La Viena Roja (3)

La Viena Roja se centró en mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, aunque no solo. No todo el mundo lo comprendió.

El primer capítulo, aquí

El segundo capítulo, aquí

5 de Mayo.- Como decíamos la última vez, la llamada Viena Roja es famosa por su exhaustivo programa constructivo, que llenó lo que entonces era la periferia de la ciudad de viviendas cómodas, sanas y baratas, a disposición de la clase trabajadora, financiadas con los impuestos que pagaban los ricos de su época -naturalmente, a los ricos les hacía poca gracia tener que pagar los impuestos correspondientes, como ha sucedido siempre, y muy desde el principio se lanzaron en tromba contra aquella manera de funcionar-; sin embargo, el objetivo de las mentes que pusieron en pie la Viena Roja era, sobre todo, mejorar a gran escala las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Se pusieron en marcha programas deportivos, de disfrute de la naturaleza, pero también se perseguía que los trabajadores tuvieran acceso y fueran capaces de disfrutar de la alta cultura.

Para que esto fuera posible, la socialdemocracia puso en marcha medidas sociales que, aún hoy en día, están en marcha y que, en aquella época eran lo más avanzado de lo que se podía disponer.

Por ejemplo, el Mutter-Kind-Pass. Cuando las mujeres tenían un hijo, recibían una serie de ayudas del Estado -del mismo modo que en los países nórdicos, siguiendo aquella estela, los recién nacidos siguen recibiendo del Estado un paquete de productos de primera necesidad-; sin embargo, la condición era que las madres asistiesen a cursos de puericultura y que se pusieran en contacto con las oficinas de planificación familiar.

Esto, naturalmente, tenía algo de vigilancia y control por parte del Estado, sin embargo los éxitos fueron inmediatos. La enorme tasa de mortalidad infantil que existía en las clases trabajadoras bajó de manera fulminante, los niños podían ir a guarderías estatales en donde recibían una comida caliente, leche, educación infantil gratuita, etc.

La ciudad de Viena hizo también todo lo posible por mejorar la higiene pública. Se construyeron baños, por ejemplo, y se mejoró el hacinamiento, de manera que la tuberculosis, que era la lacra de aquella época, prácticamente se erradicó.

Hacia 1927, la Viena Roja alcanzó su punto de máximo esplendor.

El programa constructivo se había terminado y estaba cerrado el siguiente -a imagen de los planes quinquenales soviéticos-.

Siete años más tarde, en 1934, quince después de que la socialdemocracia ganara las primeras elecciones, un once por ciento de los vieneses vivía en casas construidas por el Estado y pagaba alquileres sociales y se beneficiaba de las enormes medidas de mejora de vida que la socialdemocracia había establecido.

Por otro lado, hacia 1927, la economía austriaca se había recuperado de las amargas consecuencias de la derrota en la primera guerra mundial y la ciudad de Viena tenía, por fin, un presupuesto saneado.

A partir de 1927 y en un proceso que culminaría a primeros de los treinta, se puede hablar de una decadencia de la Viena Roja.

No por culpa de la Viena Roja que, en principio, era un proyecto brillante, tanto en su concepción como en su desarrollo, sino como resultado de desarrollos paralelos en el seno de la sociedad austriaca de aquel momento y en el marco de la política mundial.

Como sucede hoy en día, la modernidad, los avances sociales y técnicos dieron un enorme impulso a una serie de grupos sociales reaccionarios que se sentían excluidos de ese progreso o que, directamente, lo veían con malos ojos porque atacaba su concepción del mundo. Por ejemplo, la Iglesia, por ejemplo, las fuerzas conservadoras.

Hay que decir que desde la socialdemocracia se hicieron todos los intentos posibles por extender el éxito de la Viena Roja a otras capas sociales. Por ejemplo, a la pequeña burguesía y a las profesiones liberales.

Conscientemente, se utilizaron métodos constructivos más arcaicos de los disponibles ya en aquella época y que eran mucho más intensivos en mano de obra, al objeto de crear el mayor número posible de puestos de trabajo. Sin embargo, estaba claro que los proyectos avanzados de la socialdemocracia se dirigían principalmente a una clase social, tradicionalmente postergada: al proletariado.

En 1927, sin embargo, sucedió en Viena una catástrofe que tuvo un gran valor simbólico y que marcó el principio del fin, como veremos en el cuarto y último capítulo de esta serie.

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