Sopa de nabos

El éxito tiene muchos padres y el fracaso pocos o ninguno. Es una regla infalible de la naturaleza humana.

4 de Octubre.- Si un extraterrestre llegara a la tierra y preguntase cómo somos los seres humanos, de carácter y eso, probablemente una de las reglas que podríamos indicarle sería esta :

-« Mirusté », aquí cuando algo sale bien, todo el mundo se quiere apuntar el tanto, pero cuando algo sale mal, se hace lo posible por echarle la culpa al menor número de personas posible. Y si puede ser a uno solo, el famoso chivo expiatorio…

-¿Chivo ? Mí no comprender.

-Es largo de contar. A lo que iba : que si puede ser al famoso chivo, mejor.

O sea, que el éxito tiene muchos padres y se procura que el fracaso tenga pocos o uno. A medias para tranquilizar la conciencia, a medias para descargar pronto la tensión sin tener que hacer muchas averiguaciones.

Así, si un equipo de fúrgol gana un partido, verás a los jugadores que se abrazan, se besan, incluso los hay que llevan las manos a las partes de sus colegas de equipo (como decía Santiago Segura en « La niña de tus Ojos », « no es homosexualidad, es homosentimentalidad »).

Ahora bien, si en el marcador hay un resultado de esos que causan « bochonno », es probable que todo el estadio abuchee al entrenador.

La política, decíamos ayer, es un poco como el fúrgol, deporte invasivo y tiránico, opresor de infancias (de la mía, por ejemplo).

Cuando se gana, todos quieren pegarse al ganador, a ver si se les contagia algo. Y ahí tienes tú ahora a todos los caballeros del Partido Popular Austriaco –alguna dama también, pero son menos- diciendo que ellos, si pudieran, se dejarían crecer las orejas para parecerse a su amado líder pero que, como no pueden, se contentan con besar por donde él pisa y con no salirse un punto del camino que él les marca. Un poco como los que, en Celtiberia, cuando Campechano the first, decian que ellos habían sido monárquicos « in pectore » de toda la vida, pero que les había dado cosa decirlo.

Rabiando debe de estar ahora, Reinhold Mitterlehner, el pobre (predecesor de Kurz) y diciendo –con razón- que siendo él mejor político que Kurz, pasó las de Caín porque no estaban los tiempos maduros para que hubiera en Austria un canciller de derechas, porque al paisanaje le daba pereza votar a un caballero mayor y con cara de malas pulgas.

Hoy se han cambiado las tornas, y la que sufre es (ay) Pamela Rendi-Wagner.

La pobre.

Que sí, que vale, que es más fría que una merluza del Cantábrico, que tiene el carisma tirando a menos dos, pero que antes que candidata es persona y, sin duda, una mujer inteligentísima y no se merece las que le están dando. O por lo menos no se lo merece ella sola.

Porque, digamoslo de una vez, en los malos resultados del SPÖ hay muchos más ingredientes que una candidata distante. Hay una crisis de ideas. Las masas obreras se han movido hacia la ultraderecha (las pocas masas obreras que quedan, porque ahora el precariado tiene un teléfono en la mano para trabajar cuando le manda la App) y los que estudiaron gracias a la socialdemocracia, casi nórdica, de Kreisky, hoy votan a los verdes, que ofrecen un paraiso en la tierra de mejor calidad (y sin centrales nucleares, ni plásticos, ni fertilizantes) o a los Neos, que son como los del Partido Popular solo que sin tanta iglesia.

En el caso Rendi-Wagner, aparte de lo de el entrenador que lleva su equipo a ser farolillo rojo, se juntan también otras cosas.

Una, no hace falta decirlo, es que Rendi-Wagner es mujer. Un sistema infalible para detectar el sexismo es hacer el ejercicio de pensar si las críticas que se le hacen a una mujer se las harían a un hombre. Por ejemplo, uno de los capitostes del Partido Socialista austriaco, al objeto de resaltar la circunstancia de que, a su juicio, Pamela Rendi-Wagner no era la candidata correcta, ha dicho que « la gente no vota a personas con un apellido doble » (en Austria, cuando alguien se casa, la pareja puede elegir el apellido de la mujer, del marido o uno doble, formado por la unión de los dos, separado por un guión). La frase, tan breve, tiene múltiples lecturas. Y, por supuesto, el que la ha pronunciado no la hubiera dicho jamás de un hombre (o quizá sí, si el hombre hubiera adoptado, por ejemplo, el apellido de su mujer).

La política, por desgracia, sigue siendo lo que en mi adolescencia se llamaba un campo de nabos y no son pocos los nabos a los que se les perdona no dar la talla solo porque son eso : nabos. Qué tiempos, oiga.

Postdata : por cierto, tal día como hoy, hace trece años, se escribió el primer post de Viena Directo. Muchísimas gracias por seguir ahí, después de tanto tiempo.

Marko 04102019-4fb

Marko es otro de Los Hombres de Paco. Si quieres ver más imágenes suyas y de otros modelos, no tienes más que seguir la cuenta de Instagram de Foto Bernal Vienna (en este link).

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