Jack Unterweger, el asesino sensible (1/2)

KrampusHace veinticinco años, apareció ahorcado en su celda un psicópata que mantuvo en vilo a la policía austriaca y a la estadounidense. Esta es su historia.

4 de Julio.- La mera existencia de los psicópatas pone a la sociedad frente a un enorme dilema y a las personas componentes de esa sociedad frente a un misterio tan insondable como terrible.

Un delincuente “normal” es una persona que comete un delito pero que sabe que está cometiendo un delito y que, por lo tanto, puede ser reconducido y reinsertado en la sociedad. Un psicópata, por duro que pueda parecer, es irredimible, ya que en él no existe lo que podríamos llamar la mala conciencia. Para una persona normal, para ti, para mí, es muy difícil entender que jamás será una persona normal aunque pueda llegar a parecerlo, por mucho que se le castigue o se le prive de la libertad. Ante un psicópata, a la sociedad no le cabe otra medida que protegerse y, dado que la pena de muerte es abominable en todos los casos, la única posibilidad que queda es apartarles de la circulación de manera indefinida.

Hoy, en Viena Directo, contaremos la historia de un psicópata que mantuvo en vilo a la sociedad austriaca hace veinte años justos. Tal día como el 29 de Junio de 1994, después de haber sido condenado a cadena perpétua, se le encontró ahorcado en su celda.

La carrera delictiva de Jack Unterwerger empezó en los años setenta cuando atacó a varias mujeres y violó a una de ellas. En 1974, en compañía de una amiga, asaltó a una vecina, Margret Schäfer. La llevó a un camino forestal, la hizo bajar del coche, desnudarse y luego le asestó repetidos golpes con una barra de acero. Tras esto, la estranguló con su sujetador.

Unterwerger, fue condenado en 1976 a cadena perpétua y encerrado en una prisión en Salzburgo. Entre rejas, descubre su talento literario. Empieza a escribir cuentos infantiles que son radiados con gran éxito por la ORF y, después, escribe un libro autobiográfico (Purgatorio, Fegefeuer) en el cual explica su carrera criminal como producto de una infancia desgraciada (Unterwerger era hijo de una austriaca y un soldado americano que se negó a reconocerle; cuando él tenía dos años, la madre fue a la cárcel y él cayó en manos de un abuelo alcohólico).

La historia resulta tan conmovedora que los intelectuales austriacos más prominentes, fascinados por la oscura figura de Unterweger, empezaron una campaña para que fuera indultado. En 1990, 14 años después de haber ingresado en prisión, Unterweger fue puesto en libertad condicional con un informe muy justito de la psicóloga que le examinó. Ahí empezó una meteórica carrera de estrella mediática. Siempre rodeado de artistas y de hermosas mujeres, publica más libros y recibe subvenciones. Le llevan a la televisión para departir sobre “reinserción”.

En 1991, la radio pública austriaca emite un programa sobre el asesinato sin resolver de cuatro prostitutas que han sido encontradas estranguladas en los bosques de Viena. La policía da palos de ciego. El guión es de Unterweger. “¿No debe de ser frustrante para las fuerzas del orden enfrentarse a este misterio sin resolver?”, se pregunta.

Para el caso de las prostitutas, 130 personas aportan pistas. Entre ellas un policía jubilado llamado Edelbacher. Él está convencido de que, en 1973, Unterweger mató a una mujer, pero que no se le condenó porque no se investigó el caso, al haberle encontrado culpable del asesinato de Margret Schäfer.

Para Unterweger, el olfato de este policía jubilado fue el principio del fin.

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Un comentario a Jack Unterweger, el asesino sensible (1/2)

  1. Anselmo dice:

    La reinserción carece de sentido para criminales sádicos y psicopáticos. Este tipo de individuos requieren de tratamiento psiquiatrico. En una sociedad en la que se valorase los principios morales, este tipo de criminales deberían ser exhortados al suicidio o sometidos a eutanasia procesal. El gesto de suicidarse de este asesino, lo redime en parte, ya que permite que alberguemos con respecto a él la presunción de que la vergüenza que le produce el haber cometido esos crímenes abyectos y cobardes, le impidió seguir viviendo.

    Lo que es una pena es que ese acto tan atinado no lo haya efectuado antes de comenzar su carrera criminal.

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