Este (ban co) está ocupado

¿Dolores de cabeza? ¿Cólicos nefríticos? ¿Molestias posesiones diabólicas? San Esteban, patrón de Viena, tiene la solución.

26 de Diciembre.- Hoy es el día de San Esteban, santo que tiene un enorme predicamento en Austria.

Bajo su advocación está, por ejemplo, la catedral de Viena. Poco se sabe de su vida, salvo que era judío (y lo siguió siendo todo el rato, hasta su muerte, porque los primeros seguidores de Jesús, hasta que San Pablo no le metió mano a aquello, se consideraban a sí mismos judíos que lo que querían era reformar el judaísmo), se sabe de él que hablaba griego (cosa que era bastante normal en la palestina de su tiempo entre los judíos cultos) y que murió poco tiempo después que el mismo Jesús, alrededor del año treinta y cuatro.

Solo se sabe de él por el libro de los Hechos de los Apóstoles, única fuente escrita que queda de su vida.

Por él nos enteramos también de que Esteban fue condenado por la inquisición judía a ser apedreado hasta la muerte. A los miembros del Sanedrín de Jerusalén les parecía que San Esteban y los suyos eran reos de blasfemia. Se le considera en general uno de los primeros mártires y se le suele representar como un hombre joven, sin barba, con piedras alrededor.

Hay varios lugares en donde presumen de tener reliquias de San Esteban. Ninguno de ellos, por cierto, es Viena, joé, y ya es mala pata, con la catedral tan hermosa que tenemos.

Estas reliquias, como es natural, son probablemente falsas, porque los judíos consideraban los cadáveres como fuentes de impureza y, de cualquier manera, entre la muerte de San Esteban en el año 34 de la Era Común y el cuatrocientos quince, fecha en donde se descubrió el „primer juego“ de las reliquias del santo, pasaron cuatro siglos, con varios incidentes en Jerusalem, por ejemplo, la destrucción total de la ciudad en el año setenta y su posterior reedificación como una reluciente urbe romana con su foro y sus baños y su todo. Aparte de en Oriente Medio, hay también presuntos cachitos de San Esteban en Roma (están junto con presuntos cachitos de San Lorenzo) y en Rusia, en donde se conserva un brazo completo convenientemente protegido de las bacterias por la santidad, la cual, como en otros casos, garantiza su conservación.

En el siglo V, unos presuntos trocitos de San Esteban, que llegaron a la isla de Menorca de la mano de un obispo, el cual además se llamaba Severo, produjeron una escabechina. Parece ser que el tal Severo, que debía de ser hombre que hacía honor a su apellido, consiguió que los menorquines establecieran una conexión entre los despojos del pobre San Esteban (que, como queda dicho, podían ser también los de otro señor cualquiera) y la presencia de judíos en Menorca. A instancias de este obispo se desató un pogromo y los pobres judíos que no se convirtieron o recibieron matarile o fueron expulsados de la isla.

La fiesta de San Esteban, establecida legalmente en muchos lugares de Centroeuropa, se celebra el día 26 de Diciembre, o sea, tal día como hoy, porque fue ese día en el que el primer juego de cachitos de San Esteban se trasladó desde el lugar en donde se habían descubierto (un sacerdote llamado Luciano soñó con la ubicación exacta) hasta una iglesia en condiciones. Como curiosidad, cabe mencionar que si el día 26 de Diciembre cae en domingo el pobre San Esteban se queda sin fiesta (de todas maneras, tiene toda la eternidad para celebrar más) y en esos casos se celebra el día de la sagrada familia (de la original, claro, no de la famosa catedral de Barcelona).

Aquellos de mis lectores que se dediquen a la fabricación de barriles, a la carrocería, que sean albañiles (los muros se hacían antes con los mismos materiales con los que San Esteban fue ajusticiado, el angelico), canteros, mozos de cuadra (?), tejedores y ebanistas, están de enhorabuena, porque San Esteban es su patrón.

Si tienen cerca a alguien de quien sospechen que está poseido por el demonio, que es una cosa que a todos nos ha pasado alguna que otra vez, no tienen más que invocar el nombre de San Esteban y Satán huirá; para casos más leves, pero no menos molestos, como por ejemplo dolores pertinaces de cabeza y cólicos nefríticos (las piedras, otra vez) San Esteban tiene la reputación de ser un intermediario infalible ante la corte celestial. Abandónense los analgésicos y otros medios artificiales.

Aquellos de mis lectores que sospechen que se están muriendo harán bien en dejar de leer este artículo y dedicarle sus últimos minutos en este valle de fábricas de tristeza a organizar sus asuntos, que luego tras los fallecimientos vienen las peleas entre los deudos por las herencias y son muy desagradables. Una vez lo hayan dejado todo en orden, para asegurarse un tránsito cómodo al otro mundo, pónganse en manos de San Esteban. Aunque nadie ha regresado del otro mundo para dar fe de ello, parece ser que el protomártir jerosolimitano es infalible a la hora de proporcionar una buena muerte.

Egoistamente, espero que no sea el caso de ninguno de mis lectores, porque mañana me gustaría encontrarles a todos ahí, como cada día. Que le entra a la gente la manía de ponerse en manos de San Esteban y al final se queda uno sin lectores.

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