Se les rompió el amor

Los vínculos entre el FPÖ y la escena ultraderechista y neonazi austriaca han conseguido lo que parecía imposible: que el canciller y el vicecanciller se peleen en público.

3 de Abril.- Ayer en el telediario de las diez de la noche de la televisión pública austriaca, esa que, algunos, estamos orgullosísimos de financiar con nuestros impuestos, una conversación que hoy por la mañana ha traido consecuencias.

En el plató, Armin (yo repregunto siempre) Wolf y el portavoz del grupo parlamentario del FPÖ en el Parlamento Austriaco, Walter Rosenkranz. Rosenkranz (que no es pariente, por cierto, de Barbara Rosenkranz) acudió a la cita con una americana parda (no me resisto a consignar el dato, porque en los pequeños detalles está el alma de las cosas). Acudió en sustitución de la persona a la que la televisión pública austriaca había invitado originalmente, o sea, al vicecanciller Strache.

El motivo de la charla que, como suele suceder con los políticos ultraderechistas en estas circunstancias, empezó con una corrección un poco tensa y terminó a un paso de acordarse de la madre del entrevistador, era discutir los vínculos del FPÖ con los famosos Identitarios, concretamente en la exigencia del señor canciller, Sebastian Kurz, de que el FPÖ, partido que le sostiene en el Gobierno, cortase todos los vínculos con una organización notorialmente ultraderechista en la que militan notorios neonazis.

Al principio de la charla, Rosenkranz se enrocó en la que, hasta ahora, ha sido la línea de la versión oficial del FPÖ, esto es: no se puede tener una función en el partido y, al mismo tiempo, trabajar para los Identitarios.

Y aquí le estaba esperando Armin Wolf, el cual cogió la pelota, subió por la banda y, cuando llegó al área contraria, transformó varios pases de sus documentalistas en sendos tantos que dejaron al señor Rosenkranz con una parte de su cuerpo al aire que a cualquier persona normal le gusta llevar cubierta en público.

Sin prisa, pero sin pausa (y con un puntito de recochineo, hay que reconocerlo) Armin Wolf empezó a sacar documentación (Rosenkranz también había traido la suya, por cierto).

Lentamente, para defenderse del acoso de Wolf, la defensa de Rosenkranz se transformó del „yo no sé“ en un „yo no quiero saber“ y finalmente, cuando estaba ya a un tris de acordarse de la profesión de la progenitora de Armin Wolf, el dardo supremo: ese momento impagable en el que Walter Rosenkranz, rojo como un pimiento y a punto de perfer la sangre fría, termina por reconocer que piensa que el canciller Kurz (el jefe del Gobierno austriaco) es un tipo intoxicado por las noticias que publican los medios (todos izquierdosos) en lo que, sin duda, es una campaña orquestada y blablablá.

Uno se imagina al vicecanciller en su casa, con la „señá Felipa“ sentada al lado (el tierno bebé en la cuna). Viendo la televisión y musitando:

-Que cuele, Dios mío, que cuele.

Y al escuchar lo del canciller intoxicado tapándose los ojos y diciéndole:

-Felipa, estoy rodeado de inútiles y estériles portavoces.

Las consecuencias de esta charla y del runrún mediático de estos días se han visto esta mañana. Vamos, se han visto poco en comparación con lo que, probablemente se podría haber visto. Uno no quiere ni pensar lo que ha debido de ser hoy la trastienda del Consejo de Ministros.

En la rueda de prensa posterior, y ante la visible incomodidad de su vicecanciller (aquí Victoria Prego podría uno de esos superlativos que le quedan tan bien), el canciller ha dicho claramente que el extremismo político no tiene sitio en ningún partido austriaco, ni siquiera en el que a él le sirve de sostén en el Gobierno.

En su turno de palabra, Strache, como un boxeador noqueado, ha intentado defenderse como ha podido, incluso ha hecho una alusión a „la juventud“ así, en abstracto, que lleva a mucha gente a perder los nervios. Ha pedido clama y ha pedido rigor. Una manera de decir también „yo en esto soy perro viejo, y tengo, como suele decirse „el culo pelao“ de que me salgan neonazis en las filas de mi partido; uno aguanta el chaparrón y a los dos días se acaba la cosa y aquí no ha pasado nada“.

Al darse cuenta del resbalón (Rosenkranz diciendo al canciller que se cree que es un brujo consumado y lo que pasa es que está intoxicado y Strache diciéndole que es un pipiolo que se lo cree todo) el vicecanciller ha intentado reparar el desperfecto y lo único que ha conseguido ha sido que fuera más y más patente que estaba metido hasta el cuello en un fregado del que no sabía bien cómo salir. Y, como decía aquel, „más peor“, en un fregado del que le iba a costar sudar tinta china salir.

Lo que sí que está claro es que hoy se ha producido, por primera vez, un hecho inédito: Kurz y Strache, Strakurz, lavando en la calle un trapo sucio de esos que, hasta ahora, solo se lavaban en casa.

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2 Responses to Se les rompió el amor

  1. Anselmo dice:

    <>

    Espero que el Sr. Rosenkraz sólo tenga en común con los camisas pardas el color de su chaqueta, ya que aquellos pobres terminaron pagando muy caras sus discrepancias, debidas a su poco pragmatismo, con su socio político (Hitler) en la Noche de los Cuchillos Largos.

  2. Anselmo dice:

    No ha salido la cita del encabezado del comentario, así que aquí va:

    » La Historia sólo nos enseña que la Historia no nos enseña absolutamente nada»

    ¿ Voltaire ?

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