Historias de todos los días

Elisabeth T. Spira, sigue enseñandonos a todos los que humildemente queremos aprender lo que es el periodismo más exquisito.

16 de Julio.- Ayer se estrenó en la ORF la última temporada con Elisabeth Spira de Liebesgeschichten und Heiratsachen, el programa que la fallecida periodista austriaca llevaba haciendo durante muchos años todos los veranos en la ORF.

LuH, como todas las obras maestras, parecía una cosa pero cuando uno se ponía a rascar en la superficie, se abría como una flor y lo que parecía un programa de búsqueda de amores era, en realidad, una excusa para hablar de la conditio humana. De la soledad, de las relaciones entre las personas, de la pobreza y de la riqueza y, sobre todo, para hablar de Austria, para diseccionarla de una manera que era hermosa porque lograba el milagro de que cada espectador eligiera la dosis de cinismo que queria consumir.

Elisabeth Spira preguntaba pero solo para que sus preguntas provocaran un monólogo en el que la gente decía exactamente lo que quería decir y, al mismo tiempo, decía muchas cosas de sí misma.

LuH era en realidad la cristalización más acabada de otro programa de Elisabeth Spira, las Altagsgeschichte, o sea, las historias de todos los días.

Llevo más de dos horas viendo un programa tras otro en el tercer canal de la ORF (hoy echan un maratón) y a pesar de que los programas tienen veinticinco años, se conservan tan frescos como cuando se emitieron por primera vez.

Todas las personas que salen en los reportajes están entrevistadas, a pesar de su frikismo, desde una actitud que solo puede llamarse cariño por el género humano. Hay una galería interminable de seres averiados, o solos, o viejos, o enfermos, en todo caso en los márgenes de ese mainstream en el que todos los que están parecen tener la obligación de ser perfectos, guapísimos y estupendos. Una galería de seres a los que Elisabeth T. Spira pregunta, escucha y deja hablar, todo con una gran cultura.

La cámara no les juzga y, como la misma Spira, se limita a captarles en su maravillosa multiplicidad.

El adjetivo que más les cuadra a las historias de todos los días es que son rabiosamente modernas y, naturalmente, son un ejemplo del más puro periodismo que, humildemente, aspiro a seguir.

Viena Directo es mi interpretación personal del estilo Spira, porque como ella soy un apasionado de los seres humanos, y me gusta la observación de la realidad de lo que pasa por la calle, y aspiro a que si alguien lee estos artículos que publico todos los días dentro de veinte años le pase como a mí me pasa con los programas de Elisabeth Spira, que pueda imaginarse cómo era la vida en 2019, en este principio del fin del mundo del siglo XX, antes de la digitalización, cuando todavía funcionamos por el planeta personas que éramos adultos cuando internet no era más que un balbuceo.

Elisabeth Spira no es mi único modelo, claro.

Este año también he leido los diarios de Viktor Klemperer y al hacerlo, cambió mi forma de ver la literatura y de ver Viena Directo también, por qué no (este es un secreto que comparto ahora con mis lectores y que antes compartí con algunos amigos escogidos). Se titulan „Quiero dar testimonio hasta el final“ y aunque las circunstancias en las que el pobre Klemperer vivió no tienen nada que ver con las mías, sí que aprendí de Klemperer lo que podríamos llamar „dónde colocar el caballete“.

Si el periodismo, en estos principios del siglo XXI es o tiene que ser algo, es eso, la preocupación constante por ser un espejo de la realidad, de la realidad verdaderamente importante que es la del día a día de la gente.

Yo tengo claro que es lo que más me gusta hacer y tengo la suerte de que también tengo unos lectores estupendos a los que les gusta que lo haga y que me acompañan en el viaje. Muchísimas gracias.

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Un comentario a Historias de todos los días

  1. Anselmo dice:

    Animo !

    Todos aquellos que os esforzais en conseguir una antítesis del periodismo basura , merecéis un monumento.

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