La gran Bertha (1)

La Greta del siglo XIX se llamaba Bertha y todos los austriacos han llevado su foto en el bolsillo alguna vez.

26 de Septiembre.- En estos días, ha alcanzado gran notoriedad una chiquilla sueca, que les ha puesto la cara colorada a los políticos del mundo a propósito de la enorme catástrofe (ya en marcha) que constituye el cambio climático. Greta, que así se llama la cría, ha sido atacadísima. En esos ataques, a mi juicio, se unen dos factores. En primer lugar, que lo que Greta dice intranquiliza la conciencia de mucha gente que no quiere renunciar a unos privilegios que perjudican al resto de la humanidad. De otro lado, el hecho de que Greta es un ser humano de sexo femenino. O sea, que se junta el mastuerzismo clásico con el machismo no menos clásico.

La historia de Greta me ha recordado a la de otra mujer, esta vez austriaca, Bertha von Suttner, a propósito de cuya vida no sabía yo nada, hasta hoy. Von Suttner tuvo una vida de esas apasionantes, llena de circunstancias curiosas, que empezaron antes de su nacimiento.

Y es que el padre de Bertha von Suttner no tenía nada que envidiarle al doctor Iglesias Puga, alias Papuchi, padre de Julio Iglesias, el cual, en lo que para muchos significa el ocaso de su vida, empalmó (ejem) una gran faena y fue padre de dos gemelos. Así, el padre de Bertha von Suttner, un general bragado y meano del ejército de la doble monarquía austro-húngara, concibió a la que sería la primera premio nóbel de la paz nada menos que a los setenta y cuatro. Hecho lo cual, la historia no especifica por qué, el buen hombre, que aparte era conde (de Wchinitzy y Tettau) y se llamaba Francisco José Kinsky, tuvo a bien morirse. O sea, que Bertha Von Suttner (en aquel momento Kinsky, como Nastasja) fue hija póstuma, y se unió a ese club al que también perteneció, por ejemplo, el rey Don Alfonso XIII.

En fin : el caso es que al principio todo pintaba fenomenal para la chiquilla. Oyes, nacer en Praga,en un hogar de la nobleza, no le pasa a todo el mundo. En su infancia, Bertha von Suttner, que debía de ser una cría inteligente y tal y cual, aprendió idiomas y leyó, y se hizo con una cultura (cosa que no era tan usual en las mujeres de su época) pero claro, la inconsolable condesa viuda de Kinsky tenía el mismo problema que muchas folklóricas españolas : o sea, que le iba el juego más que a un tonto un lápiz. Y entre bacarrás y ruletas se pulió la fortuna del difunto esposo, dejando a la familia (su hija incluida) a two candles.

Esto no amilanó a la joven Bertha Kinsky.

Como debía de ser un pimpollo, y además hablaba idiomas y sabía usar la paleta de pescado, se colocó (laboralmente, como es natural) como Institutriz en casa del Barón von Suttner, un industrial que estaba forradérrimo (el título de Barón, ni entonces ni ahora, no te lo dan por la patilla, claro).

El barón tenía cuatro chiquillas pero también un joven hijo, que se llamaba Arthur Gundaccar von Suttner (yo, cuando sea mayor, quiero escribir una serie para Jason Moa y ponerle a su personaje de hombre !Gundaccaaarrrrrr !). En fin : pasó lo que tenía que pasar. Ella era mona, culta, entradita en carnes como en aquella época se estilaba, con mucha personalidad y él era también culto (quizá no tan guapete, pero tenía un pase) y seis años más joven que ella ; total, que el joven hijo del barón se enamoró de la joven institutriz de arrolladora personalidad, que es una trama tan tradicional como la del torero que se enamora de la tonadillera.

Como solía suceder en aquellos momentos, el barón y la baronesa von Suttner, padres del encoñ…Digoooo, padres de nuestro Romeo, se opusieron rotundamente a que su hijo se casara con una mujer que sí, que era hija de una condesa, pero que no tenía donde caerse muerta. Después de montar el correspondiente poyo, los barones despidieron a la que ellos pensaban que era una pelandrusca y nosotros sabemos que era chica con mucho potencial.

Bertha von Suttner se marchó a París y durante dos semanas fue la secretara personal de Alfred Nobel (otro chico con potencial). También fue una pionera en esto de la precariedad laboral, la pobre. Sin embargo, la pobre muchacha se quedó en el paro otra vez, porque a Alfred Nobel lo llamó el rey de Suecia de vuelta a la patria. Vaya por Dios.

Bertha volvió a Viena desde París en el verano de 1876 y su churri le estaba esperando. Se casaron el 12 de Junio contra el deseo expreso de los padres de él, que le desheredaron. En el próximo capítulo de esta historia, veremos qué pasó con estas biografías de culebrón.

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Un comentario a La gran Bertha (1)

  1. Luis dice:

    ¡Ay! Con lo interesante que estaba… Esperaremos a la próxima puntata.

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