Una palabra suya

Hoy los españoles hemos encontrado un verbo que describe una cosa muy española y que no tiene equivalente en español.

5 de Diciembre.- Seguramente pasa en otras nacionalidades, pero los españoles no nos damos cuenta de que somos una gente de lo más curioso hasta que salimos fuera de nuestras fronteras y nos vemos confrontados con otras costumbres. En eso quizá consista eso que dijo Miguel de Unamuno de que el nacionalismo se quita viajando (ojalá fuera verdad y todo fuera tan fácil, no habría más que montar a los tontos en un avión para que vieran mundo). Pero no. En fin.

Una de las cosas que a los austriacos les sorprenden más de nuestra manera de ser es cierta peculiaridad que los españoles presentamos cuando estamos con otros paisanos, y es que nos cuesta horrores despedirnos.

Para un austriaco (o austriaca) resulta un espectáculo entretenido o desesperante (depende de la temperatura) ver cómo los españoles están en un bar o restaurante, pagan, se levantan, se ponen los abrigos, se besan, se apapachan, se palmean las espaldas vigorosamente, se cuentan lo bien que se lo han pasado juntos, se dirigen a la puerta del local, por el camino se despiden del tabernero o de la tabernera, todo en una alegre algarabía. A ver si esto lo repetimos más. Es verdad, que nos vemos poquísimo. Luego, se ponen en la puerta del local y siguen charlando, retoman un motivo de la conversación pasada, forjan planes de futuro para las energías renovables, discuten los presupuestos generales del Estado, deciden si el premio Nobel de literatura debería ir (por fin) a manos de Manuel Alejandro (gran compositor de canciones gaditano); rememoran algún gag de Lina Morgan, lo cual les lleva a Martes y trece, y a la nochevieja, naturalmente ¿Y vosotros qué váis a hacer? Pues mira, no lo sé, yo creo que con mis suegros. Ah, qué bien ¿En Caritina? No, aquí en Viena.

Y pasan diez minutos.

Y pasan veinte.

Y pasan treinta.

Y nada, que no hay manera de que nos despidamos.

Pues bien: queridos lectores de Viena Directo, gracias a nuestros queridos austriacos, por fin (!Por fin!) este fenómeno tiene un verbo para describirlo. La palabra del año entre los jóvenes austriacos nos retrata: Brexiten. O sea, Brexitear. Lo hacen, en Austria también, esas personas que empiezan a irse pero no terminan nunca de hacerlo, como los españoles.

Es una bonita tradición esta de elegir la palabra del año que este curso se ha efectuado por vigésima vez.

Brexiten es solo para los jóvenes. Hay más categorías.

La que más ha llamado la atención ha sido la palabra del año, que ha sido, como no podía ser de otra manera, „Ibiza“.

Desde Mayo de este año, tú le dices a un austriaco Ibiza e inmediatamente le vienen a la cabeza esas imágenes del ex vicecanciller con esa camiseta marcando tripa.

La „despalabra“ o sea, el horror semántico (Unwort) del año ha estado tambien vinculada al escándalo que se llevó por delante la carrera política de sus protagonistas, Strache y Gudenus (aunque Strache está convencido de que tiene siete vidas y ya está preparando su vuelta). Se trata de «b’soffene G’schicht» o sea „Historieta de borrachos“ o, quizá llevando más la traducción al contexto lingüístico de su autor „Rollo de mamaos“ (una cosa así). La pronunció el propio Strache en un contexto tan improbable como el discurso en el que anunció que dimitía de sus cargos.

También hay una „expresión horrorosa“ del año y es, naturalmente „Zack zack zack“. Es una onomatopeya (Oh! No! M´atopeya, dijo la gallina antes de que el coche le pasara por encima) que describe las cosas que se hacen con eficacia.

También fue Strache el autor. La expresión ya existía, naturalmente, antes de que Strache la utilizara, pero a él hay que agradecerle que se haya convertido en una broma cómplice. Es una cosa como lo que decimos los españoles de „esto lo arreglo yo en un momento, sujétame el cubata“. Pues así.

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