El fútbol es así

Los lugares comunes son irritantes pero, en ciertas situaciones, cuando los nervios están a flor de piel, se agradecen.

30 de Septiembre.- Una de las cosas que yo, personalmente, encuentro más fascinantes en este mundo, son los lugares comunes. Funcionan como descargadores de tensión en situaciones en las que la emoción está muy alta (y las guardias de la razón muy bajas) y, por lo mismo, las personas tienden a decir tonterías.

Digamos que, en la escala de la tontería, un lugar común es una falta leve. Irritante, pero leve. Hay ámbitos de la vida en los que el lugar común es un mal endémico. Por ejemplo, el fútbol. Las declaraciones de los jugadores de balompié después de un partido son combinaciones de n elementos tomados de n en n, de manera que uno llega a preguntarse si el periodismo deportivo no podría ser ejercido por máquinas. « El fútbol es así », « Hemos salido a ganar »…

Las noches postelectorales son también momentos en los que el tópico, esa mala hierba que nunca muere, crece cual níscalo. Los tópicos ayudan, por ejemplo, a que el vencedor se muestre magnánimo en su victoria « Hemos ganado por goleada pero estamos abiertos a hablar con todas las fuerzas políticas » y dan árnica a los que, como le pasó a Pamela Rendi-Wagner ayer, han recibido de los votantes un buen meneo que les ha dejado magullados y polvorientos. « Hemos entendido el mensaje » (a buenas horas, green sleeves).

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Hay cosas, claro, que ni con tópicos se resuelven. La hostia gorda (con perdón) se la dio ayer la ultraderecha. Algunos dirán que gracias a Dios, pero hasta el rabo, como dijo aquel, todo es toro. O sea, que podrá pensar la gente que los del partido derécher van a estar fuera de combate durante una larga temporada, pero yo, personalmente, no las tengo todas conmigo.

La amarga noche electoral de ayer pilla al partido más montaraz del arco parlamentario austriaco con las tripas al aire.

Aún a la altura hace una semana parecía que el asunto del vídeo ibicenco no iba a pasar grandes facturas a los porcentajes de voto de la ultraderecha. Sin embargo, todo cambió el martes de la semana pasada, cuando el ex guardaespaldas de Strache, anterior líder del partido, fue detenido e interrogado exhaustivamente, y empezaron a saltar a los medios datos, precios, bolsos de Chanel, « ayudas » al alquiler equivalentes a un sueldo de los buenos, y cargos honoríficos que se hacían por una pasta gansa.

Strache intentó disculparse ante sus fieles (aún los tenía) y apeló al sentido familiar que mantiene a los que ejercen cotidianamente la xenofobia unidos en sus neurosis. Después, en lo más recio del temporal de revelaciones, su mujer, Philippa, con lo ojos más azules que nunca y vestida de trapillo, como intentando desmentir así los rumores sobre su vida de lujo, acudió a la televisión para intentar contener el desastre y, al mismo tiempo, tratar de reivindicar a su esposo, el cual había perdido, según ella, la razón de su vida.

Hoy, el futuro de Strache y el de su mujer está más en el aire que nunca (vamos, no de su relación, que se intuye fuerte y sana, sino su futuro laboral). Es poco probable que sus antiguos correligionarios (particularmente los que eran amigos del alma de Strache) le perdonen que se hayan hecho públicas ciertas cosas de las que, por fuerza, ellos tenían que ser conocedores y que, aunque ls parecieran mal, debieron de tolerar aunque solo fuera por no romper el culto al jefe que forma el espinazo de la ideología ultra en todas las épocas. El macho alfa hace lo que le sale del pirulí y nosotros credere, obedire e combatere, que hubiera dicho el Duce.

Ojo : lo que les molesta no es que se haga (porque al fin y al cabo, piensan que en todas partes cuecen habas) sino las consecuencias de que se haya sabido.

Es lo que tiene el liderazgo, que si te fías del líder que no es (y casi todos no son) te terminas dando un hostión.

A la palestra cibernética (Facebook) no salió ayer Strache para confortar a sus ateridas huestes, ni Hofer, ni Kickl, sino un personaje relativamente de segunda. Strache comentó el video una vez publicado, con otro tópico, el de la noche triste, y para redondear, soltó un segundo « la vida sigue ».

Según parece, su mujer habría conseguido los votos necesarios para ser diputada (aunque es bastante probable que, de ese apelativo profesional, haya muchos de su partido que solo nombren en estos momentos dos sílabas de la palabra). Sin embargo, fuentes cercanas a la pareja afirman que va a renunciar a su acta. El siguiente candidato en la lista del FPÖ es otro investigado por lo del vídeo de Ibiza, así que deben estar pensando que no se sabe qué será peor, si el remedio o la enfermedad. Entretanto, Strache tiene un chiquillo de meses. Su padre tendrá que ir al AMS (servicio público) a pedir un trabajo por el amor de Dios y quizá, quién sabe, darse cuenta de que las ayudas familiares también las reciben las parejas arias y con ojos azules, y no solamente, como él no se cansaba de decir, personas que llegaron de desiertos lejanos.

Por otro lado, mientras en las filas de Kurz todo son jolgorios y zapatetas (bueno, ya habrá gente más responsable pensando en el marronazo de formar gobierno) en las filias socialistas ya han empezado a hacer lo que se hace en un equipo de fúrgol cuando los resultados van mal. Esto es, echar al entrenador. El mister del partido socialista se llamaba Thomas Drozda, y hoy ha abandonado su cargo para dejar sitio a otro (se supone) más apto. Como suele suceder en estos casos (otro tópico) a la « lideresa » socialista, Pamela Rendi-Wagner, tras el modestísimo resultado de ayer también se le mueve la tierra bajo los pies, pero a diferencia de lo que sucede en la ultraderecha nadie piensa que sea tan urgente de momento reemplazarla. Quien puede está, supongo, a la vista de un nuevo Sebastian Kurz de izquierdas que devuelva la alegría a las encuestas. Sin embargo de eso hablaremos en otro momento. Tiempo habrá.

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