Hoy cenamos con Isabel

Hoy, Navidad, todos los que vivimos en Austria tenemos una cita con la Isabel más famosa de todas las austriacas.

25 de Diciembre.- Hoy es navidad. Hace ciento ochenta y un años y un día, en Munich, nació la emperatriz más famosa de Austria. En país tan republicano como este, cuando llega este día, todos tenemos una cita con el cine, porque en Austria, decir navidad es decir Sissi, y luego decir Sissi emperatriz y luego decir El Destino de Sissi.

Pero ¿Cómo empezó la cosa?

La historia de la película que lanzó a Romy Scheider a la fama internacional empieza siete años antes de su nacimiento.

En 1931, el avispado y multitalentoso Hubert Marischka compra una obra de teatro llamada “El viaje de novios de Sissy “(Sissys Brautfahrt) escrita a cuatro manos por un oscuro autor llamado Ernst Decsey y el oficial de marina danés Gustav Frederik Holm (famoso por haber sido el primero en haber cartografiado ciertas áreas de Groenlandia).

Marischka, junto con su hermano Ernst, posteriormente director del film que nos ocupa, y los dos autores de la pieza teatral, convierten “El viaje de novios de Sissy” en un juguete cómico-musical (partitura de Fritz Kreisler) que se estrena en el Theater an der Wien el 23 de Diciembre de 1932. La obra obtiene un gran éxito y, hasta 1936, Paula Wessely (señora de Hörbiger), Hedy Kiesler (posteriormente conocida como Hedy Lamarr) y Rose Stradner (señora de Joseph Leo Manckiewicz) desempeñan el papel de la cándida Elisabeth de Baviera.

Al terminar las representaciones, los derechos de El Viaje de Novios de Sissy fueron comprados por la productora americana Columbia Pictures y convertidos en una película que se tituló The King Steps Out, protagonizada por Grace Moore y dirigida por el pigmalión de Marlene Dietrich, Josef von Sternberg.

La cinta americana fue un éxito y, tras la guerra mundial, los empresarios teatrales austriacos volvieron a poner la obra original en circulación, esta vez con la enorme Elfriede Ott en el papel principal.

Debió de ser en esta época cuando Marischka decidió hacer su propia versión cinematográfica pero, como los derechos de la película americana se alejaban mucho de sus posibilidades, y para no meterse en pleitos, compró la novela Sissi, de Marie Blank-Eisman y sobre ella escribió el guión de la película que todos conocemos.

Para el papel protagonista, Marischka eligió a la entonces poco conocida Romy Schneider, la hija de dos de las mayores estrellas del cine alemán de entreguerras: Wolf Albach-Retty (hijo a su vez de la conocidísima actriz teatral Rosa Albach-Retty) y Magda Schneider, la cual hacía mucho tiempo que había dejado atrás sus papeles de joven romántica y se encontraba en ese momento tonto de la carrera de toda actriz en el que no le dan papeles de joven por ser mayor, pero tampoco le dan papeles de mayor por ser demasiado joven.

Romy Schneider tenía entonces 17 años y era una muchacha bajo cuya apariencia angelical (y, digamoslo claro, algo regordeta) se escondía una buena colección de traumas, relacionados sobre todo con la separación de sus padres y con las simpatías de Magda hacia los de la cruz gamada (Schneider era una visitante frecuente de Hitler cuando este se encontraba en la región de Salzburgo, cosa que a su hija le produjo más tarde torturadores remordimientos de conciencia).

El partenaire de Romy fue el convenientemente merengado Karlheinz Böhm. Böhm también era un hijísimo, esta vez del director de orquesta Karl Böhm.

La película se planteó como una superproducción y como una reivindicación del espíritu austriaco para olvidar el mal trago de la segunda guerra mundial. Abarca de manera total y conscientemente edulcorada el periodo de la vida de Elisabeth que va desde que conoce a Franz Joseph en Bad Ischl hasta que se casa con él en Viena. Sissi es todo menos una cinta preocupada por la historia (el hecho de que la mayor parte de la familia de Sissi, o ella misma, estuviera majara o en camino de estarlo, por ejemplo, no se menciona, como es natural) y sí uno de los exponentes más granados de los Heimatfilme, ese género que pretendía hacer olvidar a las hambrientas audiencias de la posguerra que la vida no era precisamente un camino de rosas.

Se rodó en Bad Ischl, en el castillo Fuschl (que hacía de Posenhoffen, un nombre que a mi hermano y a mí nos hacía morirnos de risa cuando veíamos las pelis de pequeños) y en el vapor Johann Strauss que hoy en día se encuentra atracado, lo que son las cosas, en el Donaukanal de Viena.

Cuando se estrenó en 1955, el público enloqueció. Y no sólo en Europa. Mis lectoras españolas de más edad también lo fliparon en su momento con las películas de Sissy, con la bellísima Romy, con su suegra malvada (magistral Vilma Degischer, es una lástima que su genial actuación se pierda en la versión doblada) y con Franz Josef-Böhm un galán centroeuropeo hombriestrecho y culiancho como está mandado.

La serie se prolongó en otros dos filmes más (y hubiera dado lugar a un cuarto si no hubiera sido porque a Romy se le hincharon las narices de crinolinas y suspiros y rechazó un principesco sueldo de un millón de marcos de la época para irse a París a rodar –también por los suelos y las camas- con el apolíneo Alain Delon).

No fue la única que salió tarifando con el azúcar decimonónico: Karlheinz Böhm, harto de papeles tontainas, hizo en 1959 la película inglesa El Ojo del Miedo, en la que daba vida a un peligroso psicópata que se cepillaba a las señoras y grababa el momento de la muerte con una cámara. La película fue un considerable escándalo y supuso un prematuro final para la carrera de Böhm el cual, terminó fundando una ONG (Humana, People to People)

Por cierto, el apodo Sissi (que su dueña escribía con una sola s) se debe a un malentendido de la caligrafía de la emperatriz a la que su familia llamaba Lisi, con L. Elisabeth de Austria, cocainómana, anoréxica, vigoréxica y maniacodepresiva odiaba que la llamasen Sissi.

Ahí queda eso.

 

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