Parece mentira, pero es verdad

En Viena, a veces, pasan cosas dignas de una novela de Isabel Allende. El artículo de hoy parece mentira, pero más verdad no puede ser.

5 de Octubre.- En la vida, pasan a veces cosas como de novela de Isabel Allende. Según informan los medios austriacos, dos señores vieneses ganaron veintemil laureles porque cinco días antes de que estallase el escándalo de Ibiza apostaron, así como quien no quiere la cosa, a que habría elecciones anticipadas.

La casa de apuestas (por internet) decidió que aquello no era normal y denunció el caso a la policía, la cual, naturalmente, sumó dos y dos. El lunes anterior a aquel viernes en el que la vida de Strache y de Gudenus cambió para siempre, nadie, pero nadie nadie nadie, podía ni siquiera suponerse que el Gobierno caería y que, por lo mismo, habría elecciones anticipadas. Ya todos nos habíamos hecho a la idea de que Strakurz tenía cuerda para rato y que tendríamos que vivir atufados por el humo del tabaco hasta que cambiaran las tornas. Luego, todos sabemos lo que pasó. A partir del primero de noviembre ya no se podrá fumar en los bares austriacos (ole con ole y olá).

El caso es que, después de recibir la denuncia, la comisión investigadora del caso de Ibiza se puso manos a la obra. Les preguntó a los dos señores por esta premonición tan precisa que habían tenido y también hubo registros tanto en sus casas como en sus trabajos, sin que, de momento, la policía haya conseguido encontrar pruebas de ninguna clase que apunten a que los afortunados apostadores eran conocedores de lo que iba a suceder.

También materia para un cuento de Isabel Allende han sido los acontecimientos que se han dado en una comunidad de vecinos de un barrio humilde de Viena.

Esta vez, sin embargo, no hubo presentimiento, sino más bien al contrario.

Hace unos días, los vecinos de una casa de pisos vienesa empezaron a notar un pestazo tremendo el cual, lejos de irse amortiguando, se hacía cada vez peor con el paso de las horas.

-Aquí huele a muerto -le decía la señá Hannelore al señor Hans.

-Pues yo no he sido -contestaba Hans.

-Pues será la primera vez.

Visto que el pestazo no se acababa, los vecinos llevaron el caso a las fuerzas del orden las cuales se personaron en el lugar y comprobaron que, efectivamente, olía muy mal.

-Esto va a haber que investigarlo o algo.

Dicho y hecho.

Los policías se pusieron a investigar y llegaron a un cuarto trastero del cual salía la peste.

Forzaron la puerta y se confirmaron sus sospechas. Abrieron un arcón frigorífico y dentro encontraron unas bolsas de plástico y dentro de las bolsas de plástico…Pues eso, el cadáver de un cristiano caducado.

-¿De quién es este trastero? -preguntaron.

Les indicaron una casa, habitada por un ciudadano que resultó ser búlgaro.

-Buenos días -dijeron los agentes.

-Buenos los tenga usted -contestó el búlgaro.

-Sabrá usted a lo que venimos.

-Ya, hubo un apagón hace unos días y se estropeó el arcón frigorífico. Estos chismes modernos te duran dos telediarios.

-¿Y se puede saber quién es el cristiano que hemos encontrado dentro?

-Bueno…Pues un amigo.

-Ya, y como le tenía usted tanto cariño, decidió conservarlo.

-No…Bueno, sí. El caso es que yo le veía muy mala cara.

-Peor la tiene ahora.

-Ay, no me diga usted estas cosas que yo soy muy aprensivo.

-Al grano.

-El caso es ue yo le veía mala cara y eso y un día cuando volví a casa de trabajar, me lo encontré muerto. Ahí. Tiesecico el pobre.

-Ande ya, hombre. Eso no se lo cree ni el Tato.

-Que sí, que se lo juro por mis muertos más fresc…Digo, que eso, que se lo prometo. El caso es que me dio mucho miedo, y como a mí los muertos me dan mucha aprensión, pues entre que decidía lo que hacer con él y no, pues lo metí en el arcón.

-Ya, salao. ¿Y cuánto hace de eso?

-Bueno, pues…Tres años. Tres años nada más.

Los agentes esposaron al búlgaro y lo pusieron a buen recaudo, mientras se le hacía la autopsia a lo que quedaba del amigo.

El caso es que, al no encontrar nada que contradijera la versión del búlgaro, los policías lo tuvieron que poner en libertad. De lo más que le pueden acusar es de perturbar el descanso de los muertos (vaya semanita que llevamos con el tema, por cierto).

Hoy, como cada sábado, hay un nuevo post de www.fotobernalvienna.com

Capítulo 7: Viktor, el hombre de Indi Ana

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