Una de Heimito (2)

Heimito von Doderer alegaría después cierta confusión para hacer lo que hizo pero ¿Le creemos ?

30 de Agosto.- Heimito, decíamos ayer, volvió de la Guerra y, a juzgar por lo que pasó después, alguna que otra pudo cantar la canción infantil, aquella de « qué dolor, qué dolor, qué pena ». Después del paréntesis bélico, el futuro escritor volvió a inscribirse en la universidad. Esta vez estudió Historia y Psicología, carrera que debía de gustarle más que derecho, porque la terminó y lo que aprendió tuvo una gran influencia en su obra.

En el verano de 1921 conoció a una muchacha de origen judío, pero bautizada como católica, llamada Auguste (Gusti) Leopoldine Hasterlik.

Según dicen las crónicas, Hasterlik hubiera podido salir varias veces en la portada de la revista Sueños de Suegra. Venía de una culta familia de médicos vieneses y era una pianista más que competente. Heimito se enamoró (o así) de Leopoldine. La muchacha, en aquel momento, estaba saliendo con un amigo de Von Doderer y probablemente se arrepintió mucho de dejarle para empezar una relación con el pirado que, andando el tiempo, se convirtió en su marido.

Entretanto, la carrera literaria de Von Doderer era todo menos prometedora. En 1923 publicó su primer libro de poesía y al año siguiente una novela. Ambas obras se publicaron en la editorial de un coleguita de Von Doderer y ambas obras pasaron sin pena ni gloria. Por esa época, terminados los estudios, empezó a publicar artículos en la prensa, pensando en ganarse un dinerillo que le permitiera independizarse de sus padres, con los que vivía. Pero estaba visto que el destino de Von Doderer era ser un nini. O sea, que ni estudiaba ni trabajaba, y eso con casi treinta tacos.

En 1927 se le suicidó una hermana y en 1930 se casó con su novia. Pobre chica.

La relación se hubiera podido describir con aquella copla de « ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio ». El matrimonio se celebró por la iglesia, como mandaban los cánones, pero los esposos siguieron llevando vidas separadas y nunca vivieron juntos. Es más : como Von Doderer, según habrán podido deducir ya mis lectores, no estaba muy bien del tiesto, se dedicaba a torturar a su mujer con sus prejuicios racistas y antisemitas.

En 1932 la pareja se separó definitivamente, alegando que la pobre mujer estaba en peligro « por causas raciales ». Después de la anexión de Austria a la Alemania nazi von Doderer persiguió a su ex de manera obsesiva y consiguió que firmara una declaración por la cual le eximía de toda culpa, tras lo cual ella consiguió poner pies en polvorosa y marcharse a América para evitar ser asesinada por los nazis. Parece ser que von Doderer utilizó la peligrosa situación de la pobre mujer para obligarla a firmar la declaración de marras.

El primero de abril de 1933, Heimito von Doderer entró a formar parte del partido nazi. Parece ser que en esta decisión influyeron las opiniones de su hermana Astri y de algunos amigos, así como de un tal Gerhard Aichinger (un prenda), el cual dirigía en aquel momento la revista de los nazis austriacos (después de la guerra se especializó en literatura infantil, rama mitos germánicos, con bien de runas y de narraciones tradicionales). Bajo la protección de Eichinger von Doderer publicó numerosos cuentos hasta que la República austriaca puso a los nazis fuera de la ley y le cerró a Aichinger el chiringuito.

Von Doderer se marchó de Austria y se mudó a Alemania, en donde renovó su membresía en el partido nazi y, gozoso, se integró en la cámara de los escritores del Reich. Se estableció por cierto, en la ciudad de Dachau. Por cierto, ni en sus cartas ni en sus diarios se puede encontrar ni una sola mención al tristemente famoso campo de concentración que los nazis tenían en aquella ciudad.

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