El año no empieza hasta que suena el Danubio Azul

Viena. Karlsplatz y MusikvereinCon germánica precisión y genuino almíbar austriaco, la señora del kimono y yo hemos empezado el año nuevo de la mejor manera posible.

1 de Enero.- Un año más, hoy ha quedado demostrado que si naciste en Japón, eres chica y tienes intención de empezar el año con el kimono puesto, tienes más posibilidades de ganar la lotería con la que, todos los años, se sortean las plazas que no están adjudicadas al cuerpo diplomático acreditado en Viena.

Es broma, claro, pero es que indefectiblemente, todos los años, en el palco de la derecha del director, hay sentadas tres señoras japonesas (¿Las mismas?). Una de más edad, con kimono, y luego otras dos más jovencitas (hoy, por cierto, a una de ellas le ha pasado lo que a mí, que cuando he escuchado el Danubio Azul, se me han empañado los ojos).

Bueno: el Concierto de Año Nuevo.

Este año ha sido dirigido por primera vez por un alemán que se llama Christian Thielemann y, naturalmente, no ha decepcionado a los fieles seguidores que año a año, golpe a golpe (de batuta) y verso a verso, se ponen delante de la televisión el primero de enero, a eso de las once y media de la mañana, para escuchar el repertorio de los Strauss (Ramos o Avestruz, elija usted) y, naturalmente, de algunos compositores contemporáneos, porque no solo de Avestruz vive la señora japonesa, como es natural.

Thielemann ha hecho un trabajo muy agradable (también porque con ese repertorio y esa sala de conciertos y esas cariátides y, sobre todo, esa buena disposición del público, hay que ser muy patazas para hacerlo mal).

No ha sido el caso.

Ha habido momentos, en mi opinión, muy divertidos, como cuando los señores (y las señoras) de la Filarmónica se han puesto a cantar la marcha egipcia. También la marcha Radetzky ha sido muy del agrado del respetable y, como Thielemann es alemán, algunas de las piezas más dramáticas, reservadas a la prmera parte, han sido ejecutadas con mucha Honduras y Guatemala. Digo con mucha hondura e intensidad.

Como todos los años, naturalmente, hemos tenido ocasión de comprobar, gracias a la cadena pública austriaca que, de entre todos los países de este planeta, Austria es uno de los más bonitos, con lo cual se ha cumplido también la tradición de que el Concierto de Año Nuevo sea también un anuncio que probablemente figurará en el lugar de honor de la sección de televisión cuqui de la revista Sueños de Suegra.

Este año hemos visto tres sitios de Esta Pequeña y, como queda dicho, hermosísima república. A saber: la Ópera Estatal, augusto coliseo de la Ringstrasse que este año 2019 cumple siglo y medio de existencia. Nos han enseñado sus interioridades y el hermosísimo vestíbulo (cuando la ópera está abierta, por cierto, se puede entrar de gratis y echarle un vistazo) y uno ha tenido la satisfacción de ver a algún amiguete que trabaja en el teatro en cuestión.

Otro de los lugares ha sido el Schloss Grafenek, en donde, como es tradición, solistas del ballet de la Ópera han bailado a los sones de una de las piezas interpretadas en Viena (por cierto, los bailes no son en directo, sino que se grabaron este verano pasado). Por último, mientras sonaba el Danubio Azul y la señora japonoide en la sala y yo nos secábamos una furtiva lágrima (bueno, un par) hemos visto diferentes aspectos del Danubio, a su paso por la Wachau, uno de los lugares más hermosos del mundo.

Por cierto, me ha gustado mucho este año que la coreografía no ha sido tan clásica y se ha acercado a la danza contemporánea (sin pasarse, claro, para que a la crítico de televisión de Sueños de Suegra no se le gripase el marcapasos). Por lo general, sin embargo, la realización de los números musicales, dentro de la corrección, ha sido creo yo más conservadora que otros años (quizá porque a la ORF haya llegado también el funesto ahorro mal entendido).

La señora japonesa del kimono no ha podido verlo, por cierto, pero al realizador de la ORF se le ha escapado un plano un poco raro en la segunda parte. Bueno, en realidad dos, aunque uno de ellos no ha sido culpa de él. El primero, el raro de verdad, ha sido un largo momento de una cámara apuntando a un objeto negro (no se ha llegado a ver el qué era) y luego, el que no ha sido culpa suya ha sido que se le ha colado en plano la señora, especie de regidora, supongo, que transmite las instrucciones del director a los que tienen la relativa fortuna de tener las entradas de pie del fondo de la sala.

Aunque ha roto un poco la ilusión (uno siempre se sorprende de que, a pesar de la enorme complejidad de la retransmisión sea todos los años absolutamente impecable) lo cierto es que casi se ha agredecido ese rastro de humanidad.

Por cierto, y hablando de romper mitos: todos los años, en el concierto de año nuevo, la careta de entrada y de salida de la ORF parece sugerir que en Viena siempre hace sol. Un agradable sol invernal, en este caso. Pues no, señora. Hoy se ha tenido que suspender el tradicional public viewing en la plaza el ayuntamiento de Viena, por amenaza de tormenta. No fuera a romperse la rama de algún árbol con el vendabal y empezásemos el año con una desgracia, que tampoco.

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4 Responses to El año no empieza hasta que suena el Danubio Azul

  1. victoria dice:

    El concierto de ha gustado mucho, como siempre. Precioso el Danubio y preciosos también los castillos medievales que se han mostrado (bueno, alguno no tanto). También me ha gustado bastante el repertorio (aunque no soy una gran entendida) porque había muchas polkas, y suelen ser mis preferidas . En fin, todo una maravilla. Disfruta de Viena y de Austria, Paco, tú que puedes. Mucha salud y feliz año a todos, y en especial al dueño de este estupendo blog.

    • Paco Bernal dice:

      Feliz año, Victoria! La verdad es que, como todos los años, ha sido una maravilla. Hoy me he enterado que incluso se ha grabado dos veces. Una con las cámaras normales de la ORF y otra con cámaras de ultra alta definición 8K traidas de Japón. A mí me ha gustado más que el año pasado. He notado al director más suelto. Un saludo y todo lo mejor para 2019.

  2. Luis dice:

    Todo precioso. Por poner un solo Pero, el vestuario de los bailarines en el castillo me pareció un poco cateto. Feliz año nuevo

    • Paco Bernal dice:

      Feliz año, Luis! Pues fíjate, yo también lo pensé. Es que hemos tenido tiempos muy lujosos. Yo todavía me acuerdo de cuando diseñó los trajes Vivienne Westwood, que aquello era una maravilla. Un abrazo

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