Por una hamburguesa

cartel de un BurgerEstos días una hamburguesa ha desatado en Austria una de las tormentas mediáticas más tontas de la Historia, y mira que hay competencia.

15 de Enero.- Cuando yo era joven, a la altura del cambio de siglo, se produjo en Espaöa una tranquila y feliz revolución : coincidiendo con los albores del la primera década de los dosmil, el movimiento LGTBI (entonces aún se llamaba solo « Gay ») empezó a salir a la calle. Y de la calle, naturalmente, a la ley. En 2005, se aprobó la llamada ley del Matrimonio Homosexual, que consagraba la igualdad de derechos y deberes entre las parejas casadas, sin que fuera importante el sexo de sus miembros. Hoy, afortunadamente, este cambio legal es tendencia. Al mío se han unido muchos países, entre ellos Austria (ole con ole y olá).

chicas besándose

Naturalmente, pasada la novedad, llegó el momento de la rutina y aquí tuvo lugar un curioso fenómeno. Las parejas homosexuales que decidieron pasar por el juzgado sentían en muchos casos que estaban sometidas a un nivel de exigencia del que las parejas heteros estaban dispensadas. Era como si la sociedad les exigiese ser más « perfectos » que a los otros, como si ellos tuvieran que demostrar haber sido merecedores de la posibilidad de poder casarse. Esta casi obligación tácita de ser ejemplares (ejemplares de un modo totalmente reaccionario, por cierto) terminó con muchos matrimonios, que acabaron divorciándose por la incapacidad de administrar esta presión.

Alguien podría decir que es el peligro con el que el progresismo tiene que lidiar, a causa de haberse constituido, en muchos casos, en autoridad moral, en una especie de guía de la decencia, para aquellos (generalmente no progresistas) que ostentan el poder en cada caso. Así pues, cuando un político progresista tiene la oportunidad de hacer lo que sus colegas de profesión no progresistas han hecho tradicionalmente, o sea, transformar la realidad mediante el ejercicio del poder, se le exige no ya que actúe de acuerdo a su visión del mundo (o sea, que tome decisiones que garanticen un mayor bienestar para la mayoría en vez de legislar para la minoría que controla los recursos) sino que sea poco menos que un santo de altar. A veces, como ahora veremos, hasta extremos absurdos.

Como saben mis lectores, el nuevo vicecanciller del Gobierno de EPR se llama Kogler y es el jefe de los Verdes. Ayer, se publicó una foto suya comiéndose una hamburguesa en un McDonald´s de Viena y se produjo una de las tormentas mediáticas más imbéciles de la Historia (por cierto, tan tonta ha sido la tormenta mediática como la reacción contraria : o sea, cienes y cienes de personas autorretratándose con el telefonino comiendo bocadillos de la misma marca, para demostrar que se puede ir a McDonald´s y ser una persona decente).

Ante el incomprensible alipori, Kogler se ha visto en la obligación de dar explicaciones ( !). Por lo visto, el jefe de los Verdes lleva uno días quedando con jóvenes para hacerse selfis con ellos (y de paso, se supone, interesarse por sus inquietudes). La relación de los verdes mayores con los Verdes jóvenes ha sido siempre un tema candente en esta formación, porque los Verdes jóvenes tienden a desmandarse (la cosa ya le costó un disgusto gordo a Eva Glawischnig, tan guapa tan alta y tan lista, que solo se merecía un príncipe o un dentista). Tras este encuentro con las bases, Kogler (el cual nunca ha dicho ser vegetariano) se fue a un restaurante cercano y decidió, en pleno uso de su libertad personal, machacarse las arterias con una de las sabrosas especialidades del menú.

Fuera de esto, los expertos (independientes) recalcan que, aparte de que las hamburguesas, consumidas a troche y moche, sean perjudiciales para la salud, McDonald´s, como empresa, es una de las más ecológicas. Recicla un 90% de los envases, no utiliza bolsas de plástico desde 1992 (aunque, según parece, ni el cartón ni el papel son tan ecológicos como nos habían vendido) y el 62% de los alimentos que se sirven vienen de Austria.

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