Austria en los Oscar

Este año no hay ningún austriaco nominado, pero la contribución de los ciudadanos de EPR a su brillo ha sido más que notable.

9 de Febrero.- En estos momentos, en Los Angeles, provincia de California, Pedro Almodóvar estará mordiéndose el pobre las uñas, pensando en si Dolor y Gloria ganará el Oscar a la mejor „pinícula“ (o flín) extranjera. Aunque la verdad es que todos sabemos que lo va a ganar la coreana Parasites (en mi opinión una peli más malucha que la cinta de Almodóvar, aunque yo no soy objetivo porque, como todo el mundo sabe, soy fan del ciudadano más ilustre de Calzada de Calatrava).

Este año no hay representación austriaca en los Oscar de jollivú porque este año no debe de haber salido ninguna película buena. Vaya por Dios. Esto no significa que los austriacos no hayan tenido una contribución al engrandecimiento del séptimo arte. Es más, la lista de austriacos ganadores del premio de la academia es abracadabrante y puede llenarnos de un legítimo orgullo a los cinéfilos.

El primero en poner la pica en Flandes fue el vienés Max Steiner que ganó el primer Oscar en 1935 por la música original de una película que se llamó The Infomer, una película de la RKO dirigida por John Ford.

Steiner, que nació a pocos pasos de Praterstern, venía de una familia de músicos y emigró a Estados Unidos a hacer las Américas. La lista de bandas sonoras que compuso Max Steiner dan una idea de la importancia titánica de su talento y de la influencia que el sonido orquestal clásico del siglo XIX tuvo en la era dorada del cine. Una línea que empieza en Steiner y termina en John Williams. El vienés compuso también la que probablemente sea la banda sonora más famosa de esa época y de la historia del cine. Todos nos sabemos la música de los títulos de crédito de Lo que el Viento se Llevó (por cierto, en 1939, Steiner no se llevó el Oscar, se lo arrebató un paisano suyo del Imperio austro-húngaro, Erich W. Korngold, que se lo llevó por la música de Las Aventuras de Robin Hood; cuya protagonista, Olivia de Havilland, sigue viva).

Después de la guerra mundial, llega la época dorada del representante austriaco de Dios en la tierra, Billy Wilder.

Qué decir de él. En una calle paralela a la Schwedenplatz los cinéfilos y los „Wilderfilos“ podemos ir en peregrinación a la que fue su casa. Wilder, el mejor director de comedias de todos los tiempos, se llevó muchos oscars y cada película por las que se los llevó es un Rolls Royce. Vamos a hacer recuento: Días sin Huella (2 piezas, mejor película y mejor guión), El Crepúsculo de los Dioses (mejor guión), El Apartamento (película, director y guión) y en 1988, el premio Irving Thalberg.

Frederick Loewe, alemán, pero hijo de austriacos, fue probablemente uno de los compositores de musicales más fecundos de su generación. Junto con su colega Alan Lerner formó un tandem que hizo las delicias de los públicos del mundo entero. Brigadoon, Gigi, My Fair Lady, Camelot. Ganó el Oscar por Gigi, pero podía haberlo ganado muchas veces más.

Los actores austriacos que han ganado el Oscar están más olvidados, la verdad, aunque sus logros son también impresionantes. Paul Muni, que nació en la bonita localidad de Lemberg (hoy en Ucrania) lo ganó por un biopic sobre Louis Pasteur. Fue en 1937. Al año siguien Josef Schildkraut, vienés de pata negra, lo ganó por la vida de Emil Zola. Después lo ganó Maximillian Schell por Vencedores o Vencidos. Tuvieron que pasar más de cincuenta años para que otro actor austriaco ganara un Oscar. Fue Christoph Waltz, por Inglorious Basterds, que lo ganó en 2010 (hace diez años ya, madre mía, cómo pasa el tiempo).

Cuando Waltz llegó a Hollywood tenía, como suele decirse, el culo pelao de hacer malos en esas películas que pone Antena 3 a mediodía y que siempre se llaman „Sombra del pasado“ o algo así.

En 2013 por cierto, volvió a llevarse una estatuilla a su cas por Django Unchained, también de Tarantino.

También ha habido distinguidos ganadores en el tema técnico (sobre todo diseñadores de producción). Nathan Hertz (que cambió su nombre por Nathan Juran, cuando emigró a los Estados Unidos, ganó el Oscar al mejor diseño de producción por Qué Verde era Mi Valle, que es una película simplemente maravillosa que no ha envejecido nada desde el día en que la hicieron. Harry Horner lo ganó por el diseño de producción de La Heredera, basada en la novela de Henry James. Si la novela es una maravilla, la película no lo es menos. Olivia de Havilland de nuevo, con Montgomery Clift. Una gozada.

Esta noche volveremos a oir los nombres en una ceremonia que el año pasado cumplió cien años. Larga vida al tito Oscar.

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