5 ventajas de enamorarse de un austriaco/a

Después de la economía, el amor es una fuente constante de aumentos en la población de este bonito país. No es de extrañar: todo son ventajas.

Con ser muy importantes, los motivos de índole económica son mucho menos importantes que la fuerza que trae a muchos inmigrantes a Austria: el amor.

Hay muchas y buenas razones para poner en tu vida a un/a austriaco/a y hoy vamos a intentar pasarles revista.

La prime: liarse con un aborígen tiene un efecto muy beneficioso sobre las neuronas y, si se hace bien, alejará el peligro de padecer la enfermedad descubierta por el doctor Alzheimer. Eso de tener que estar cambiando de idioma para discutir, para hablar con el niño, para ser simpático con la bruj…Digooo con la suegra, implica que el cerebro esté siempre en perfecto estado de revista. Por no hablar de que discutir/negociar en un idioma que no es el tuyo materno implica una actividad neuronal sumamente exigente.

La segun: si usted, cuando vivía en España, era una persona a la que le pasaba como a Agneta, la de ABBA, en Thank you for the Music, o sea, que si usted contaba un chiste era muy probable que ya se lo supiera todo el mundo, ha venido al país ideal porque si usted está casado/a, liado/a con un austriaco/a es muy probable que, en su casa, el gracioso sea usted. Y eso es un plus, qué duda cabe. Y no porque los austriacos no tengan sentido del humor (que lo tienen, menos en la bonita localidad de Salzburgo y sus alrededores, en donde las criaturas nacen, pobres, con ese defecto congénito) sino porque un extranjero en casa es una fuente contínua de chascarrillos. En las cenas familiares, en mi caso por ejemplo, se siguen desencuadernando de risa recordando las miles de veces que he metido la pata. Si no es eso, se cachondearán del acento de usted. Un consejo: !No se le ocurra quitarse ese acento ni por lo más remoto! Es más, si puede ser, exagérelo, como hacía Rafaella Carrá con el suyo o como Carmen Sevilla exageraba sus olvidos. Hágame caso: me lo agradecerá.

Tercera ventaja: aprenderá usted muchísimas cosas que los españoles, por lo común, desconocen. Y no me estoy refiriendo a que la mujer del emperador Paco Pepe estaba más loca que Lady Di (como dice mi abuela, „que mis palabras le sirvan de gloria“) sino cosas muchísimo más útiles y que hacen la vida más agradable: por ejemplo, almorzar y cenar a unas horas razonables, o que los informativos en la televisión, no deben de consistir necesariamente en diez minutos de noticias (por llamarlas de alguna manera) y cincuenta de fútbol. Señora: otro mundo es posible. También es probable que, por vía amorosa, aprenda muchas cosas que quizá deseó no saber, como por ejemplo que la nata montada es uno de los ingredientes fundamentales de cualquier guiso, o que cosas que en los países civilizados son postres que podrían provocar la muerte por hiperglucemia, aquí son comidas principales y que la mantequilla es sanísima (los güevos, con perdón) y el aceite de oliva una barbaridad culinaria. Resignación, amigo/a.

Cuarta ventaja: es muy probable que en su relación se pase usted un ochenta por ciento del tiempo que no dedique al sexo aplacando (o intentándo aplacar) la impaciencia de su santito/a. Creo que no es la primera vez que lo digo en este mismo espacio y más que probablemente no será la última, pero es así: los austriacos son impacientes en un 99,9% de los casos y tienen una resistencia muy baja a la frustración. Naturalmente, esto también es un indicativo de una ventaja que usted, como cónyuge, no tardará en apreciar y es lo requetebién que funciona todo en este país. Yo creo que es porque todo el mundo tiene miedo de la impaciencia ajena sobre las adversidades. Por otro lado y ya a título personal, mientras usted intenta que su cónyuge/a deje de berrear lo de „I want it all and I want it now“ a cada contrariedad, fortalecerá usted, qué duda cabe, su paciencia propia, que es algo que redundará en la salvación de su alma y, si no es creyente, en su propia paz espiritual.

Quinta ventaja (aunque yo estoy seguro de que al lector se le ocurrirán más): aunque sé que no es un consuelo si, después de haberse venido a Austria, „con las maletas llenas de sueños“ la relación al final, hace chimpún, es más que probable que, la siguiente relación que usted tenga, sí que sea “la refinitiva” y funcione ¿Y por qué? Pues por una sencilla razón: después de haber tenido una relación con una persona de otra cultura, en otro idioma, en un país extraño y lleno de personas impacientes ¿Qué más le puede pasar, que le atropelle un tren de mercancías? Pues eso.

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