80 años después

imágenes de guerraHace ochenta años que empezó una de las tragedias más grandes de la Humanidad. Era viernes. También (o sobre todo) para la gente normal.

1 de Septiembre.- Siempre hace mucha gracia cotillear por internet para saber en qué día de la semana sucedieron los acontecimientos históricos.

Hoy, por ejemplo, día en que se conmemora el principio de la segunda guerra mundial hace ochenta años, era viernes.

En los estudios Selznick, en California, se trabajaba a destajo para intentar terminar una película que se estrenaría el día 14 de Diciembre. La que se convertiría, probablemente, en La Película, Lo Que el Viento se Llevó. Para muchos, el culmen de aquella cosecha perfecta, la de 1939 que representa lo mejor del cine clásico.

Para entonces, el productor, David O. Selznick -la O., por cierto, no significa nada, y el propietario del nombre solo la añadió por eufonía- estaba ahogado en un mar de deudas, se mantenía en pie a base de anfetaminas (benzedrina, más en concreto) y dormía también utilizando píldoras.

La protagonista, la actriz inglesa Vivien Leigh, quería terminar la película cuanto antes, porque su querido, el también actor inglés Laurence Olivier, había dejado Hollywood y se había ido a Nueva York a hacer teatro. Y claro, la separación le dolía.

El director, Victor Fleming, que había emprendido el trabajo casi un año antes, agotado de trabajar catorce horas diarias durante meses y de tener que bregar con un reparto que se le rebelaba en cuanto se daba la vuelta, había tenido que ser relevado y mandado a descansar (moriría poco más tarde).

En España, lejos del glamour de Hollywood, a la penuria de la guerra civil, le sucedía la amarguísima posguerra. No la paz, sino la victoria.

Empezaban los años de plomo, durante los cuales España se convirtió en una gigantesca cárcel.

Aquel primero de septiembre, Francisco Franco, que había alcanzado el poder gracias en buena parte a la ayuda que le prestaron los nazis (ayuda que no fue gratis, naturalmente, sino a cambio de poder usar España y a los republicanos como pruebas en tiempo real para las armas que fabricaban) aún no había decidido que el Palacio de El Pardo sería su residencia oficial (lo haría el 17 de Octubre) pero ya había decidido que el ochenta por ciento de los puestos de la administración pública serían para los excombatientes „de la causa nacional“ o para aquellos que hubieran hecho „especiales sacrificios“ durante la República. Resultado: con una España llena de mancos, cojos y tuertos a causa de la balacera, hubo que crear a toda prisa puestos de trabajo y sinecuras que resultaron en una hipertrofia de la administración y en un aumento significativo de ese mal endémico que, aún hoy, nos aflige: la corrupción. Naturalmente, como una vez dijo el actor Ismael Merlo, que quedó averiado de un brazo, los del bando nacional eran „caballeros mutilados“, los del republicano, como Merlo, „jodíos cojos“.

Aquel primero de septiembre la madre de Concha Velasco, que también se llamaba Concepción, como ella, estaba embarazada de siete meses y esperaba en Valladolid el nacimiento de su hija.

El padre, don Pío, era militar, así que en aquellos años de estrechez probablemente su necesidad fuera un poquito menor que la del resto de la gente, aunque de todas maneras la Velasco ha contado muchas veces que durante los años siguientes de academias de baile y dura disciplina, muchos días se enteraba al día siguiente de lo que tenía que haber comido el día anterior.

En Londres, el doctor Freud, insigne austriaco, bestia negra de los nazis y figura fundamental de la cultura del siglo XX había iniciado la penosa agonía que le llevaría a morir, apenas veinte días más tarde, de un cáncer provocado por su conocida afición a los puros. Por cierto, Freud, que era médico, era perfectamente consciente de que estaba gravemente enfermo, de manera que le pidió a su médico que le administrara una dosis mortal de morfina, cosa que el médico hizo el día 23 de Septiembre a las tres de la mañana.

En Badajoz, mi abuelo paterno, Sebastián, al que el destino le había llevado a combatir en el bando franquista, aunque estaba sordo como una tapia desde temprana edad debido al sarampión, aún no se había casado con mi abuela María la cual, una vez superado el susto que supusieron las masacres perpetradas por el ejército franquista en Badajoz y su provincia, al principio de la guerra civil, es probable que se dedicara a lo que muchas mujeres de la época: o sea, a ir mucho a la iglesia y a bordar y a coser y a zurcir en compañía de mi bisabuela, su madre. Como cualquier hija de Bernarda Alba.

Mis otros dos abuelos, los maternos, aún eran niños (habían nacido a principios de la década de los treinta) así que no creo que se enterasen mucho de lo de la nueva guerra (bastante tenían con quitarse las hambres de la nuestra).

Aquel primero de Septiembre de 1939 Viena era más grande de lo que es en la actualidad y abarcaba un área geográfica mayor, debido a una reforma de los nazis que había ampliado en mayo de ese año el término municipal. Con sus casi dos millones de habitantes (población que, lentamente, alcanzamos hoy en día) Viena era la sexta ciudad más grande del mundo.

Seis años después y debido a la barbarie humana, quedó convertida en una urbe fría, oscura, provinciana, que fue inmortalizada en el cine en la película El Tercer Hombre.

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