A man for all seasons

El principio del mandato de Van der Bellen fue más bien marengo. Sin embargo, día a día, está demostrando que es idóneo para el puesto.

19 de Junio.- Cuando el anterior presidente de la República, Fischer, terminó su mandato y mientras el país afrontaba la vergüenza de tener que repetir las elecciones presidenciales por un defecto de forma, uno pensó que el actual presidente, Alexander Van der Bellen había llegado al poder con mal pie. O sea, que habíamos dejado atrás un periodo luminoso, durante el cual la cúspide del Estado austriaco había estado ocupada por una persona que representaba (y representa) lo mejor de las virtudes de este país (su indudable encanto, su inteligencia, un enorme sentido del humor no exento de retranca y una inquebrantable vocación cálida y hospitalaria) para entrar en los, no diré tenebrosos, pero sí aburridos dominios de aquel a quien yo muchas veces he llamado « el profesor siesta ».

(Le he llamado así y me arrepiento mucho de haberle llamado así).

Hay que reconocer que el principio del mandato de Alexander Van der Bellen fue más bien marengo, aunque empiezo a pensar que, en gran parte, se debió a que todas las cosas que hizo para tratar de amortiguar las consecuencias de la desastrosa entrada de la ultraderecha en el Gobierno tuvo que hacerlas con gran discreción.

Las recientes crisis por las que ha pasado Austria han demostrado que Van der Bellen es la persona correcta para ocupar el cargo que ocupa.

A cualquier persona normal le pone los pelos de punta imaginar qué diferente (para mal) hubiera sido la situación si en vez de Van der Bellen hubiera sido Hofer el que se sentase en el despacho del Hofburg.

Con sentido común, con mucha calma, con su pizca de humor profesoral, el Presidente (al que yo, llamo « el Bundespresi », con cariño) ha manejado la situación con paciencia, con muchísima mano izquierda y casi diría que de manera paternal. Naturalmente, no es el más fotogénico y uno no se lo imagina tirándose en paracaidas, como a Fischer, pero uno se va a la cama con la sensación de que la situación está bajo control. Y la sensación mola.

El sábado, ante una audiencia de varios miles de personas que le interrumpieron con aplausos cada dos frases, Van der Bellen hizo una cosa que ningún Bundespresi había hecho antes : hablar al final de la manifestación por la dignidad LGBTI (conocida como orgullo gay) y ponerse decididamente del lado de las libertades, de los derechos civiles, de la democracia, de la Unión Europea y de todo lo que representa. Su mensaje no fue radical ni especialmente revolucionario en ningún momento, sino solo de sentido común ( de un emocionante sentido común) y quizá por eso tuvo más encanto verle hacer lo que ningún jefe de Estado ha hecho hasta ahora.

En estos días se cumple un quinquenio desde que su majestad, Felipe uve palito ocupó el lugar de su padre, Campechano the first, y si bien la influencia del relevo ha sido muy positiva y la Casa Real ya no es lo que era, uno no se puede imaginar todavía que el Rey acuda al desfile del Orgullo, en Madrid, para hablarle a los ciudadanos como Van der Bellen lo hizo el otro día. Con calma, con mesura, por qué no, con simpatía, a propósito de cosas que, en este siglo XXI ya no son opinables y no hay razón para que ningún gobernante las ignore. Un rey tiene que estar al lado de su pueblo igual que un presidente tiene la misma obligación.

Don Felipe tiene una hija, que será algún día reina. La primera reina que tendremos, en casi dos siglos. Y si su padre no puede, o no se atreve todavía, o le parece imprudente, a mí me gustaría ver a la Reina Leonor, algún día, no marchando a la cabeza de la manifestación, pero sí saludando a la gente.

Como el Presidente van der Bellen ha demostrado, en donde se retratan las personas es en las ocasiones.

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Un comentario a A man for all seasons

  1. Anselmo dice:

    Se supone que un jefe de estado no debe participar en manifestaciones de grupos reivindicativos, ni partidos políticos. La única preferencia política que se le puede admitir a un rey es que se manifieste monarquico.

    Por otra parte , una cosa es que los LGTB se manifiesten en aras de mejorar su aceptación social y otra cosa es que monten soeces numeritos exhibicionistas en la via publica, que a nadie interesan.

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