AMS

En Austria, como en España, también hay un grupo de gente empeñada en curar a personas que no están para nada enfermas. En España es ilegal. Aquí, no.

6 de Abril– Cuando yo era chaval, un poco antes del cambio de siglo, tuve la oportunidad de conocer a un chico al que todos, en el grupo, llamábamos „nacido ayer“. La cosa empezó como uno de esos encargos enojosos que a veces las madres les dan (vamos: les propinan) a sus hijos.

Un día, uno de los amigos, vino acompañado de este muchacho que era el hijo de un primo suyo o algo así. Nacido Ayer (NA, a partir de ahora) tenía esa fealdad medrosa de los indivíduos producto de la endogamia -era un poco Habsburgo para sus cosas– y además bastaba cruzar dos palabras con él para darse cuenta de que o bien a) le faltaba un tornillo o b) tenía un trauma horroroso por alguna razón, trauma que había hecho polvo sus habilidades sociales.

Al final se supo que b).

NA escuchaba mucho y hablaba poco y de vez en cuando ponía cara de pasmarote. Si de normal era feo, de pasmarote rozaba lo horrendo berrendo, pero nosotros, con la alegría propia de la edad, hacíamos como que no nos dábamos cuenta y le llevábamos de bares para ver si, con la ingesta, NA se iba soltando un poco. Pronto nos enteramos de la historia de NA (por terceros, no por él, que no soltaba prenda).

Resulta que el pobre muchacho venía de una capital de provincias pequeña (no quiero equivocarme, pero debía de ser Palencia o Astorga o similar). Total: a eso de los veinte años, NA le había confesado a sus padres que era homosexual. Sus padres, que eran supernumerarios del Opus Dei, pusieron el asunto en manos de un cura (¿Qué podía salir mal?). El cura, tras escucharle y tratar de que parase de llorar desconsoladamente, convenció a NA de que padecía una enfermedad terrible, llamada AMS (Atracción por el Mismo Sexo, no confundir con el servicio público de empleo austriaco). La buena noticia, dijo el cura, era que Jesús le amaba con ternura paternal y que con Su ayuda y la de la Vírgen Santísima y, por supuesto, con mucha perseverancia por parte de NA, podría curarse de su AMS, encontrar una buena chica, casarse y ser, por fin, un hombre como todos los demás. Mejor hetero un poco averiado que marica en el infierno, debió de resumirle el clérigo. NA, angustiado como estaba, ante la perspectiva de la condenación eterna, se agarró a las palabras del sacerdote como al proverbial clavo ardiendo pero, como era previsible, no se curó (entre otras cosas porque, por supuesto, no estaba enfermo) y, a pesar de los esfuerzos de los presuntos „terapeutas“ que le trataron, los chicos le siguieron gustando más que comer con los dedos.

Finalmente, la presión ejercida sobre el pobre NA fue tal que terminó padeciendo una enfermedad mental de verdad y, ante el riesgo de que hiciera alguna tontería, los padres hablaron de nuevo con el cura y, para alejarle de Palencia o Astorga, mandaron al pobre chico a Madrid y lo pusieron a estudiar Historia del Arte, carrera que les debió de parecer idónea para un futuro homosexual de provincias de los de tienda de antigüedades, jerseicito de punto, pañuelo al cuello y bastón.

Desgraciadamente (o quizá no) le perdí la pista a NA hace muchos años, pero cada cierto tiempo me acuerdo de él ¿Consiguió superar el haber caido en manos de un irresponsable con sotana? ¿Se reconcilió consigo mismo y hoy en día tiene un novio -o marido- que le hace zumo de pomelo para desayunar y la caidita de Roma después de ver a Buenafuente todas las noches? (o los sábados alternos, que tampoo hay que pasarse con la imaginación) .Nunca lo sabré.

En estos días, anda España escandalizada porque el obispado de Alcalá de Henares, patria de Cervantes, parece ser que organiza cursos para curar la homosexualidad. Ahora los nombres parece ser que han variado, en tiempos de Nacido Ayer la llamaban AMS pero ahora a esta enfermedad inexistente la llaman también PMS (Proyección sobre el Mismo Sexo).

Parece ser que ahora como antes, se trata de convencer a los pobres chicos de que son gays no porque la genética los haya hecho así, lo mismo que altos, bajos, rubios o morenos, sino porque hay en sus vidas „una herida“ que ha de sanarse de algún modo ¿Su madre no era cariñosa con ellos? ¿Se les daban mal las matemáticas? ¿Tenían complejo de inferioridad? ¿En el fútbol eran unos ceros a la izquierda? ¿Adictos al Candy Crush? Busca, busca, hijo, que aquí estamos para ayudarte. En fin.

En España, estas terapias son ilegales (aunque no lo fueran solamente porque son una idiotez deberían serlo porque, por lo general, las personas que las imparten ni son psicólogos, ni son médicos ni Cristo que lo fundó -y nunca mejor dicho-).

La noticia me ha hecho preguntarme cómo es la cosa en Austria -un país que, por desgracia, está más atrasado que España para estas cosas -factor nada despreciable es el gran poder del que aún disfruta aquí la Iglesia católica-.

Como era previsible, en Austria las „terapias“ (ponga el lector todas las comillas que quiera, y serán pocas) son legales y la Iglesia las publicita sin complejos. Incluso hay una organización -es una marca internacional, que tiene su rama aquí también- que trata de convencer a los gays y a las lesbianas no solo de que son unos pecadores (de la pradera) sino de que padecen una enfermedad y que pueden curarse. Si pincha aquí, el curioso lector podrá leer la experiencia de un periodista que se introdujo en una terapia de estas (está en alemán).

El último intento de ilegalizar estas cosas que son tan efectivas como otras pseudoterapias, con la diferencia de que pueden llegar a hacer mucho daño a las personas, lo ha protagonizado el Partido Socialista austriaco, que tramitó una petición en el Parlamento austriaco a finales de enero de este año, para que la República pusiera medios para que se dejase de curar a gente que no está para nada enferma -o ni más ni menos enferma que usted y yo-.

Venga, dejo al lector que se imagine cuál fue el resultado de la propuesta del SPÖ.

Bingo. Ninguno.

Una pena.

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