La fiesta de la democracia

Hoy, a las once, se ha producido en Austria la auténtica fiesta de la democracia. La plasmación de un acuerdo entre dos socios que no pueden ser más distintos.

7 de Enero.- Dice el refrán que en martes no hay que casarse ni que subirse a ningún barco. Sin embargo, si de algo hacen gala los austriacos es de una total falta de temor supersticioso, de manera que hoy, a las once, los nuevos ministros y las nuevas ministras (mitad y mitad) han jurado sus cargos. Ha sido en general un acto festivo al que también han estado invitados los familiares de los nuevos ministros. El hecho de que hubiera chavalillos y chavalillas jóvenes por las fotos le ha dado a la cuestión un aire relajado que no suelen tener estos acontecimientos.

El presidente Van der Bellen ha agradecido al equipo de la canciller Bierlein y a la propia canciller el trabajo realizado durante estos meses de interinidad y también le ha recomendado al nuevo Gobierno que se deje de colores (turquesas y verdes) y que se dediquen a trabajar por los únicos que a todo austriaco de bien debería preocuparle, o sea, el rojo y el blanco (de la bandera de Austria, naturalmente, no del Atlético de Madrid). También les ha recordado que reciben el poder, pero que ese poder necesita control (ya lo decía el anuncio aquel de neumáticos que la potencia sin control no sirve de nada) y que procuren ejercer el poder que se les da con responsabilidad y transparencia (« no como otros » le ha faltado decir a Van der Bellen).

Del gabinete saliente el único que se ha quedado ha sido el ministro de Asuntos Exteriores, el conservador Alexander Schallenberg. Del resto hay muchas caras nuevas, con las que nos iremos familiarizando en los próximos meses y algunas no tan nuevas (sobre todo del ÖVP) que también irán saliendo po restas páginas según el nuevo Gobierno vaya dando sus primeros pasos.

Naturalmente, la investidura ha dado alguna que otra anécdota. Quizá la principal haya sido la « no vestidura » del vicecanciller Kogler, el cual ha acudido a la cita con el Jefe del Estado sin corbata (con un traje elegante, eso sí).

Es muy probable que la dirección bicéfala de la ultraderecha haya contemplado toda esta ceremonia mordiéndose los nudillos de impotencia. Durante todo el fin de semana, vía redes sociales, Hofer ha deplorado el nombramiento de la nueva Ministra de Justicia, la verde Alma Zadic. Hofer le ha reprochado al Presidente que utilice dos varas de medir, una para la ultraderecha (Kickl) y otra para sus ex colegas de partido. Las razones para el desgrado de Hofer hacia Alma Zadic son dos : la primera, que se encuentra inmersa en un proceso judicial en el que ya ha sido condenada en primera instancia (ella ha recurrido). Zadic publicó en Twitter una foto de un tipo haciendo el saludo nazi con un texto en el que pedía tolerancia cero hacia los fascistas, racistas, etc y, curiosamente, el tribunal la condenó por difamación (el tipo dijo que había hecho el saludo fascista como broma ( !!!) y que él no era ni racista, ni fascista ni nada). El otro motivo de desagrado es que, según Hofer, Alma Zadic (que no nació en Austria, sino en la antigua Yugoslavia) es musulmana (como si ser musulmana, por sí mismo, fuera malo). Los Verdes han respondido que la Sra. Zadic, en estos momentos, no se encuentra adscrita a ninguna confesión religiosa.

La noticia de la investidura del nuevo Gobierno austriaco ha sido seguida con algo de perplejidad en el resto del mundo (particularmente en la Unión Europea) sobre todo por lo distintos que son los partidos que han decidido juntarse para gobernar. Los Verdes y los Populares, de hecho, proceden de tradiciones políticas completamente diferentes. Naturalmente les ha costado, pero han conseguido llegar a acuerdos. En una democracia sana y normal, lo que ha sucedido en Austria es lo normal. Ni la política ni casi ninguna otra cosa de la vida es un juego de suma cero. En estos tiempos, conviene recordarlo.

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