Dolor y Gloria

Ayer, en un cine de Viena, por fin, estuve viendo Dolor y Gloria, la nueva película de Pedro Almodóvar.

6 de Agosto.- Ha sido una larga espera, muy muy larga, durante la cual he tenido que echar mano de todas mis reservas de paciencia, pero al fin, ayer, pude ver la nueva película de Almodóvar, Dolor y Gloria. La vi en alemán (desgraciadamente, porque sospecho que parte del placer se me hurtó) pero confío en que algún día quiera Dios y pueda verla como Almodóvar la hizo (y, sobre todo, con las voces de los actores que la hicieron, porque por muy bueno que sea un doblaje nunca tiene la calidad del original).

En el cine de Viena donde la vi, eramos cinco. Una mujer que andaba por los treinta y que estuvo hablando por el móvil en un idioma del este (de Europa), otra chica más o menos de la misma edad que llegó justo después de los títulos de crédito –preciosos, por cierto-, un caballero con una escayola aparatosa que le cubría medio cuerpo, mi compañía y yo. O sea, que no creo que a Pedro Almodóvar le merezca la pena llevarse la recaudación de ayer a un paraiso fiscal. Espero que en el circuito de versión original esté funcionando mejor.

Dolor y Gloria es una película muy sólida, mucho menos hermética que Julieta y, sobre todo, en la que se respira una comprensión y una indulgencia hacia la condición humana que no había en la anterior película del de Calzada de Calatrava. Julieta era una película muy dura, muy desesperanzada, una película de opresión, de angustia, de incomunicación. Sin embargo Dolor y Gloria es la película de alguien que, sospecho, lleva el sufrimiento inevitable de existir con más filosofía.

Julieta sufría además porque era la adaptación de dos novelas de una escritora canadiense, con lo cual Almodóvar tuvo que españolizar situaciones y personajes, y a veces el ejercicio quedaba un poco falso. En Dolor y Gloria, se nota bien que Almodóvar conoce perfectamente el material con el que trabaja (su propia vida) y le hace falta falsear lo justo para que no todo el mundo se pueda imaginar que el personaje de Asier Etxandía es una versión mínimamente retocada de Eusebio Poncela, el actor que fue su primer « clon » en pantalla (en « La ley del deseo », en la que también estaba Banderas).

Hoy, yendo a trabajar, me he encontrado con una compañera que sabía que iba a ver la película ayer, y me ha preguntado. Le he dicho que el « flin » me gustó mucho porque es « cine para adultos ».

Ella se ha reido con el juego de palabras, pero lo que yo quería decir era exactamente eso : Dolor y Gloria es una película que trata de cosas que nos pasan a las personas mayores una vez dejamos de leer la Superpop y el Nuevo Vale y descubrimos que la vida va en serio. Y en estos tiempos de fantasías animadas de ayer y hoy, de gilipolleces vacías con dragones y chonis de pelo oxigenado, de superhéroes y demás tonterías, Dolor y Gloria habla de cosas con las que las personas mínimamente alfabetizadas y con algo en el cerebro nos podemos identificar. Y se agradece mucho.

Habla del pasado, habla de la edad, habla del declive del cuerpo –yo he tenido estos días, por primera vez en mi vida, una tendinitis que ha estado a punto de dejar a los lectores de VD sin su post diario-, habla de los amores que dejamos para que no volvieran más (o para que volvieran una y otra vez, que no se sabe qué es peor) ; habla de las relaciones cambiantes con nuestros padres y del proceso de afrontar nuestra orfandad, transformados todos en padres de nosotros mismos ; habla de la distancia que, en contra de lo que piensan los ingenuos, no es el olvido. Habla de la infancia (de la de Almodóvar, pero la de todos también). Y habla de la belleza. Sobre todo a través de las imágenes. La secuencia del monólogo de Asier Etxendía es de una pureza y de una exquisitez que deja con la boca abierta ; y probablemente en el beso que se dan Antonio Banderas y Leonardo Sbaraglia hay más pasión y más verdad que en todas las películas que Hollywood ha producido este año.

Pero Dolor y Gloria pone además sobre la mesa otra verdad inevitable y desasosegante. Pedro Almodóvar cumple setenta años el próximo 25 de Septiembre (es un año más joven que mi padre). Él mismo debe de saber que poco a poco está empezando a llegar la hora de despedirse. Con dolor para muchos (entre los que me encuentro), con gloria, probablemente, para él.

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Un comentario a Dolor y Gloria

  1. Alejandra dice:

    La vi por supuesto en español, de otra forma no me la hubiese podido imaginar!! Una película exquisita, con mucha sensibilidad y crecimiento de el director y de los actores!! Así es la vida misma!!! La súper recomiendo

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