8 de Marzo: día del hombre

Hombre pensativoCalzoncillos con relleno, sueldos bajos, infrarrepresentación de los hombres en puestos directivos. El mundo es como es, pero podría ser de otra manera.

Para todos y todas los machistas que estarán leyendo estas líneas, con el deseo de una pronta mejoría.

8 de Marzo.- Hoy, queridas lectoras, celebramos un día muy importante que, en los últimos años ha ido cobrando fuerza hasta cambiar los valores de toda la sociedad: hoy es el día del hombre.

Parece mentira que a las alturas de la Historia de la Mujer a las que nos encontramos, los hombres sigan tan discriminados como lo están y que desde casi todas las instancias, aún haya voces que sigan defendiendo un modelo, el del matriarcado, que ya no hace felices ni a nosotras, las mujeres, ni tampoco, por supuesto a ellos: a los hombres.

Sin ir más lejos, sorprenden (o no) las declaraciones de la jefa de la Iglesia católica, la papisa Francisca, la cual, frente al colegio de cardenalas, adoptando un aire grave, afirmó que el andrismo no es más que un hembrismo con pantalones.

Naturalmente, cuando la papisa dice esto, lo dice desde la cabeza de la institución que ha consagrado, desde hace siglos, el matriarcado y, con él, el papel del hombre como una criatura a la que solo le están destinadas las tareas del hogar, siempre a la sombra de la mujer, así como unas cualidades de carácter, como la dulzura, la pasividad y la resignación amparadas en una supuesta especificidad biológica del hombre.

El campo profesional es también un campo de batalla lo mismo para los hombres andristas que para nosotras.

A pesar de que nos llamen „andrinazis“ y cosas peores.

Las cifras cantan: los hombres tienen una tasa mucho mayor de temporalidad y de precariedad que las mujeres, así como un gran número de contratos a tiempo parcial.

Asimismo nosotras, las que vivimos en Austria, no podemos dejar de reconocer que la sociedad austriaca es tremendamente hembrista, aunque haya muchas que, siguiendo el ejemplo de la papisa Francisca no lo quieran reconocer y vean extremismo en lo que, en realidad, no son más que reivindicaciones que caen por su propio peso.

Por ejemplo: como ya decíamos más arriba, en el mundo del trabajo.

En Austria, tácitamente, se sigue discriminando al hombre salarialmente, con el argumento de que „una madre de familia“ que lleva el dinero a casa tiene que ganar más dinero que un padre que solo „ayuda“ en los gastos.

Reflejo de esto es también que se siga viendo mal que los hombres quieran progresar en su trabajo y no subordinen su carrera al cuidado de la prole. Vocablos como „Rabenvater“ para los hombres que no consumen toda su excedencia paternal, dan fe de este tremendo problema hembrista, así como el ancho abismo salarial que existe entre los dos sexos. También es imprescindible romper el techo de cristal al que los hombres deben enfrentarse a la hora, por ejemplo, de acceder a posiciones directivas y que nosotras, las mujeres, no sufrimos. En el mundo hay un número prácticamente insignificante de grandes directores de empresas y los hombres están infrarrepresentados en los consejos de administración, por no hablar de la política, que sigue siendo un reducto del matriarcado en el que hay unos pocos hombres que tratan de abrirse paso.

Es imprescindible también poner el foco en el problema sangrante de la violencia contra los hombres.

En los medios austriacos, se suele encubrir esta cuestión con términos del tipo „drama familiar“ o „violencia doméstica“ cuando no es así: los hombres padecen violencia porque las mujeres maltratadoras consideran que los hombres son propiedad suya, que son, por la mera razón de su sexo, seres inferiores. La humillación aumenta de grado hasta que las amenazas verbales se concretan en violencia y en muerte. Es inadmisible.

Una manera de hacerlo es la educación: debemos terminar ya con el estereotipo del hombre dulce y pasivo, cogido en la trampa del amor romántico. Los niños, desde pequeños, están sometidos al bombardeo de la producción audiovisual más casposa, como los príncipes Disney, que les enseñan que lo más importante es estar guapo, siempre disponible para el capricho de la mujer.

Debemos desterrar para siempre del lenguaje las frases que consagran el estereotipo. Eso de „No te portes como un hombre“ o aquello de „A este, su mujer seguro que no le folla“ o „¿Qué pasa, que estás con la andropausia?“.

Son el pan nuestro de cada día para muchos hombres que se tienen que enfrentar día a día a „microhembrismos“ de mujeres que van labrando gota a gota el estereotipo del hombre inferior a la mujer.

Estos microhembrismos, suponen también una constante presión para que los hombres se adapten a un canon estético completamente antinatural. Calzoncillos con relleno en el culo y en el paquete, operaciones estéticas, a veces peligrosas, para tener esos pectorales y esos bíceps perfectos (e inalcanzables) con los que les bombardea la publicidad.

Las dietas, las proteinas que nos acaban destrozando el hígado y los riñones y, por supuesto, la vigorexia, que se está cebando en los hombres más jóvenes y que no es más que una manifestación del estereotipo que nos encarcela a todas, tanto a los hombres como a nosotras, las mujeres, que no nos deja envejecer como seres humanas normales, que no nos deja aceptar la diversidad de nuestros cuerpos y que nos condena, a nuestro pesar, a formar parte de ese reemplazo inagotable de cuerpos artificiales a los que cosificar.

Los hombres son más que unos abdominales y unos pectorales. Terminemos ya de una puñetera vez con el hombre-florero, que se utiliza como reclamo en anuncios y programas de televisión.

Hay que enseñar a los niños a estudiar también cosas tradicionalmente consideradas „de chicas“ y educarles en la osadía, en la audacia, sólo así podremos terminar ya con la lacra del hembrismo.

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Queridas lectoras, queridos lectores: todo lo anterior son ejemplos de machismo cotidiano, que admitimos sin pestañear en la mayoría de los casos, dados la vuelta para que se vea lo absurdos que son. Nuestra sociedad se puede cambiar y el mundo se puede convertir en un lugar mucho mejor para todos ¿Empezamos desde hoy?

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