Gente como usted y como yo

El artículo de hoy no deja muy bien a los austriacos. Sin embargo, antes de venirse arriba, le sugeriría al amable lector que lea hasta el final.

14 de Enero.- De unos días a esta parte un número nada despreciable de ciudadanos en este bonito país ha caído en la cuenta de que en esta bonita tierra hay racismo y « xenofoguia ».

Los lectores de Viena Directo dirán que to good hours, green sleeves, máxime teniendo en cuenta lo boyantes que han estado hasta hace poco ciertas opciones políticas. Sin embargo, como más adelante trataré de demostrar, se trata de un error de juicio completamente disculpable, porque la mayoría de los austriacos (como es lógico) no se han enfrentado nunca a la experiencia de ser extranjeros en su propio país y, como es entendible, no saben qué se siente. De todas formas, la razón de haber caido en la cuenta se debe a las amenazas (incluidas las de muerte) que ha recibido Alma Vladic, la nueva ministra de Justicia.

Los austriacos que han despertado súbitamente a la realidad de la vida no dejan de rascarse la cabeza. La Sra. Vladic es universitaria, su alemán es perfecto (ha crecido y estudiado en Austria), va vestida de manera normal (incluso elegantona) y por la calle nadie hubiera podido decir que nació en un país que ya no existe (Yugoslavia) en una familia musulmana (aunque ella, como no se cansa de repetir, no practique ninguna religión). Si esto es así, cómo puede explicarse que la Sra Vladic reciba los insultos y las amenazas que recibe.

Esta gente de buen corazón, decente, gente como usted y como yo, no se da cuenta de que en todo el párrafo anterior está el núcleo de su racismo (soft, light, ligero, llámalo X, pero racismo). Un racismo inocente (si es que lo hay) pero que está extendidísimo incluso entre aquellos miembros de la sociedad austriaca que se consideran progresistas, que compran productos biológicos, a los que la mera mención del nombre de Herbert Kickl les produce urticaria, leen libros y no ven las factorías de telemierda sitas en Alemania (RTL, Pro7, etc). Porque todo el párrafo anterior podría resumirse en esta pregunta: ¿Cómo es posible que la Sra. Vladic reciba amenazas por ser extranjera si ni siquiera parece extranjera ? (por cierto, no lo es : a pesar de haber nacido en la antigua Yugoslavia, Frau Vladic tiene la nacionalidad austriaca).

La gente

Sin decírselo a nadie, desde que salió la noticia (vergonzosa) de que Frau Vladic tiene que ir por la calle escoltada, he hecho un experimento. He rastreado en las conversaciones de las que he sido testigo el uso de la palabra Ausländer (extranjero).

Tengo que decir que, como me precio de ser un buen conocedor del alma austriaca, no me he sorprendido mucho de lo que he encontrado. Ausländer suele utilizarse, incluso en contextos inofensivos, como sinónimo de persona de clase social baja y, de esa percha, pueden todos mis lectores colgar todos los tópicos apestosos con los que la ultraderecha de manera lenta pero segura ha bombardeado a la sociedad austriaca durante los últimos decenios.

Si alguien es incívico, es porque es extranjero. Si alguien es maleducado, por ejemplo, si no saluda cuando se encuentra contigo en el portal, es porque es extranjero dado que, como es sabido, los austriacos saludan todos. Si no es muy listo, también es probablemente que, en algún momento, salga en la conversación la palabra Ausländer. Los colegios públicos no funcionan porque admiten a (demasiados) hijos de extranjeros (por eso los austriacos pudientes tienden a llevar a sus hijos a los colegios privados o semiprivados). Y así sucesivamente.

Yo soy muy patoso y tirando a torpe (sí :a pesar de que Dios me dio un cuerpo hecho para el pecado y un cerebro tan penetrante, nadie es perfecto) y muchas veces, cuando cometo alguna torpeza delante de mis conciudadanos nacidos aquí, siempre digo (algo provocadoramente) « Ay, estos extranjeros, cómo son ». Las risas a veces son incómodas, pero a veces también son inexistentes, porque yo, a pesar de que hable como Raffaella Carrá, « no soy extranjero » (aunque lo sea). A medias porque a mucho austriacos les parecería una descortesía asociarme a la palabra (con todo el matiz de pobreza intelectual y material que conlleva) y en parte porque yo (me lo han dicho muchas veces como estoy seguro de que muchas veces se lo habrán dicho a mis lectores) « no soy como ellos ». O sea, que soy (somos) como la ministra Vladic.

Probablemente, algunos de los lectores que hayan llegado hasta aquí estarán procediendo a indignarse contra los austriacos o contra mí (« si no te gusta Austria vete a tu país » y cosas de esas). Sin embargo, les voy a contar un secretillo que yo también he descubierto : los celtíberos de Celtiberia, también conocidos como españoles, también somos igual de racistas. Y no hace falta acudir al partido que toda la burricie y la caspa que habitan en el país ha aprovechado para salir del armario. Somos racistas sin saberlo, cuando nos chirría, por ejemplo, que llamemos a un centro de atención al cliente y nos responda una persona con acento latinoamericano, o cuando asociamos determinados estereotipos a las personas de piel más oscura que la nuestra (estereotipos que pueden ser desde la mansa bondad de los buenos salvajes, como en Lo que el Viento se Llevó, a la insaciabilidad sexual).

La buena noticia es que ser consciente del problema es un paso para empezar a solucionarlo.

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Un comentario a Gente como usted y como yo

  1. Patricia dice:

    Querido Paco,
    Casi siempre leo tus articulos. Mas por tu divertida verborrea (en el buen sentido) y por tus dotes narrativos que por el contenido mismo de los articulos :). Sin embargo, este articulo en particular cautivo mi interes ya que como Peruana y Limeña que soy esta historia del racismo me es muy conocida.
    Creo que no existe pais en el mundo donde no exista racismo que a su vez esta relacionado con el clasismo. Porque si una persona de por ejemplo caracteristicas asiaticas de repente se convierte en millonario automaticamente deja de ser un «chino» y hasta la piel se le pone mas blanca 🙂
    Lo triste y peligroso es cuando ese racismo se lleva a los extremos al punto de agredir a la gente por su color, nacionalidad o condicion social.
    Gracias por siempre brindarnos un momento para disfrutar del castellano bien «hablado» y para reflexionar.
    abrazos
    Patricia

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