Inventando el Isotype

Sin este invento de un matrimonio vienés, es probable que el mundo fuera bastante más difícil de entender. Con ustedes, los Neurath.

12 de Marzo.- Una de mis incapacidades más rebeldes es la de la conducción. Debido a mi falta de conocimientos y, a qué negarlo, mi completo y granítico desinterés a propósito del sector de la automoción, soy un copiloto nato.

Debido al papel pasivo que siempre desempeño en los coches, tengo mucho tiempo para pensar. El otro día, por ejemplo, mientras iba en un autobús, pensé que uno de los logros de la Humanidad, a pesar de que a mí me aburra muchísimo, es el código de la circulación y sus señales. Son un lenguaje solidísimo, que no deja ninguna concesión a la ambigüedad y que, además, es prácticamente universal. Es un esperanto de imágenes que lo mismo se entiende en Pekín, que en Bagdad que en Burkina Fasso. Naturalmente, con el lenguaje de las señales de tráfico no se pueden decir muchas cosas ni muy complejas, pero que sea comprensible por todos nosotros en mayor o menor medida, no deja de ser una cosa fenomenal.

Casualmente, estos días pasados me enteré de que una gran parte del mérito de esto, así como de la invención de los pictogramas, sino los cuales nuestra civilización no sería posible (¿Cómo conseguiríamos acertar con el servicio de caballeros o de señoras o encontrar la salida de emergencia?) pertenece a un matrimonio vienés, el formado por el ecónomo Otto Neurath y su santa, Marie Reidemeister.

En los años treinta, cuando a él le nombraron director del GSW (o sea, del Museo de la Sociedad y de la Economía, de la primera república austriaca) se dieron cuenta de que hacía falta un lenguaje unívoco y universal que traspasara las barreras idiomáticas y desarrollaron el llamado Isotype, o sea „International System of Typographic Picture Education“. Se trataba de pictogramas, o sea, dibujos lo más simples posibles, que contuvieran la información estrictamente imprescindible, y que por lo tanto fueran comprensibles en todas las partes de la Tierra.

Neurath, su mujer y un equipo de tres diseñadores gráficos, Gerd Arntz, Augustin Tschinkel y Erwin Bernath– consiguieron la hazaña de crear un vocabulario completo de imágenes que permitían también expresar estadísticas por medio de dibujos y que, en gran parte, seguimos utilizando hoy. Había pictogramas para hombre, para mujer, para gato, para perro, para camión, teléfono, tren y mil cosas más. El método de trabajo que Neurath le impuso a sus diseñadores gráficos fue el que trabajaran con la mayor sencillez posible y sin hacer ninguna concesión a la subjetividad. Se recortaban formas simples en papel y se combinaban.

Los años treinta del siglo pasado, como todo el mundo sabe, fueron una época muy convulsa para Austria, sobre todo para toda la „inteligentsia“ del país. Como muchos otros intelectuales, la llegada del nazismo supuso para Neurath y sus colaboradores el principio del exilio. Primero, a Holanda y luego, cuando los Países Bajos fueron ocupados, a Inglaterra.

En 1940, Neurath falleció en el exilio. Gerd Arntz tomó el relevo en 1945 de la obra de su jefe y se permitió -quizá el fin de la guerra mundial así lo aconsejó- introducir cierto humor en los gestos de los personajes que dibujaba.

La obra conjunta de este equipo tuvo una influencia fundamental en la civilización moderna y ha tenido continuadores hasta la actualidad.

Los pictogramas internacionales que se utilizan en estaciones, aeropuertos y diversos medios de transporte y que están basados en el trabajo de Neurath han sido diseñados por Roger Cook y Don Shanosky, dos diseñadores gráficos que trabajan en el American Institute of Graphic Arts.

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