La epidemia

El mundo es barrido por el Coronavirus, pero se presta poca atención a otra epidemia que afecta a los inmigrantes: el SPH

31 de Enero.- Es un fenómeno común: después de llevar un tiempo suficiente viviendo en Austria, al emigrante español le pasa como a Supermán expuesto a la criptonita. La “españolidad” se le va disolviendo y, de pronto, un día, sin saber cómo ni por qué, se encuentra con que hay otro fluido que corre por sus venas. Un fluido desconocido llamado “austrianidad” que hace que, cuando va de vacaciones a España, se sienta como un extraterrestre.

Científicos de todo el mundo están estudiando este fenómeno. Mientras encuentran la causa, La Organización Mundial de la Salud ha editado un pequeño opúsculo en el que se muestran los síntomas de esta extraña afección. Son estos:

1.El español afectado por el SPH (Síndrome de Pérdida de la Hispanidad) empieza a decir “gracias” y “por favor” en los momentos más inhóspitos, provocando la mirada sorprendida de cajeras chonis del DIA (Autoservicio Descuento), revisores de trenes de cercanías y conductores de autobús.

2.También empieza a tener menos tolerancia al ruido. En cuanto en un grupo hay más de cuatro españoles que podrían decir aquello de “mamá, mamá, me he tragado el altavoz” el español afectado de SPH empieza a inquietarse ¿Vendrán los vecinos a quejarse? ¿Vendrá la policía? Y no para hasta que pide a sus compatriotas que, por favor, moderen el grado de contaminación acústica que están proyectando en el ambiente.

3.El español afectado de SPH cuando abre la ventana por la mañana y ve que está lloviendo, no piensa “Vaya porquería de tiempo, me voy a quedar en casa” sino que dice, ufano, “Qué día tan hermoso para hacer senderismo”.

4.En casos muy agudos, el español afectado de SPH empieza a sentir un interés desmedido por el esquí alpino o, simplemente, por el esquí en todas sus variedades (que, aunque parezca mentira, hay muchas). No solo la visualización de este que debe de ser uno de los deportes más aburridos inventados por el ser humano, sino también de su práctica, poniendo sus rótulas seriamente en riesgo.

5.El español afectado de SPH encuentra absolutamente normal que en ningún restaurante el pan venga con la comida por defecto y haya que pedirlo, y que se estropeen las viandas poniéndoles al lado arroz cocido y patatas, guarrerías que ningún español que se respete encuentra aceptables para guarnición o acompañamiento del plato principal. También encuentra totalmente normal (¡Y hasta sano!) enguachinar los zumos de frutas echándoles agua (del grifo o con gas).

6.El español afectado por SPH empieza a sentir cariño por las reglas y una desconfianza instintiva por la transgresión. Mientras sus compatriotas, de consuno, intentan tentarle diciéndole “si los políticos roban más, hombre, esto no lo va a notar nadie” él no se atreve a coger los periódicos gratuitos que hay puestos en bolsas por toda Viena sin depositar, por lo menos, un óbolo (aunque el periódico en cuestión sea una shit pinchada en un stick).

7. El español afectado de SPH pone la tele en España y piensa que la mitad de la gente que sale en la pantalla está vestida como para hacer la calle o, en cualquier caso, ejercer una profesión en la que sea necesario llevar la ropa interior muy límpia (en algunos casos, el español, claramente, no se equivoca). El español afectado de SPH no tiene esta impresión solamente con las tronistas o las concursantas de Quien Quiere Casarse con Mi Subnormal (también conocido entre los entendidos como QQCCMS).

8.El español afectado por SPH deja de decir los tacos que, como suaves tropezones, salpican la parla de sus compatriotas y se le ponen los pelos como escarpias cuando escucha “hostia”, “joder”, “cabrón” y oye calificar a alguien como “hijo/a de la gran puta”. Estos denuestos, que sus paisanos emplean como síntoma de camaradería, llaneza o cercanía al estrato más popular y sano de la población, empiezan a parecerle un lenguaje impropio y carcelario, propio del lúmpen. Derivado de lo anterior: el español afectado de SPH empieza a tener miedo de que le tomen por un “prolo” (incluso empieza a utilizar este concepto que no existe en español.

9.El español afectado por SPH deja de decir “Udós” y llama al grupo de Bono (el cantante, no el exministro) “iú tú”. Empieza a pronunciar los vocablos en inglés exageradamente, tendiendo a ese inglés ordinariote que aprenden las clases altas latinoamericanas en los peores mejores colegios.

10. El español afectado de SPH empieza a quejarse de que en su barrio viven “demasiados extranjeros” cuando él es, pongamos, de Tomelloso.

Estas son las señales más alarmantes. Si usted vive con un español y sospecha que podría estar afectado de SPH, procure conservar la calma y ponerle, en sesión intensiva todos los episodios de “Los Serrano”, “Cuéntame” o “La que se avecina” al objeto de que recupere todas las cotas de…Bueno, de españolidad, necesarias.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.