Músculos y lentejuelas

En donde el lector podrá saber por qué el culturismo es una tribu con ciertas características peculiares.

4 de Noviembre.-

(La primera parte de este reportaje está en este link)

Mientras todo esto sucedía, las competidoras femeninas eran sometidas al escrutinio experto del jurado.

female bodybuilder

Desgraciadamente no tuve oportunidad de hablar con ninguna de ellas ni de preguntarles qué es lo que les suponía adoptar un canon estético tan alejado de, pongamos, el culo de Kim Kardashian (tan influyente, por otra parte, en la cultura pop de nuestros días). Sin embargo, observando el lenguaje corporal de aquellas mujeres y la manera en que se relacionaban las unas con las otras, uno podía detectar muchos indicios de lo que yo llamo „cultura de la ciudad sitiada“ que también se da en otros colectivos, por ejemplo, en el homosexual, o en las minorías étnicas, y que se sustancia en una insistencia por enviarle al otro señales de que le apoyas, de que le toleras, de que te da igual que sea raro o heterodoxo, que le aceptas, en suma dentro del grupo porque, ya que somos pocos y el entorno es hostil, por lo menos, vamos a llevarnos bien.

female bodybuilder

Aquellas mujeres, con sus sujetadores de lentejuelas con relleno y sus sandalias de plástico y sus pestañas postizas, y sus tintes rubios o morenos, y sus brazos con los que podrían doblar una barra de hierro, se notaban frágiles en realidad.

A eso de las 14:30 llegó la hora de „auf pumpen“ (o sea, del „bombeo“).

bodybuilder posing

Cualquiera que haya fotografiado a un culturista lo sabe y es que los músculos de los seres humanos no están así como salen en las fotos. Antes de que el deportista se ponga delante de la cámara, y que darle la oportunidad de que haga fondos o levante pesas, para que la sangre llegue a los músculos y adopten la forma de cuando están calientes. O sea, que aumenten de tamaño.

bodybuilder posing

Fue en ese momento cuando un propio del Lugner City se acercó al hombre que estaba tumbado junto a mi amigo Viorel (el desnudo, salvo por un bañador, recordarán mis lectores) y le ayudó a levantarse. Yo pensé que la bajada de azúcar le había llegado a aquel señor demasiado pronto, pero cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que aquel Apolo era ciego. Disciplinadamente, desplegó su bastón y se dejó guiar hacia las profundidades del backstage.

Más o menos entonces empezaron a llegar más hombres. Tenían en común que venían todos de Afganistán o de Siria. Es este un factor que, creo yo, no ha sido estudiado con la profundidad que se merece y es que la llegada de refugiados en 2015 supuso también la llegada de un enorme contingente de culturistas de oriente medio. Es el culturismo además un deporte relativamente barato, para el que solo se necesita ir al gimnasio, el propio cuerpo y una tenacidad a prueba de bombas (y de la ruta de los Balcanes).

Los culturistas afganos eran/son una gente muy afable.

Según pude observar, cada deportista venía con su equipo de ayudantes y con lo que parecía un patrocinador.

El patrocinador iba vestido de punta en blanco, con un traje inmaculado y un abrigo de pelo de camello echado sobre los hombros, un poco como esos hombres de los años cuarenta que se ven en las películas de gangsters. También pude observar que los afganos no pasaban por el „túnel de coloreado“ como los otros, sino que ellos traían sus propios mejunjes bronceadores. Cada deportista tenía a dos ayudantes que le pintaban con un rodillo con una sustancia cremosa de color cobre brillante, hasta que le dejaban como un primo hermano del Oscar de Hollywood (pero en cobrizo, claro).

painting a bodybuilder painting a bodybuilder

Era inevitable la comparación no solo con los toros sino, por ejemplo, con lo que debe de ser el festival de las drag queens en Las Palmas de Gran Canaria.

Al lado de mi amigo Viorel también llegó un señor al que le estaba pintando una persona de la que no pude saber si era hombre o mujer. La estampa me pareció curiosa y les pedí permiso para hacer fotos, disparé un par, con el flash y me di cuenta de que había detrás de mí otro caballero muy grandote también, sumamente musculado, el cual, paradójicamente, llevaba en los brazos un minúsculo chiguagua al que no hacía más que tranquilizar. Me di cuenta de que quizá le estaba haciendo la pascua al pobre perrito y le hice un par de fiestas.

Aquel Obelix (obviamente el novio del hombre al que estaban pintando) me dijo:

-No pasa nada, es que es muy asustadizo.

A todo esto, en el túnel de coloreado, los últimos en llegar no hacían más que rociarse con un espray. Era un olor intensísimo, familiar, que al principio no pude identificar. Un olor un poco asfixiante que me retrotraía a las profundidades de mi infancia. Al principio pensé que era laca pero no, era Reflex.

La actividad en el pasillo del Backstage empezó a aumentar. La competición, con sus incidentes, estaba a punto de empezar.

(Mañana, el último capítulo de esta serie en la que el intrépido reportero deberá hacer gala de sus capacidades actorales)

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

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