El chorizo prohibido

España y Austria llevan camino de compartir un fracaso. Nosotros, los que vivimos fuera, ya hemos visto todo esto.

Para D.U.

9 de Enero.- España entera observa con perplejidad -sin duda, también, con un cierto temor- cómo un partido pequeño de extrema derecha, con una fuerza electoral mínima, está marcando la agenda de un gobierno, el andaluz, que ni siquiera ha llegado todavía a constituirse.

Desde Austria, el fenómeno resulta muy regocijante, la verdad, más que nada por ver cómo mis paisanos se están enfrentando al mismo dilema al que los austriacos llevan enfrentándose durante la última década y ver cómo están fracasando a la hora de contener a la bestia. Estrepitosamente, además. Como, por otra parte, ya han fracasado los austriacos en el mismo terreno antes que ellos.

Es más: cuando uno abre esa red social que todos llevamos en el teléfono y mira los escandalizados videos y mensajes que comparte la buena gente -o sea, la que todavía está en condiciones de sorprenderse desagradablemente de que ciertas cosas sean posibles- vídeos en los que, naturalmente, se da cuenta de la cantidad de majaderías que el partido en cuestión produce para el consumo público (y las produce intencionadamente, como trataré de demostrar hoy) uno no deja de acordarse de los apologistas de la Iglesia Católica, los cuales trataban, en siglos pasados, de luchar contra el avance de las herejías.

De hecho, si algo sabemos de esas herejías, es gracias a estos jupiterinos defensores de la fe como Dios manda, los cuales, queriendo rebatir, o ridiculizar lo que decían los cátaros o los valdenses, de rebote contribuían eficazmente a difundir sus teorías aunque solo sea porque lo que más motiva al ser humano es lo prohibido.

En Austria, durante diez años, como la cuña que se hinca en la madera, la extrema derecha austriaca, como ahora está haciendo la española, a pesar (al principio) de su relativa insignificancia en términos de votos, ha marcado la agenda política desde internet (los archivos de este blog están llenos de casos) y desde esa bendición que para ellos han supuesto las redes sociales (LA red social), utilizándola(s) para dotar de entidad y de importancia a asuntos que eran en muchos casos totalmente marginales (con buena suerte) y con mala, bulos inventados para el consumo de su parroquia que terminaban, a fuerza de repetirse, creidos por el Herr Schmidt de la calle con la fe del carbonero.

Por ejemplo: todos los que vivimos aquí hemos oido el bulo anual del colegio vienés (aunque seguro que habrá en otras ciudades austriacas) en donde los niños tenían prohibido comer carne de cerdo o celebrar la navidad para no ofender a sus condiscípulos musulmanes.

En España, fuera de la xenofobia, siempre latente (sobre todo en las capas más bajas de la población, que son las que más temen por su trabajo) el asunto que está dando más de sí y más réditos está dando a la extrema derecha en términos de propaganda gratuita  es el de la violencia contra las mujeres, violencia machista o violencia de género.

Rosa Wiesn 2016

Igual que tuvimos noticia del colegio en donde estaba prohibido el chorizo hemos sabido de esa lacra que, hasta ahora, había permanecido oculta: la de los hombres maltratados o asesinados o violados por sus parejas, hombres que carecen de protección por parte del Estado. Apenas existen (un uno por ciento del total de las denuncias) pero eso es lo menos importante, porque, como en el caso del colegio del chorizo prohibido, las personas que elaboran la estrategia de comunicación del partido en cuestión saben que muchos de sus votantes desearían que existieran, un poco para sentirse víctimas ellos también y así merecer la atención pública, y un mucho para sentirse poseedores de una información privilegiada de la que nadie se hacía eco.

Otro terreno explorado con mucho éxito por la ultraderecha austriaca con vistas a generar conversación ha sido la ruptura de tabúes. La ruptura de un tabú produce, casi inmediatamente, una reacción emocional en todos nosotros (la propaganda no trabaja en el cerebro, sino en la emoción), porque nuestra educación está hecha de tabúes, de límites que nos pusierons nuestros padres. Y, diabólicamente, tanto si la emoción es positiva, como si es negativa, se puede sacar réditos de ella en términos de propaganda.

El partido del que estamos hablando, por ejemplo, ha conseguido que todo el mundo hable de él a base de presentar un documento que ellos sabían, de antemano, que era absolutamente inaceptable por maximalista o, directamente, por chorra. El texto del documento ha corrido como la pólvora por las redes sociales produciendo lo que ellos querían: emoción. Rechazo o escándalo (mira qué bestia es esta gente: compartir) o amor incondicional (por fin alguien se atreve a decir la verdad: compartir esta publicación).

En ambos casos, un partidillo que, en términos de peso político es una formación marginal, ha conseguido un eco formidable. Y lo más importante: gratis totalmente.

En Austria, en los noventa, cuando Jörg Haider empezó su carrera ascendente como líder ultraderechista y populista, el tabú máximo era el nazismo o, más en concreto, la participación austriaca en la dictadura nacional-socialista. Cuanto más sólido es un tabú, más fácil de derribar es. Así que uno de los grandes golpes mediáticos de Jörg Haider fue afirmar algo que, desde nuestro punto de vista actual resulta bastante suave y fue que, entre los soldados austriacos que lucharon en la Wehrmacht (muchos señores que, en aquel momento, aún estaban vivos para oirle) también se habían dado casos de heroismo y de valentía. Hasta entonces, conforme a la cultura de posguerra que se había asentado en Austria, el nazismo era „el mal“ (imaginen mis lectores a los orcos del Señor de los Anillos) y Austria había sido la flor cortada por los monstruos.

El tabú roto por Haider motivó inmediatamente reacciones y las reacciones, conversación. Conversación, conversación.

Otro motivo para que internet se haya convertido en el arma propagandística por excelencia de la ultraderecha, un arma propagandística que los partidos normales, aceptémoslo, apenas usan o usan de una manera muy incompetente, es su coste. Las redes, si se sabe pulsar las teclas apropiadas, cunden mucho por una cantidad de dinero irrisoria.

También, porque en las redes, por la pura naturaleza de nuestra percepción de ellas (la gente de mi generación las ha visto crecer y las observa como algo inofensivo y los nacidos en el siglo XXI las observan como algo inofensivo porque han crecido con ellas) no nos parecen un medio al que tengamos que exigirle veracidad.

Pokemon Go

En internet se pueden decir soberanas estupideces (desde que la tierra es plana a todo el contenido de Forocoches) sin que nadie nos exija que nos retratemos y pongamos pruebas sobre la mesa. Al fin y al cabo internet ha sido y es gratis (aunque eso puede estar a punto de cambiar) y a lo que es gratis no se le exige ningún tipo de calidad.

Por último, quizá no esté de más mencionar que, del mismo modo que las películas nos hacen perder la referencia de la estatura de la gente y un señor pequeñito como Tom Cruise (mide algo más de 1,65) nos parece un tiarrón, en internet es muy fácil perder la perspectiva de cuánta gente está detrás de una idea. Es más: es mucho más fácil hacer suponer que uno cuenta con unos grandes apoyos que, como un andamio de falsedad, atraerán más.

Todas estas y otras estrategias las lleva utilizando la ultraderecha austriaca durante mucho tiempo. Es más: todas estas y otras estrategias les han llevado al Gobierno. En Austria la cosa empezó igual que está empezando en España. Personalmente, me muero de curiosidad por saber en qué parará todo esto ¿Mis lectores no?

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2 Responses to El chorizo prohibido

  1. Anselmo dice:

    Me parece que: A pocos meses vista asistiremos a una derechizacion del PP y nada más. Otra cosa es si se producen recortes fuertes en gasto social, como consecuencia del fin de la facilitacion cuantitativa del BCE. En ese caso, habría algo de agitación social y un cierto aumento de la tendencia a los extremismos tanto de izquierda como de derecha.

  2. Luis dice:

    Siento más aprensión que curiosidad. Presiento que los términos del debate político se polarizarán (aún más); el terreno común de valores compartidos se achicará (aún más); los lemas, las consignas y las disquisiciones simbólicas triunfarán (aún más) sobre las propuestas de políticas constructivas y aplicadas a un futuro mejor o menos malo; el campo de juego será (aún más) un lodazal y vaya en general iremos (aún más a peor).
    Ojalá que así no sea.

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