta noche afligirá a una parte de mis lectores, era un hombre que siempre estaba dispuesto a arrimar el hombro y a salir por la tele diciendo cosas en su mayoría sensatas, pero también un poco irrealizables.

La despedida de Strolz de su trabajo como diputado en el Parlamento austriaco fue muy emotiva. Es un hombre al que, a base de verle, se le cogía cariño (o sea, un poco lo contrario que a Gudenus, que cuanto más lo ves menos lo quieres ver).

Hablando de Gudenus: el jefe del grupo parlamentario ultraderechista también recibió bastante atención pública debido a su denuncia de un supuesto plan que el millonario húngaro Soros tendría „para desestabilizar la Unión Europea“ y llenarla de inmigrantes (árabes). Gudenus se hacía eco de las opiniones del Gobierno de Budapest y, también, de un cierto número de teorías conspiranoicas que circulan por las cloacas de internet.

Pasando a temas más agradables: en mayo (!Parece que fue ayer!) el hijo pequeño de Carlos de Inglaterra se casó con una cómica americana. Él, como no podía ser de otra manera, se vistió para la ocasión de domador de circo y ella demostró tener una relación con su familia que probablemente hará que en esa pareja no exista el dilema de con quién pasar la nochebuena: siempre con Camilla. En Viena Directo nos sirvió la cosa para recordar la última boda real que se produjo en Esta Pequeña (pero confortable) República. Antes de la primera guerra mundial. A ella asistió el Duque de Madrid, por cierto.

Pablo Iglesias, político español, se mudó de casa. Nada que objetar si la casa a la que se mudó no hubiera sido lo que en España se considera lujoso y aquí simplemente burgués. En los periódicos locales (austriacos) se habló de la polémica y hubo que traducir el mote del político al alemán. Los aborígenes no estuvieron de acuerdo con la descripción de la vivienda como una „Luxus Vila“ (o sea, una villa de lujo) y lo dejaron en chalecito con pretensiones.

Mayo es el mes de Eurovisión y este año (jolinetes) casi lo volvemos a conseguir. Cesar Sampson, el representante austriaco, fue el favorito de la crítica especializada, pero el voto del público hizo que ganase una (porquería de) canción (o así) de la representante israelí. Sampson se lo tomó con mucha deportividad y a los demás, la verdad, nos fastidió bastante, porque durante una cora corta tuvimos la ilusión de que volveríamos a escuchar cantar en la plaza del Ayuntamiento viení a las Azúcar Moreno (Tus ojos bandido, lolailo lolailo). No pudo ser.

El quinto mes del año terminó con una noticia bien triste. Maria Dolores Pradera, mito viviente, falleció en su casa de Madrid y todos nos quedamos un poco más huérfanos. Si algo tuvo de bueno fue que nos pusimos a recordar no solo a la artista, sino a la genial (y divertidísima persona). Ojalá pudieramos irnos todos algún dia dejando a la gente con una sonrisa en los labios.

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