El hallazgo

Quién sabe, quizá usted también tenga en casa un décimo de lotería premiado y no lo sepa. Busque, busque bien.

25 de Julio.- La otra tarde pasé por la sede temporal que la Kunsthaus de Karlsplatz tiene en un lugar cercano a mi domicilio.

Vi un anuncio chiquitillo que ponía que hacían un mercadillo de obra gráfica y de catálogos de exposiciones antiguas y libros de arte. Más por curiosear que por otra cosa, subí a ver qué había. Me recibió una dama encantadora, algo mayor que yo, la cual tuvo la paciencia de explicarme quiénes eran los autores de las obras que se vendían, la mayoría de las cuales (sobra decirlo) se salían muy mucho de mi presupuesto.

Después de beberme un café al que me invitó, y de mirar un poquito, me compré dos dibujos académicos, a lápiz, muy hermosos, de mediados del siglo XIX (me costaron casi tan baratos como si los hubiera hecho yo mismo, pero los compré por bellos, no por inversión). También me compré un grabado y un libro sobre arquitectura soviética que, este sí, me costó dos euretes.

O sea, nada de nada.

La conversación con la señora, que me trató como si yo fuera la baronesa Thysen (por lo menos) y el agradable café, me hizo sentirme como si yo fuera un coleccionista de arte importante y no lo que soy, o sea, un señor que se está quedando calvo y que solo compra las cosas que le interesan (y que puede permitirse).

Me acordaba de este sabroso momento leyendo hoy una noticia. Resulta que, en una tienda de cachivaches de segunda mano ha aparecido nada más y nada menos que un Schiele.

Antes de seguir contando esta historia, hay que decir que los amantes del arte austriaco de entresiglos nos dividimos en dos grupos. Aquellos a los que les gusta hacer puzzles de diezmil piezas de esos que nos regalaban por nuestros cumples las abuelas son « Klimtistas » (ese « Beso », Dios mío) y los « Schielistas ». Yo soy de Schiele, por cierto. Aunque hay gente a la que Schiele, que debió de ser un tío bastante esquinado, le pone del hígado. En fin : Real Madrid contra el Atlético, tortilla de patata con cebolla y sin cebolla, Klimt y Schiele… Esas pequeöas cosas que nos dejó un tiempo de rosas.

Pues bien : uno de estos días, la historiadora del arte Jane Kallir (nieta del galerista vienés del mismo apellido, emigrado a los Estados Unidos en los tiempos de nazismo) recibió una llamada de un caballero que sospechaba que había comprado en una tienda de segunda mano de Queens un dibujo de Schiele. « Otro más » pensó Kallir, pero en cuanto vio el dibujo se dio cuenta de que el caballero tenía razón.

El dibujo muestra a una muchacha desnuda recostada y según sostiene Kallir es parte de la serie de 22 dibujos preparatorios que Schiele hizo para una de sus últimas obras. Uno de los « hermanos » de este dibujo de Nueva York está en el Leopold Museum de Viena.

La galerista y experta en Schiele, por cuenta del afortunado propietario vende el dibujo en 180.000 laureles. No se sabe lo que pagó en la tienda de segunda mano y no lo quiere decir. Quizá mis dibujillos del siglo XIX también sean de un artistazo famoso y tenga un décimo de lotería premiado en casa sin yo saberlo. Lo voy a hacer mirar.

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2 Responses to El hallazgo

  1. irene dice:

    hola!
    Me encanta el blog!
    voy un par de dias en septiembre a Viena y me gustaria saber, si tienes alguna recomendacion de algo que no me puedo perder si o si…

    • Paco Bernal dice:

      Hola Irene! Gracias 🙂 Hay tantas cosas para no perderse en Viena…:) Naturaleza, arte, cultura, gastronomía…Si me dices qué te gusta hacer, igual te puedo orientar más 🙂 Saludos, Paco

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