EDICIÓN ESPECIAL: Qué pasó ayer en Viena entre las 12 y las 8 de la tarde

Ayer, en le reducido núcleo del poder de la alta política austriaca, se libró una partida de póker a vida o muerte. Te la contamos casi al minuto.

19 de Mayo.- Una de las características más definitorias del Gobierno que ayer entró precipitadamente en su fase final, ha sido la de un estricto control de la comunicación. Se puede ver incluso el que ha dado en llamarse „Ibizagate“ como un gigantesco fallo de ese control. El Gobierno cuyas cabezas eran Kurz y Strache ha dado siempre la información medidísima y su difusión ha sido siempre cuidadosamente escenificada para dar, en todo momento, una impresión de total sintonía entre las partes implicadas.

Incluso entre las horas (tensísimas) que mediaron entre la difusion del vídeo (bueno, de los minutos que nos han mostrado) y la rueda de prensa del Presidente de la República, Alexander Van Der Bellen, todo fue un esfuerzo de „spindoctors“ y guionistas ocupados en responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo contamos esto que está pasando y que el resultado sea un relato limpio, cómodo, sin fisuras?

(Paréntesis: imaginen mis lectores lo diferentes, quizá, que hubieran sido las cosas si, en vez de ganar las elecciones a la presidencia Alexander van der Bellen las hubiera ganado el ultraderechista Norbert Hofer).

Durante la tarde-noche del viernes se decidió una hoja de ruta para el difícil día siguiente que incluía las siguientes „metas volantes“.

A las doce de la mañana, comparecencia transmitida en directo por televisión del vicecanciller Strache para anunciar que dimitía de todos sus cargos. Por ahora, el último momento de gloria de un animal político formidable que, a partir de ahora, sufrirá el castigo de verse privado de lo que más le gusta en el mundo: la refriega política, la pelea (la mayor parte de las veces barriobajera) con el adversario, últimamente el poder y esa adrenalina que garantiza estar en el centro de todas las decisiones.

Poco más tarde, por cierto, también dimitía de todos sus cargos Johann Gudenus, el otro implicado en el escándalo, el que pasaba por ser el hijo (político) bienamado en el que Strache depositaba todas sus complacencias.

Naturalmente, debió pactarse darle a Strache un último momento de humanidad (las referencias a su mujer Filippa) y dar un espacio de dos horas para que la noticia corriera por los medios nacionales e internacionales y el país, poco a poco, fuera digiriendo la noticia. Pero tampoco mucho. Se decidió que a las dos de la tarde comparecería Sebastian Kurz (mismo escenario prácticamente, idéntica sensación de irrealidad) para anunciar…Lo que tuviera que anunciar. Y lo que tuviera que anunciar solo estuvo claro en el último momento.

Ya el viernes por la tarde, personas próximas a Sebastian Kurz transmitieron a los medios (otra vez el control de la información) que el canciller sabía perfectamente „lo que tenía que hacer“. Naturalmente, era una manera de ganar tiempo, porque había varias posibilidades abiertas (ninguna de las cuales, por supuesto, incluía ya a Strache). Probablemente los asesores de Sebastian Kurz, a aquellas horas, ya pensaban que la posibilidad más favorable era convocar nuevas elecciones para que Kurz pudiera gobrenar solo. Sin embargo, la rama ultraderechista el Gobierno no estaba dispuesta a ceder tan fácilmente y planteó una partida de póker que se estuvo jugando, a vida o muerte, entre bastidores, hasta última hora de la tarde de ayer.

El FPÖ trataba en lo posible de salvar su estancia en el poder, tan breve, proporcionalmente al esfuerzo de años que le había costado conseguirla. El partido ofreció sustituir a Strache por Hofer como vicecanciller y continuar su colaboración con el ÖVP.

Parece ser (pero solo parece ser) que Sebastian Kurz y sus asesores hicieron el amago de aceptar, naturalmente con condiciones. Y la condición era que, además de Strache, tenía que desaparecer del Gobierno la figura cuya reputación, ya antes del escándalo, olía a perro muerto y que había sido una fuente constante de incómodos problemas para un ejecutivo, el de Kurz, empeñado en una total „desideologización“ del Gobierno y en dotar a sus decisiones de una apariencia -solo un barniz- tecnocrático. La apuesta estaba clara para los de Kurz. Si el FPÖ quería permanecer en el Gobierno, Herbert Kickl debía de ser apartado de su puesto y el Ministerio del Interior tenía que pasar al Partido Popular austriaco.

Naturalmente, Herbert Kickl es, en el FPÖ una figura de tanto peso como Strache. La trinidad Kickl, Strache, Vilimsky (dos en la sombra y Strache dando la cara) han sido el FPÖ durante todos estos años.

Kickl es, además, un hombre que probablemente tiene un alto concepto de sí mismo difícilmente compatibilizable con una salida (humillante salida) por la puerta de atrás. Kickl, se negó. Después de mí, el diluvio, debió decir.

Probablemente, perro viejo como es, ducho en la gramática parda de la política e moqueta y puñalada, Kickl ya sabía que su sacrificio no hubiera valido para absolutamente nada.

Sin embargo, la tensa negociación se prolongó durante varias horas. La comparecencia de Kurz se fue posponiendo, mientras todo el país se preguntaba ¿Qué va a decir? Y en la Ballhausplatz, sede de la presidencia y sede de la cancillería, se iba agolpando el personal para pedir nuevas elecciones.

Por fin, a las 19:45, Kurz compareció y anunció elecciones anticipadas. Es decir, las anunció después de darle el pistoletazo de salida a una campaña electoral que es probable que no empiece en serio hasta agosto o septiembre. Después de repasar los logros de su gobierno, empezó a poner distancia entre el FPÖ y él, diciendo que, por la sagrada causa de la gobernabilidad, había tenido (literalmente) que tragar muchas cosas, muchos supuestos „casos aislados“ (en Viena Directo los hemos visto todos, desde el caso de las canciones nazis de Landauer hasta la famosa poesía de las ratas). Pero que se le habían hinchado las narices y que ya valía. Terminó anunciando que ya había hablado del tema con el Presidente de la República y que ambos habían acordado convocar elecciones en la primera fecha viable.

Tras escasos diez minutos (medidísimos diez minutos) de toma de postura, Kurz hizo mutis y poco más tarde (y ya era muy tarde para un sábado por la tarde) Alexander van der Bellen, teniendo como fondo el famoso entelado rojo del Hofburg, paternal pero muy serio, lanzó un mensaje de condena al famoso vídeo y a lo que representa y utilizó la palabra „vergüenza“ y el verbo „avergonzarse“ y llamó a restaurar la confianza de los ciudadanos en los políticos.

La carrera por el futuro empezó ayer y Viena Directo estará aquí para contártela. Como siempre.

Por cierto, quisiera acabar esta crónica de hoy dando las gracias a los miles (literalmente) de personas que ayer eligieron Viena Directo para informarse de lo sucedido en Austria. Me sentí muy honrado de que confiaran en mí.

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Un comentario a EDICIÓN ESPECIAL: Qué pasó ayer en Viena entre las 12 y las 8 de la tarde

  1. Max dice:

    Como siempre estupendo Viena Directo, seguiremos conectados esperando más noticias.

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