Elizabeth T. Spira ha fallecido

Una gran dama del periodismo, Elizabeth Spira, ha fallecido estos días. Repasamos hoy su figura.

10 de Marzo.- Los veranos ya no van a volver a ser lo mismo.

Desde que vivo en Austria, los meses más cálidos del año eran, para mí y para otros muchos telespectadores austriacos, el momento de disfrutar de lo lindo con el personal sentido del humor de Elisabeth T. Spira, inteligente y cachondísima entrevistadora de gente anónima, en su programa Liebesgeschichten und Heiratsachen.

Gracias a este programa, una de las joyas de la televisión pública, por cuyo segundo canal se emitía, los austriacos han aprendido muchas cosas de sí mismos y también, por qué no, han aprendido también que en casi cada cuarto de estar de este país hay una reproducción de El Beso, de Klimt.

Spira nació en Glasgow, en Inglaterra, en 1942, y era hija de Eva Spira, de soltera Zerner y de Leopold Spira, uno de esos hombres con una biografía apasionante, en un tiempo, la Europa de entreguerras, que tanto se prestó a que surgieran personas de biografía apasionante. Quizá merezca la pena hacer un paréntesis y detenerse brevemente en la vida Leopold Spira. Spira padre era judío y desde muy pronto se situó al lado izquierdo del espectro político, progresismo que su hija heredó, que el padre no abandonó nunca, y que le llevó a unirse, como a otros muchos austriacos, a las Brigadas Internacionales en nuestra guerra civil, en donde combatió al fascismo. La guerra mundial y el nazismo le llevaron, como a otros muchos de sus compatriotas, al exilio, en el Reino Unido en donde se casó y tuvo dos hijas, Margaret y la propia Elizabeth Spira. Cuando la familia Spira, terminada la guerra, volvió a Austria, el padre se alistó al Partido Comunista Austriaco y, años después, fue pionero en Austria del Eurocomunismo de Enrico Berlinguer.

Elizabeth Spira estudió periodismo e hizo un doctorado.

En 1972 empezó a trabajar en el semanario Profil, pero ahí duró poco. En 1973 se incorporó a la plantilla de la ORF y durante una década, hasta 1984, fue parte de la plantilla del programa Teleobjektiv. Como una prolongación de Teleobjektiv surgió la mítica serie Alltagsgeschichte (Historias de todos los días) en donde Elizabeth Spira empezó a forjar un estilo seco, visualmente muy limpio, que tendría su equivalente en cine, por ejemplo, en Ulrich Seidl.

El espejo que Spira ponía delante de los ojos de los austriacos no era amable ni mucho menos. Famoso (y sumamente polémico) fue el programa que Spira le dedicó al antisemitismo en Austria. Ella misma contó que la idea surgió cuando un día escuchó en una tertulia de un restaurante a un grupo de hombres mayores que hacían comentarios antisemitas sin ningún tipo de vergüenza. Spira no tuvo que hacer nada especial para volver a captar aquellos comentarios. No fue un reportaje de cámara oculta. A plena luz del día, en un bar normal austriaco, el público en horario de máxima audiencia pudo ver a unos señores que, sin ocultarse lo más mínimo, decían barbaridades.

Mítico también es el programa que Spira le dedicó a la zona nudista de la Donauinsel, y que pertenece a los recuerdos más entrañables (bueno: entrañable quizá no sea la palabra) de aquellos que han echado los dientes en este país.

Las Alltagsgeschichte duraron hasta 2006, momento en el que Spira, quizá cansada de las polémicas constantes, se lanzó a su siguiente proyecto Liebesgeschichten und Heiratsachen (llamado así por una obra de teatro de Johann Nestroy). Se trataba de buscarle pareja a gente solitaria.

Durante 22 temporadas, todos hemos visto el lado más friki y más horriblemente tierno de este país. Liebesgeschichten und Heiratsachen era muy atractivo porque Elizabeth Spira no juzgaba a nadie. Se limitaba a dejar hablar a la gente, casi siempre en plano general y, si alguien se atascaba, hacía preguntas que solo servían para darle pie al entrevistado. El principal atractivo de Liebesgeschichten era que la gente contaba su historia y nada hay que le guste más al ser humano que el que le cuenten cuentos.

El año pasado, Elizabeth Spira dijo que la del año pasado sería la última temporada de su programa -estaba ya enferma- pero el clamor popular fue tal, que tuvo que decir que intentaría seguir mientras la salud se lo permitiese.

Elizabeth Spira deja un viudo, Toni Spira (actor del Burgtheater). Por cierto, siempre vestía de negro. No por nada, sino porque era su color favorito.

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