La chica del 17

Nadie sabía de dónde sacaba la niña del diecisiete pa´tanto como destacaba. Pero este interrogante ha marcado el principio de una guerra.

El primer episodio de esta historia, aquí.

9 de octubre.- Efectivamente, a dos días de las elecciones como aquel que dice, cundió el pánico en el FPÖ.

A pesar de la auténtica riada de noticias que inundó los medios durante aquellos días, a pesar del cachondeo público en el que jugaron un papel preponderante los antiguos eslóganes del FPÖ, que cobraban un nuevo sentido tras las revelaciones (« Nuestro dinero para nuestra gente ») Philippa Strache seguía siendo candidata del FPÖ. Y nadie lo hubiera podido evitar porque burocráticamente era imposible mandarla a su casa.

Visto el panorama, la estrategia del FPÖ, con el temporal arreciando, se concentró en el control de daños.

Por un lado, Hofer, el candidato que ponía la cara en los debates, intentó que no se la partieran mucho, aparentando que no pasaba nada y que todo estaba bajo control, y prometiendo a diestra y a siniestra que se abriría un proceso de investigación interna para ver si las acusaciones contra el matrimonio Strache eran ciertas o no y que, en el caso de que se confirmasen, el matrimonio Strache «Tendría que afrontar las consecuencias ».

Por otro, el propio matrimonio Strache también reaccionó por su lado. Él utilizó Facebook, su red social favorita, no solo para desmentir todos los cargos, achacarlos a una campaña orquestada y blablablá, sino también para invocar la « unidad de la familia del FPÖ » . Ella, entretanto,se personó en el programa de entrevistas de Fellner, en la televisioncilla que se ha convertido en el boletín oficioso del FPÖ y, en todo caso, en un canal de televisión dirigido a gente de curriculum académico escueto (el núcleo duro de los votantes de la ultraderecha).

A ese plató acudió vestida de negro, modestamente (era imposible pasar por alto un coletero de plastico) hecha la imagen de la inocencia. El contenido de la entrevista estaba obviamente pactado y Fellner demostró en todo momento la larga amistad que le unía a su entrevistada (el tuteo familiar y cierto paternalismo untuoso en la raya de lo que cualquier otra mujer hubiera juzgado un poquito ofensivo).

Philippa Strache no estaba en una situación como para fijarse en sutilezas. Como era esperable, lo negó todo y pintó un panorama familiar en el que su marido y ella recibían amenazas en su domicilio particular y en el que su marido trataba de sobreponerse al hecho incontrovertible de que a causa de una conspiración causada por una mezcla de motivos políticos y envidias, había perdido lo que era el objetivo de su vida.

Durante esa media hora hipnótica (ese coletero de plástico), Philippa Strache demostró que solo era rubia de bote. O sea, que de tonta no tenía un pelo.

Sin embargo, el intento estaba condenado al fracaso en un tiempo en el que todos llevamos en el bolsillo una cámara y una conexión a internet.

Empezaron a salir fotos de Philippa y de su suegra, la adoradísima madre de Strache, con bolsazos de los de a cuatromil euros la pieza. Y con cada foto, se podía oir de fondo el viejo cuplé :

Donde se mete, la niña del diecisiete/ de donde saca, pa´tanto como destaca

A lo que Philippa Strache añadía, canturreando la conocida melodía :

Y ella les dice, al verlas en ese plan / la que quiera coger peces, que se moje el tralará.

Llegó el día de las elecciones y, como ya saben los lectores de Viena Directo, la ultraderecha se dio un batacazo histórico (si bien, desgraciadamente, no a la altura de sus merecimientos). Con todo perdido, ya no había ninguna razón para conservar las formas. Por ninguno de los dos lados. La dirección del FPÖ se tomó lo sucedido (como es lógico) como una ruptura del acuerdo al que había llegado con Heinz Christian Strache ; en tanto que el matrimonio Strache se tomó la cuestión como una declaración de guerra en toda regla.

Lo era. Y solo acaba de empezar.

(continuará)

Capítulo 8: el tigre vegetariano

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