Delitos preposicionales

Un ciudadano austriaco va a tener que pagar más de 200 Euros por culpa de una preposición. Veamos por qué.

14 de Marzo.- Mis amigos y yo, reconozcámoslo, somos muy frikis y estos frikismos se manifiestan fundamentalmente en las cosas de las que nos reimos.

Una de las cosas que nos hacen más gracia es el último príncipe heredero austriaco, Otto von Habsburg (Otón se hubiera llamado en castellano, porque nosotros tenemos la manía de traducirlo todo).

Otto era un caballero canijo, con pinta de notario, muy beatón, el cual vivió en España después de la muerte, en Madeira, de su padre el último emperador (en el palacio de La Magdalena, de Santander, que no es mal chalé para pasar un exilio) y que más tarde vivió bajo el franquismo relativamente feliz, intentando, como era su obligación dinástica, si no que le devolvieran el trono perdido, sí por lo menos que le dejaran volver a Austria a comer tarta Sacher y visitar el palacio de Schönbrunn como un turista (plebeyo) más.

Don Otto (por cierto, tenía nombre como de cantante de reguetón o de Trap) alcanzó una edad muy avanzada pero, de acuerdo a una costumbre muy extendida, en algún momento de principios de este siglo le dio por morirse. Para celebrar su figura, un fragmento nada despreciable de la historia de este país, se elaboraron entonces documentales laudatorios en los que se glosaron las múltiples cualidades del finado. Una de ellas era su muchilingüismo, producto de su asendereada biografia y de cierto talento natural para los idiomas.

Salía Don Otto, menudito, calvorotilla, en Hungría hablando en húngaro, en Francia hablando francés, en Alemania hablando alemán y en el parlamento europeo hablando (supuestamente) español. Ufano, Don Otto miraba a cámara y decía a la grey europarlamentaria :

-Señorres ¿Estamos todos votados ?

Esta mínima anécdota se ha convertido en una contraseña que, si bien no le quita mérito al muerto (Julio Iglesias lleva décadas basando su éxito internacional en maltratar todos los idiomas en los que canta) nos hace morirnos de risa a nosotros. Cuando llegamos a un restaurante, por ejemplo, para comprobar si estamos todos, decimos esto de «¿Todos votados ? » y la carcajada es instantánea.

Cuando Don Otto llevó a cabo la ocurrencia de echarse a dormir para no despertarse nunca más, le dejó la pesada carga de administrar los millones de los Habsburgo a su hijo Karl, un caballero con pinta de criador de caracoles de raza que está casado con Paquita, célebre coleccionista de arte, hija de Heinrich Thyssen y, por lo tanto, hijastra de Tita Cervera.

Cuando Paquita y Karl –o Carlos- están en España, por ejemplo, o de vacaciones en cualquier resort internacional de esos que los millonarios utilizan para alimentar con su lujo la vida de tantos pobres, tanto Karl como Paquita pueden firmar las facturas del hotel como Karl VON Habsburg (Carlos DE Habsburgo) pero, si deciden ir a esquiar a los Alpes austriacos, el VON, en virtud de una ley de la Primera República austriaca que abolía los títulos y las aristocracias (Adelsaufhebungsgesetz) Carlos y su esposa, la Paqui, pasan a llamarse Karl Habsburg y Paqui Habsburg, sin el de, o sin el von.

O sea: como si el rey nuestro señor, en vez de llamarse Felipe DE Borbón y Grecia se llamase solo Felipe Borbón Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (sí : la Reina madre, doña Sofi se llama así de verdad, con ese salchichón de apellido tan largo ; por eso, para que la pobre no tuviera que empalmar dos DNIs se dejó la cuestión en Grecia).

Ocurre « sin encambio » que Karl es más conocido con el Von que sin el Von, así pues, cuando se hizo una güeb para anunciar sus cosas dinásticas y de las otras (o sea, sus millones), decidió llamarla karlvonhabsburg.at, cayendo en flagrante ilegalidad, por lo menos dentro de la República Austriaca. Porque él, en Austria, ni bajo dominio internáutico austriaco, puede utilizar el Von sino que es un ciudadano más, por lo menos a efectos onomásticos.

Actuó la ley de oficio y Karl ha sido condenado a pagar doscientos y pico euros (o sea, el sueldo de un año de un becario español) por haber incurrido en este delito preposicional.

De momento, la sentencia no es firme y cabe recurso.

Entretanto, probablemente, a Karl con o sin von le estarán entrando unos sudores fríos iguales que los de Urdangarín. Angelico.

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Un comentario a Delitos preposicionales

  1. Luis dice:

    Paqui, haz como Tita y tráete tu colección de arte a España, que aquí te dejamos llamarte como quieras, alhaja.

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