Grasaza

Puesto de pizza y kebap en VienaComer mal mata más que fumar como un poseso. Absorber elementos tóxicos puede hacer que tengas un disgusto. Más de uno debería aplicarse el cuento.

4 de Abril.- La Organización Mundial de la Salud ha dicho hoy que comer mal mata más que fumar mucho. A buenas horas. En Austria, comer mal, por cierto, suele ser un daño colateral de la pobreza, y no porque se coma poco (que al revés) sino porque se come barato y es que, señora, en un pais como Austria, del primer mundo, comer medio bien (o sea, tratar de acercarse a la dieta mediterránea lo más posible) implica que te gastes el sueldo en frutas y verduras que compras casi a precio de pepita de oro. Y del pescado ni hablemos: eso sí que es ya como si las sardinas tuvieran la raspa de platino.

Yo lo he dicho siempre: en este país, los pobres están gordos y los ricos, modelo Celine Dion la cual, como decía Chus Lampreave en La Flor de Mi Secreto:

-Tanta dieta y tanta dieta: estás perdiendo el lustre.

Pues eso.

La pobreza material también trae la pobreza intelectual. Los pobres comen lo que ven por la tele y les enseñan que mola. Por ejemplo, las pizzas. Por ejemplo, las hamburguesas. Por ejemplo cantidades industriales de carne. Por ejemplo, harinas procesadas. Por ejemplo, azúcar a cascoporren. Por ejemplo, esa comida que nos traen los esclavos de la „economía colaborativa“.

Hay toda una industria audiovisual empeñada en mantener a la gente que tiene menos acceso a la cultura en una ignorancia dietética que luego les lleva al michelín (eso como poco) o a la diabetes tipo dos.

Se puede decir lo mismo con las organizaciones.

Como si se tratase de Elvis Presley, que empezó de Apolo peliteñido (Elvis era, de verdad, un rubiales que tenía que teñirse de azabache) y terminó haciéndole la competencia a Demis Roussos, las organizaciones llevan fatal lo de ingerir a indivíduos que tienen mucho que ver con las toxinas. Ellas, como las personas, tratan de quitarse de comer guarrerías (en este caso, de admitir gente indeseable, gentuza de esa con la que no irías a la puerta de la calle ni a comprar cien gramos de choped de pavo) pero nada, erre que erre. Podría parece que esas personas grasientas, esa gente que da como grima y tal, tuvieran para ciertas organizaciones un atractivo irresistible. Y claro, las organizaciones, como que no se pueden resistir y pican. Y ya se sabe. Cuando haces pop, ya no hay estop.

En esas está el FPÖ en estos momentos: la contundente toma de postura de Sebastian Kurz (a este paso, le vamos a tener que llamar más vale tarde que Kurz) en relación al tema de los Identitarios ha actuado como el dictamen de ese médico que te dice:

-!Pecador! Deja ya de ponerte ciego de torreznos, que vas a terminar con un desperfecto en el sistema coronario.

Tú, en la consulta del médico, agachas las orejas, pero luego, sales a la calle, pasas por delante de un puesto de Kebabs y no te puedes resistir. Te compras tres, claro. Y luego, cuando te asalta la culpabilidad, un mecanismo de tu psique reacciona y, en vez de decirte que eres un glotón miserable, la emprendes con el médico:

-!Qué se habrá creido el matasanos ese!

Así, exactamente así: han reaccionado muchos mandos del FPÖ, entre ellos el vicealcalde de la bonita ciudad de Graz. El cual ha descrito a los famosos identitarios como unos chavales bien majos que lo único que hacen es defender los roles sexuales tradicionales (o sea, llamémosle por su nombre a las cosas para no caer confusiones innecesarias: el machismo de mierda) y protestar contra el „exceso de inmigración“. Cosas ambas que él mismo suscribiría. De hecho, el vicealcalde de Graz ha acudido a varias concentraciones de estos chicos (según él) tan simpáticos. O sea: el caso típico de un diabético al que su suegra le regalase una caja de galletas Príncipe de Bequelar para „suicidarle“.

También en medios cercanos a los identitarios y al ala dura del FPÖ se han acogido las palabras de Kurz con indignación, sobre todo por la comparación de Kurz entre los islamistas y los extremistas de ultraderecha.

-!Habrase fisto! -decían ellos mientras la grasorra les chorreaba por las comisuras- poner en el mismo saco -ñam, ñam, glurps, glurps- a los batriodas -ñam, ñam- y a los musulmanes que quieren desgruir la civilización -glurps- eurobea -ñam, ñam.

En fin: la obesidad: esa lacra.

Articulo publicado en Política/Economía. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.