Por fuera, jardín de rosas

Esta Pequeña República es una maravilla, naturalmente, pero para muchas cosas no estaría de más que aprendiesen de nosotros, los españoles.

12 de Junio.- Es una pena que, por cosas de la vida, la Doctora Maria Elvira Roca no haya podido acudir a Viena, en compañía del periodista austro-español Arminio Tersch para presentar el libro de la primera, Imperiofobia y Leyenda Negra, porque sin duda nos hubiéramos enterado los españoles que aquí vivimos de algo que, los que tenemos un poco de vista,ya sospechábamos.

Y ello es que los españoles, cuando pintábamos algo (más) en el mundo, no fuimos ni más ni menos bárbaros que los homo sapiens de otras nacionalidades y que, si bien aportamos al palmarés mundial bestiajos e incultos de todos los colores, no fueron ni más ni menos bestiajos que otros, pongamos, de Rusia o de Guinea Bisau. Es un alivio, claro. Mal de muchos, pues eso.

Hoy he empezado el libro de Viruchi Roca y, por lo que llevo (unas cuarenta páginas) he venido a reafirmarme en una cosa que yo siempre he pensado (también la he escrito) y es que los españoles, a base de habernos creido los embustes inventados por otras potencias rivales, que nos pintaban de primitivos, de alérgicos tanto al jabón como a los libros, hemos terminado por mitificar „el extranjero“.

De esto se da uno cuenta cuando vive en dicho extranjero, claro.

Por ejemplo, en Austria.

Cosas que a nosotros, esos supuestamente primitivos españoles, nos parecen de sentido común, por ejemplo, que es una guarrería que los animales (perros en particular) puedan entrar en los restaurantes, aquí son cosa corriente. Y no hablemos de fumar (la mierda´l tabaco de los güevos, sin acritud).

Los que venimos de un país tan civilizado para esto como es España, no dábamos crédito cuando la Ministra de Sanidad del último Gobierno (vamos, del último Gobierno salido de las urnas) defendía, como dicen los imbéciles, „en sede parlamentaria“, que lo de fumar molaba, que era un acto de libertad que había que dejarle al personal.

Ole ole con el enfisema y la trombosis.

Naturalmente, el ex canciller cortico, como se ha sabido después, al escuchar a la „señá menistra“ decir esto, se revolvía nervioso en su escaño, se clavaba las uñas en las palmas de las manos. Como Juanita Reina, era „por fuera jardín de rosas“ pero por dentro „zarzal de espinas“. Lo que ha tenido que sufrir ese hombre no es para ser escrito, ni descrito tampoco.

Él lo hacía, claro, por no pelearse con sus compañeros de coalición y, claro, por la gobernabilidad, por poder abordar un programa de reformas ambicioso que librase a Austria del atraso, del anquilosamiento y de todos esos males que afligían a la patria suya.

Por suerte (para todos nosotros, pero para el ex canciller más) apareció el vídeo de Ibiza, en el que el vicecanciller y futuro europarlamentario (¿Hacemos apuestas?) decía „guarreridas“ y el pobre Kurz pudo demostrarle al mundo que gobernar con la ultraderecha, para un hombre civilizado como él, había sido, como dijo la flamenca, pasar unas duquitas muy grandes.

Una de estas fue que, muy en contra de su sentir, Sebastian Kurz y el partido de Sebastian Kurz tuvieron que tumbar la prohibición de fumar en los locales públicos de sus predecesores (fue en este marco cuando la „señá menistra“ tuvo que hacer su sentido elogio de la nicotiana tabacum).

Pero ahora, „sin encambio“, desaparecido el obstáculo (y también, por qué no, vista la enorme impopularidad de la norma) el partido del ex canciller cortico, con el ex canciller cortico a la cabeza se ha mostrado dispuesto a apoyar una moción que aprobase la prohibición de fumar en los locales públicos que antes, oficialmente, le parecía fatal y le daba calambres de barriga.

Para esto, tienen que darse ciertas condiciones. La norma actual, la que defendía la ultraderecha y que fue una conditio sine qua non de los pactos que condujeron a la coalición, debe ser declarada constitucional por el tribunal constitucional austriaco (!) y una vez hecho esto, habría campo libre por lo visto para derogarla y sustituirla por una mucho más civilizada (o sea, como la española).

Esta Pequeña República es una maravilla pero, la verdad, para algunas cosas, podrían ir aprendiendo de nosotros. En esto tiene razón Viruchi.

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Un comentario a Por fuera, jardín de rosas

  1. Anselmo dice:

    Más que la leyenda negra , se trata de una evidente diferencia económica debida a la tardía industrialización de nuestro país.

    Por otro lado , desde la Ilustración, la cultura occidental al postularse como anticristiana necesariamente tiene que ser anthispanica, debido a que nuestro país y todo su
    antiguo imperio son el remanente de el proyecto político y social católico.

    Ese anticristianismo ,no solo es anti Espanyol sino también antieuropeo. Y su consecuencia es la autodestuccion de Europa que estamos viviendo.

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