Últimas preguntas

¿Está uno obligado a contestar cualquier cosa que le pregunten en una entrevista de trabajo? Por cierto que no.

15 de Marzo.- Cuando yo era niño, en la España de los ochenta, la vida estaba muy achuchada.

Sobre todo para los que, como nosotros, éramos pobres (familia trabajadora, que vivía en lo que entonces era un extrarradio de Madrid crecido a la buena de Dios en plan jungla urbanística salvaje).

Como mi hermano y yo éramos ya mayorcitos e íbamos al colegio y aprovechando la coyuntura de que cerca (bueno, relativamente) de mi casa abrieron un Continente (hoy, Carreful), mi madre echó un curriculum para trabajar en la limpieza de dicho centro comercial.

En aquella época, cuando mi madre contaba la entrevista, yo era un niño y casi no prestaba atención a lo que debió de ser un acto de humillación gratuito, innecesario y completamente sádico por parte de un entrevistador que se aprovechó de la situación de superioridad que, a su juicio, le concedían las circunstancias, para humillar (o tratar de hacerlo) a una señora que valía, como luego se ha demostrado, muchísimo más que él. Aquel indivíduo, empezó a hacerle a mi madre preguntas que no tenían nada que ver con el trabajo que iba a desempeñar.

Le preguntó, por ejemplo, por la profesión de mi abuelo (entonces, mi abuelo no se había jubilado aún y era Guardia Civil) y le preguntó también a mi madre por sus ideas políticas (de ella, no de mi abuelo) y por lo que pensaba del terrorismo etarra.

Mi madre, con una paciencia que habla mucho de su nobleza de carácter, aguantó aquella situación con mucho temple, aunque creo recordar que, llegado algún momento, expresó educadamente su curiosidad a propósito de qué tenía que ver la eta con lo de manejar la balleta, menos en que eta y balleta riman.

Mi teoría es que aquel señor que la entrevistó ya sabía que no le iba a dar el trabajo y que , como tenía que cubrir el expediente, se entretuvo un rato con ella.

Esta anécdota de mi infancia, que habla también y mucho del machismo y del clasismo imperante en la sociedad española (hoy en día también) me ha venido a la cabeza al leer un artículo en el que explicaban aquellas preguntas que, en Austria, son absolutamente improcedentes en una entrevista de trabajo.

Como sospecho que algunos de mis lectores puede estar en esta situación (más tarde o más temprano estaremos todos, dados los tiempos como están) he pensado que sería útil dedicarle un post (y, si me paso, igual dos) a esta cuestión que puede ser tan socorrida. Porque la mejor manera de luchar contra determinadas cosas es la información.

Entrando en materia: ¿Qué cosas no se pueden preguntar en una entrevista de trabajo?

Maternidad

Por ejemplo, un aspecto que algunos entrevistadores pueden caer en la tentación de preguntar, particularmente a las mujeres (esto, para quien diga que ellos ni machistas ni feministas, que ellos están por la igualdad) es si esa mujer en cuestión quiere tener niños en el futuro.

Naturalmente, hay maneras indirectas de preguntar esto (todo depende de lo sutil que sea el entrevistador) como por ejemplo preguntarle a la persona cómo se reparten ella y su pareja el cuidado de los niños o, en Austria, cuánto tiempo llevan casados.

Pues bien: el entrevistado (frecuentemente la entrevistada) no tiene ninguna obligación de contestar a esta pregunta. Es más: suponiendo que la persona esté embarazada y que no sea evidente, a la candidata le asiste su obligación legal de guardar silencio a este respecto y de no decirlo y si, pongamos, la emplean y luego ella anuncia que va a tener un niño, nadie la puede acusar de haber sido desleal, porque responder a estas cuestiones podría dar lugar a una discriminación.

Esta regla tiene una excepción: supongamos que una mujer vaya a trabajar de técnico de radiología en un hospital o con sustancias químicas peligrosas. En este caso, deberá informar de su embarazo, como es lógico.

Otra cosa que no le pueden preguntar a uno es si tiene antecedentes penales o si ha cumplido condena de alguna manera.

Naturalmente, para evitar otra discriminación y porque, si se pudiera preguntar, ninguna persona que hubiera tenido un tropiezo y hubiera pagado su deuda con la sociedad tendría ninguna posibilidad de conseguir un trabajo nunca que le permitiera reinsertarse.

Esta regla tiene sin embargo una excepción y es aquella en la que el delito cometido pudiera o pudiese tener algún tipo de conexión con el trabajo a realizar. Por ejemplo una persona acusada de abusos sexuales a menores que pidiera trabajo como monitor de campamento o una persona que hubiera sido condenada por malversación que pidiera trabajo vigilando los fondos de una fundación. O si se presenta uno a una plaza de vigilane de seguridad, es normal que su jefe quiera saber (y deba) si antes ha sido vecino de Soto del Real.

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¿Es usted gay? ¿Es usted lesbiana? También dos preguntas que son absolutamente improcedentes. Directa o indirectamente. Naturalmente, por evitar cualquier tipo de discriminación y también, añado yo, porque hasta ahora la homosexualidad no ha sido nunca impedimento para que la gente haga bien su trabajo. En el mismo capítulo está prohibido preguntar a propósito de creencias religiosas o politicas, así como a propósito de la pertenencia a partidos políticos, a asociaciones o grupos cualesquiera.

¿Tiene usted alguna enfermedad? Ninguna persona tiene por qué saber que el candidato a un trabajo, por ejemplo, es seropositivo. Esta regla tiene solamente una excepción, que es muy parecida a lo de los delitos. Supongamos que haya una persona que padezca de narcolepsia (o sea, que se quede cuajado sin poder controlarlo) y que se presente a cubrir una plaza de conductor de locomotoras en la red de trenes de cercanías. En este caso, dado que la enfermedad podría interferir con su labor, tendría que avisar a su empleador de esta propensión suya a quedarse dormido.

Por supuesto, durante un proceso de selección para un trabajo no tiene nadie obligación de que le hagan análisis de orina ni de sangre ni cosas parecidas.

Tampoco son procedentes por ejemplo preguntas relativas a la situación financiera del candidato (David Broncano le pregunta a todos sus invitados a su programa cuánto dinero tienen, y cada uno contesta en serio o en broma). Naturalmente, si a uno le contratan de tesorero de la Hermandad del Cristo de la Pata Arrastra de Sevilla, es normal que los cofrades quieran saber si uno es un poquito mirado con el dinero. Pero si no, este tipo de cosas son completamente improcedentes.

Por supuesto, cabe la pregunta de cómo se escurre uno de preguntas semejantes. Entre el „oiga, no procede que usted me pregunte esto“ y cualquier salida humorística (o que intente serlo) hay una amplia gama de respuestas que también dependerán, naturalmente, de la necesidad que uno tenga del trabajo y de la tolerancia que esa necesidad dicte.

En el hambre de uno, naturalmente, no manda nadie más que uno.

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