La Viena Roja (2)

Si uno quiere construir un mundo nuevo, hay que sacar el dinero de algún sitio. La Viena roja lo hizo aplicando sabiamente una política de izquierdas.

3 de Mayo.- Por cierto, una cosa que no dijimos el otro día: el término „Viena Roja“ al principio fue un término despectivo, inventado por los adversarios políticos de aquellos socialdemócratas que ganaron las elecciones municipales de 1919. Fue solo a partir de finales de la década de los veinte, cuando la gran depresión llegó a Europa, cuando los propios socialdemócratas descubrieron el potencial del término como imagen de marca, como si dijéramos.

En fin: siguiendo con nuestra historia.

Camarero, champán

El hacedor del milagro de la Viena Roja y, por lo tanto, del gigantesco avance social que permitió fue, como decíamos en el último post de esta serie, Hugo Breitner, el mago de las finanzas que, aplicando una política netamente de izquierdas (aunque aprovechando, como veremos, elementos preexistentes que no lo eran) pudo financiar el programa social que hizo de la añeja corte de los Habsburgo una de las ciudades más modernas de Europa. Sobre todo, en lo que respecta al bienestar de los que, hasta aquel momento, habían sido la carne de cañón del sistema: el proletariado.

¿De dónde sacó el dinero Breitner? De los impuestos que gravaban a las rentas altas. No tocó ni a la burguesía, ni a los trabajadores, ni a los profesionales liberales, sino a aquellos que disfrutaban del llamado „nuevo lujo“, o sea, a los especuladores.

Breitner dijo ¿Quieren ustedes divertirse? ¿Quieren pasarlo bien? Ningún problema. Háganlo. Pero pasen por caja. Redistribuyamos la riqueza para que no quede concentrada en pocas manos. Así, se pusieron gravámenes a los restaurantes de lujo, a las carreras de caballos, al champaña, a los bailes.

Así, la ciudad de Viena dispuso de un colchón financiero para empezar a construir.

La segunda parte fue llamar a los mejores arquitectos de su tiempo para que proyectaran auténticos „palacios para el pueblo“. Casas modernas, luminosas. higiénicas, con agua corriente y baño en todos los pisos -un lujo que hasta entonces disfrutaban solo los ricos-.

Se edificaron en terrenos de los que ya disponía la ciudad de Viena, que llevaban décadas sin usarse, y que habían sido comprados por la ciudad bajo el mandato de un personaje bastante turbio, el alcalde Karl Lueger, al que a mí me gusta calificar de protonazi. Lueger había sido un político de entresiglos que había utilizado hábilmente el racismo, la xenofobia y el antisemitismo para propulsar su carrera política.

Casas nuevas para el hombre nuevo

Los terrenos adquiridos bajo su mandato se encontraban sobre todo en la periferia de Viena (hoy no tantos). El marco legal, por cierto, fue el que terminó modelando las llamadas Gemeindebaus tal y como las conocemos hoy en día. Debido a las leyes que penalizaban la especulación inmobiliaria, solo estaba permitido edificar entre el 30 y el 40% de las parcelas. Esto obligaba a un formato de grandes bloques de pisos, rodeadas de zonas verdes.

Aquellos arquitectos proyectaron pequeñas ciudades en las que, además de vivir, las clases trabajadoras podían comprar, ir al dentista, llevar a sus hijos al colegio y, en abierto contraste con lo que propugnaba la iglesia católica, podían planificar la descendencia que querían tener.

La socialdemocracia se centra muy especialmente en la paternidad responsable y en la planificación familiar como medio para lograr que el proletariado tenga una vida digna. Antes de la guerra, la falta de educación sexual (o la no educación sexual católica, y el famoso „los hijos que Dios mande“) hacían que las familias tuvieran muchos más hijos de los que podían mantener. Era corriente que las mujeres dejaran morir de hambre a los hijos „excedentes“ o que tuvieran que prostituirse para poder darles de comer.

Para escándalo del conservadurismo los socialdemócratas vieneses quieren terminar con todo eso a base de educación sexual y, naturalmente, de explicación de las medidas anticonceptivas que estaban al alcance de la gente en aquel momento.

Otra cosa fundamental que hay que decir es que el programa de edificaciones de la Viena Roja es enormemente respetuoso con la tradición arquitectónica anterior. Naturalmente las casas se edifican en su mayoría en un hermoso estilo art decó -hoy pueden aún contemplarse y son realmente preciosas en su desnudez decorativa- pero ese estilo art decó bebe de la tradición local de la casa Biedermaier del siglo XIX. También se edifica rodeando las casas de naturaleza, de zonas verdes.

Todo es parte de un programa decidida y marcadamente ideológio, avanzadísimo para su época. Los padres fundadores de la socialdemocracia austriaca quieren que el proletariado acceda a los mecanismos de decisión y piensan -con razón, naturalmente- que solo pueden hacerlo elevando el nivel de vida de los trabajadores, sacándoles de las desastrosas condiciones higiénicas y de incultura que había propiciado la revolución industrial de la era del emperador Francisco José, momento en el que pobres gentes de todas partes del Imperio se hacinan en la capital que el emperador está construyendo para los ricos.

El objetivo era destruir para siempre el estereotipo del obrero alienado por un trabajo embrutecedor, que encontraba refugio en el alcohol y que se cargaba de hijos.

Como a mí me gusta decir: el objetivo de la Viena roja no era que todos los trabajadores fueran camaradas, sino que, aplicando un programa de educación, deporte, naturaleza, etcétera, todos llegaran a ser excelencias.

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2 Responses to La Viena Roja (2)

  1. Anselmo dice:

    Me ha gustado mucho este artículo. Y me deja con la curiosidad de saber el porqué esta nación abrazó el ultraderechismo (Dollfuss) y posteriormente el nazismo (Hitler).

  2. nina dice:

    A mi también, gracias por todos esos articulos sobre la historia de Viena/Austria. Nina

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