Un varapalo que incendia las redes

una hogueraCuando alguien se lleva un varapalo se incendian las redes porque a alguien le han dado una puñalada por la espalda por haber sufrido un duro revés

6 de Noviembre.- El próximo domingo, España acudirá a las urnas y es probable que Austria, mi segunda patria, mire interesada hacia el sur.

Son muchos los asuntos urgentes que hay que resolver y corre mucha prisa la formación de un nuevo Gobierno, a ser posible estable, que entienda y decida sobre temas tan candentes como el cambio climático o que hay que hay que invertir en ortografía (para que la gente deje de escribir « Vienna » o peor « Bienna », por ejemplo), en tecnología y, sobre todo, en educación de calidad para todos y cada uno según sus talentos, al objeto de que no nos pase lo de siempre o sea, que sigan inventando otros.

Entro para mi mal en la página de un conocido periódico digital.

Los titulares dan susto.

Hay quien « arremete » contra otro cristiano que no le ha hecho nada, quien sufre « un duro revés », quien « se encuentra hundido/a » porque entro a McDonald´s y pidió un Whopper (sin queso). Está el candidato que « sacó las uñas » ante una pregunta y que luego « estalló contra » otro que quiso mediar, el tertuliano que « sufrió un varapalo » al exponer un punto de vista, el que « desquició a las redes » por llevar corbata o no llevarla, el que « las incendió », el que « hundió a un contrincante en el ridículo », el que « le dio un zasca « (o más de uno), la que « rehúye de un plató » (sic), personas que « se enzarzan » o « se apuñalan por la espalda ». En fin. Estoy seguro de que el lector habrá tenido ocasión de estar expuesto a estas expresiones de uso corriente, en principio destinadas a provocar una reacción emocional ante contenidos que no justifican estos términos de ninguna de las maneras.

Esta forma de hablar ha ido calando y ha instaurado en España (y estoy seguro de que en otros lugares) una manera faltona, grasienta e indudablemente peligrosa de relacionarse con los que no piensan de la misma manera que nosotros.

La simple conversación, el contraste de pareceres, han quedado desterrados del debate público y han sido sustituidos por un afán constante de « quedar por encima », de « ganar », de « machacar » al otro, despojado de su humanidad (o de parte de ella) para ser convertido en un contrincante al que hay que vencer.

En este campo de batalla, la inteligencia no tarda en convertirse en la primera víctima. Las tripas, como todo el mundo sabe, no están diseñadas para pensar.

Naturalmente, en Austria, aunque minoritarios, también hay practicantes de este estilo de contar las cosas que pasan.

El más conspícuo (da fatiga escribir su nombre) es Michael Jeannée, un columnista del Kronen Zeitung (What else ? Where else ?) de esos que nunca deja que la verdad le estropee una buena noticia.

Hace dos semanas, se refirió al redactor jefe del semanario Falter (una publicación con una calidad y una profundidad fuera totalmente del alcance del Kronen Zeitung) como, ateción «desesperados propagadores del odio » (hetzender Verzweifelter), « difamador peligroso », « intrigante sin escrúpulos » y « figura podrida » (verderbte Figur). Dichos calificativos hicieron, probablemente, las delicias de los lectores de Jeannée los cuales, a falta de placeres más sofisticados, se deleitan con el olor del napalm. Los descalificativos vinieron porque el Falter publicó las informaciones a propósito de la presunta financiación ilegal del Partido Popular austriaco, informaciones que pusieron en un « aprietín » a Kurz (fue un aprietín porque al votante medio de Kurz la financiación del partido les parece un misterio tan abstruso como la fisión nuclear o el número de operaciones estéticas que lleva la familia Kardashian).

El redactor jefe del Falter interpuso una querella por injurias (como si Jeannée no tuviera ya, como suele decirse, el culo pelao de querellas) pero el juez, sorprendentemente, la ha desestimado, al entender que el redactor jefe del Falter es una figura pública que debería estar acostumbrado a que le tirasen adoquines por la calle.

Esperemos que no sea el principio de nada y que, en Austria, nadie se lleve ni un zasca, ni un varapalo, ni se incendien las redes ni se desquicien ni nada así.

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