La abuela terrible

La popularidad y la edad instalan a alguna gente en una especie de impunidad de la que es difícil salir.

9 de Septiembre.- Cuando salieron a la luz las extrañas relaciones que Michael Jackson tenía con los niños, relaciones que agotan el catálogo de lo morboso, mucha gente se preguntó (con razón) cómo era posible que hubiera habido padres que hubieran dejado a sus hijos con un tipo que, como mínimo, era más raro que un perro verde.

Yo les contaba a mis compañeros de trabajo que, si algo había aprendido durante mis años en la televisión es que tendemos a considerar a los famosos como gente no del todo real ante las cuales las precauciones que mantenemos con el resto de nuestros semejantes, desaparecen.

Si el famoso es buena persona, quizá esta « carta extra » le sirva para obtener pequeñas ventajas, como conseguir mesa en un restaurante o para aprovechar su fama para desviar la atención de la masa hacia los problemas de este planeta que tiene tantos. Ahora bien, si el famoso no es tan simpático o, simplemente, tiene algún interés no muy presentable, puede caer en la tentación de utilizar este llamémosle superpoder para instalarse en una impunidad dañina, sobre todo para las víctimas.

Ursula Stenzel fue, durante muchos años, una de las caras más conocidas de la televisión pública austriaca. O sea, tanto como decir que durante muchos años fue una de las caras más famosas de LA televisión y, por este medio, del país. Naturalmente, es una señora de clase alta, mirada altiva, de esas de dicción culta y dos toquecitos de Chanel número cinco detrás de las orejas. La suma de televisión (popularidad, irreprochable imagen pública) y lo que podríamos llamar el factor Chanel la hacía ideal como gancho político. Y ahí estuvo durante muchos años, en el Partido Popular austriaco, de reunión de agricultores en reunión de agricultores, y de baile de cazadores en baile de cazadores.

Sin embargo, hace algunos años,Ursula Stenzel debió de pensar que en el Partido Popular no se la apreciaba bastante (al fin y al cabo, en el mundo de Sebastian Kurz las damas –ese concepto tan oloroso a naftalina- no tienen la cotización de antes). La ultraderecha ha sido siempre, desde el tito Adolfo, un movimiento con un fortísimo componente aspiracional. Todos los líderes de la ultraderecha, Strache, especialmente, proceden de las capas bajas del proletariado. Ursula Stenzel no tuvo más que adoptar su pose favorita para tomar el té para conquistar a Strache, el cual, estoy seguro, no podía creer su buena suerte cuando, frente a él, encontró sentada, sonriente, con sus perlas y su permanentado perfecto, a la locutora de informativos de su infancia.

Desde entonces, Stenzel se ha movido con considerable eficacia en las procelosas aguas del FPÖ, calculando bien por donde salía el sol que más calentaba y ejerciendo un poco de grand-mère terrible de Strache, Gudenus y demás. Su viraje hacia posiciones cada vez más extremas, en principio, parte de la estrategia del partido de ponerle una vela al Dios de la derecha democristiana y al Diablo del neonazismo, tiene cada vez menos de calculado y cada vez más, sospecho, de sentirse guardiana de unas esencias que, en este momento, al FPÖ le interesa esconder.

Este fin de semana Ursula Stenzel ha participado en una manifestación de los autodenominados Identitarios, un grupo extremista de ultraderecha, conocido de mis lectores, que fue (y es) fuente de considerables aprietos para Strache en su momento y para el FPÖ en general, así como naturalmente, para el Partido Popular austriaco. Y se entiende, porque tener como socio de Gobierno a un partido que limitaba a la derecha con gente tan poco recomendable, podía salpicar la imagen de tecnocracia y felicidad plastificada que pretendía transmitir el artefacto conocido como Sebastian Kurz.

En el propio FPÖ la asociación de Stenzel con los identitarios ha hecho que muchos hayan tenido su momento oyoyoyoyoy pero fuera se ha vuelto a reabrir la vieja cuestión de hacer que este grupo pase a ser ilegal. Con la ley en la mano, hoy por hoy, es imposible, porque difundiendo su costrosa doctrina (xenófoba y tal) los identitarios no están haciendo nada que atente contra la legalidad. Habría que cambiar la ley para que difundir cierto tipo de mensajes fuera considerado motivo suficiente para disolver una asociación, un terreno bastante pantanoso.

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Un comentario a La abuela terrible

  1. Bad Vöslauer dice:

    No olvide usted que el tito Adolfo era NAZIonalsocialista y del partido de los trabajadores o más bien su NSDAP, de las de economía planificada y protector de los suyos, como en la China de Mao. Lo de la solución final y la creación de empresas y puestos de trabajo para los hebreos en campos de trabajadores vino después.
    La verdad es que cualquier cuestión que tenga que ver con el protésico dental (HC) da miedo, menos mal que sus correlegionarios son más cortos que Bastianico.

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