El vicecanciller pone un telegrama

Un político, si quiere hacer un buen trabajo, debe conocer muy bien su instrumento (con perdón).

29 de Abril.- Se puede pensar en los políticos profesionales como en vendedores de signos. A ver si me explico : para un político no es tan importante la verdad (o lo que quiera que sea eso) sino lo que sucede en la cabeza de sus electores cuando reciben su mensaje. Y los signos, las palabras, son las palancas que él toca para provocar una opinión en la mente de quienes le escuchan.

Naturalmente, para hacer esto, el buen político debe ser un perfecto conocedor se su instrumento (con perdón). O sea, del lenguaje. Y tener también lo que yo diría que es es un instinto, de por dónde le van a salir las diferentes capas de su electorado.

En cada país, en cada época, hay un político que « sintoniza » de un modo transversal con las masas, o sea un político que capta eso que en alemán se llama el Zeitgeist. A esta sintonía suele llamársele carisma. La buena noticia es que tenerlo te hace la vida más fácil. La mala es que no se puede aprender.

El carisma es independiente de que el político, como ciudadano particular, sea más majo que las (antiguas) pesetas o dé más porsaco que un cólico nefrítico.

Con esto pasa como con el talento artístico, que no entiende de moral. Es más : podría decirse que es conveniente cierta dosis de maldad o, por lo menos, de gramática parda. A lo largo de la Historia de la Humanidad ha habido políticos carismáticos de los dos palos. Hitler, que era una de esas personas con las que uno no iría ni a comprar cien gramos de choped de pavo, era un tío indudablemente carismático, por ejemplo.

Pero si dejamos a los dictadores, cuyo magnetismo siempre está tan bajo sospecha como las palabras de amor de los profesionales del sexo, a todo el mundo le vienen a la cabeza políticos carismáticos. Yo qué sé : Donald Trump, el sugar daddy de Stormy Daniels, tiene su público ; Felipe González en su zenit era sin duda el político más carismático de su época, o el episcopal Bruno Kreisky, si vamos por Centroeuropa.

A estos picodeoros que manejan las palabras y tienen olfato para utilizarlas, se les conoce en que son grandes creadores de zonas grises. Un poco como esa anécdota que se cuenta de la conversación entre Concha Velasco y Celia Gámez, cuando la vedette argentina, le dijo a nuestra gran dama de la escena:

-Vos, Conchita, no digás nunca tu edad. Lo que tenés que hacer es sembrar la confusión.

Un poco así.

El político de raza, el que lleva serrín de tarima parlamentaria en la masa de la sangre, sabe que tiene que equilibrar el no subestimar a los convencidos, cuya ciega lealtad es siempre menos ciega de lo que parece, con el tratar de captar a los que se encuentran en la zona fronteriza de su electorado, esa zona que todos los políticos aspiran a ampliar lo más posible O sea, que tiene que decir cosas que tengan muchas interpretaciones, dependiendo del gusto del oyente.

Heinz Christian Strache, el vicecanciller de EPR, que ya no es el león que era, pero que sigue teniendo músculo, ha hecho lanzado un claro mensaje a su núcleo duro de votantes a los que en los últimos tiempos, ha estado a punto de perder. Y lo ha hecho utilizando un medio muy significativo : el Kronen Zeitung.

Como saben mis lectores, desde todas las instancias, y con distinto grado de sinceridad, se le ha pedido al FPÖ que se distancie del discurso de los llamados Identitarios (hay más grupúsculos, pero digamos que estos son los más activos). Strache, sometido a una enorme presión (es lo que tiene haber pasado de ser la eterna princesa del pop a una gran dama de la canción), se vio forzado a hacer declaraciones (que se veía que le costaba hacer) en las que cada dos palabras mencionaba el adjetivo « asqueroso ». Las reacciones en esas junglas de internet no se hicieron esperar y fueron muy broncas. Mucho. Y a pesar de que hay gente (mala, sin duda) que piensa que Strache tiene una lata de atún (natural) en donde todos los demás tenemos la víscera que nos mantiene vivos, uno es de la opinión de que cuando esa gente que te ha visto crecer como defensor de la civilización cristiana occidental te llaman según qué cosas, es inevitable que algo se te remueva por dentro.

Así pues, en una entrevista en dicho medio, Strache dijo esta semana que a él le parecía que la ultraderecha era ser violento, pero que hablar de la sustitución racial (Volksaustausch, la traducción es aproximada) si se hacía sin tener un bate de béisbol en la mano y sin llevar puestas las Doctor Martens, no era criticar, sino referir. Se da la circunstancia de que este concepto, Volksaustausch es uno de los favoritos de los llamados Identitarios (también de otros grupúsculos parecidos) y que, por supuesto, no es casualidad que Strache lo mencionara. Era, claramente, un mensaje como para decir « Vuestro Heinz, aunque tenga que hacer el paripé, sigue aquí ».¿Llegará el mensaje a sus destinatarios ?

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Un comentario a El vicecanciller pone un telegrama

  1. Anselmo dice:

    El racismo o etnicista, a mi modesto entender,son atributos que se pueden encontrar en ciertas derechas, y también en la ultraderecha. Por ejemplo los fascismos españoles, dada su impronta imperialista generadora y católica , no eran racistas ni etnicistas. Y esto es porque España es el residuo de un proyecto imperialista generador en derribo. Tal proyecto fue una respuesta al Islam y es muy parecido al mismo,y se diferencia del resto de imperios europeos en la incorporación en igualdad de condiciones de los nativos de los pueblos que se incorporaban al mismo. Nada que ver con la rapiña brutal y desenfrenada a la que se entregaron nuestros vecinos europeos.

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